USTED DEBE SABER ESTAS COSAS 3.

USTED DEBE SABER ESTAS COSAS:

3.

Dios es un Padre amoroso eso debes saberlo y conocerlo de esa manera-

Todos sus mandamientos son buenos y para nuestro bien.

El no es un tirano arbitrario que quiere que se cumplan sus caprichos y leyes, sino que sus mandamientos son “la formula de la felicidad” para nosotros.

En la biblia por dar un pequeño ejemplo hay una lista de alimentos y animales que se pueden comer (son los que nos caen bien) y otras que no (son los que nos caen mal). Pero el hombre es rebelde y quiere hacer lo que se le da la gana y así luego debe soportar muchas consecuencias. Esto en muchos aspectos de sus vidas. Debemos hacer las cosas a la manera de Dios, que El sabe lo que es mejor para nosotros.

Como es un Padre que nos ama sus mandamientos son para nuestro supremo y eterno bien (aunque no lo entendamos a veces d esa manera).

Me refiero a lo que Dios dice en su palabra La Biblia y no lo que dicen tradiciones o regles de diversas religiones Cristianas.

DIOS DEMOSTRÓ SU AMOR POR NOSOTROS.

1 Juan 4:9-10; Romanos 3:23-25; Romanos 5:6-10; Juan 3:16.

Dios dio a Jesús (su Hijo amado) para que muera en nuestro lugar (por substitución) y pague la deuda de pecado que teníamos cada uno con Dios.

1 Pedro 2:24; 3:18.

Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Juan 1:29.

Hebreos 10:10, 12, 17

Para ser salvos debemos recibirle en nuestra vida, (en nuestro corazón) Juan 1:12-13 y Nacer de nuevo del Espíritu Santo. Juan 3:3.

Debemos entregarle el control de nuestra vida a Jesús y pedirle que entre en nosotros y El lo hará: Jesús, El Espíritu Santo y Dios Padre. Juan 14:23.

1 Corintios 6:19; Gálatas 2:20.

Apocalipsis 3:20.

ORACIÓN:

Querido Dios en este momento tomo las decisiones de seguirte, arrepentirme de todos mis pecados, de que tú seas el que tenga el control de mi vida y te recibo como mi Salvador, Señor de mi vida y como mi Rey.

Decido hacer las cosas a tu manera y quiero obedecer tu voluntad. Te pido perdón por los pecados que he cometido en mi vida (muchos de los cuales no me acuerdo) pero gracias porque en la cruz pagaste toda mi deuda con Dios y me reconciliaste con El.

Gracias por tu perdón, por ser salvo, por la vida eterna porque ahora vive la trinidad en mi vida y porque desde ahora y por toda la eternidad estaremos en amistad y comunión. Muchas gracias porque ahora soy un hijo tuyo y un cristiano de verdad. Amén.

Versículos citados anteriormente:

(1 Juan 4:9)

Dios mostró cuánto nos ama al enviar a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida eterna por medio de él.

(1 Juan 4:10)

En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados.

(Romanos 3:23)

Pues todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios.

(Romanos 3:24)

Sin embargo, con una bondad que no merecemos, Dios nos declara justos por medio de Cristo Jesús, quien nos liberó del castigo de nuestros pecados.

(Romanos 3:25)

Pues Dios ofreció a Jesús como el sacrificio por el pecado. Las personas son declaradas justas a los ojos de Dios cuando creen que Jesús sacrificó su vida al derramar su sangre. Ese sacrificio muestra que Dios actuó con justicia cuando se contuvo y no castigó a los que pecaron en el pasado,

(Romanos 5:6)

Cuando éramos totalmente incapaces de salvarnos, Cristo vino en el momento preciso y murió por nosotros, pecadores.

(Romanos 5:7)

Ahora bien, casi nadie se ofrecería a morir por una persona honrada, aunque tal vez alguien podría estar dispuesto a dar su vida por una persona extraordinariamente buena.

(Romanos 5:8)

Pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores.

(Romanos 5:9)

Y, como se nos declaró justos a los ojos de Dios por la sangre de Cristo, con toda seguridad él nos salvará de la condenación de Dios.

(Romanos 5:10)

Pues, como nuestra amistad con Dios quedó restablecida por la muerte de su Hijo cuando todavía éramos sus enemigos, con toda seguridad seremos salvos por la vida de su Hijo.

(Juan 3:16)

Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.

(1 Pedro 2:24)

Él mismo cargó nuestros pecados sobre su cuerpo en la cruz, para que nosotros podamos estar muertos al pecado y vivir para lo que es recto. Por sus heridas, son sanados.

(1 Pedro 3:18)

Cristo sufrió por nuestros pecados una sola vez y para siempre. Él nunca pecó, en cambio, murió por los pecadores para llevarlos a salvo con Dios.

(Juan 1:29)

Al día siguiente, Juan vio que Jesús se le acercaba y dijo: ¡Miren! ¡El cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!

(Hebreos 10:10)

Pues la voluntad de Dios fue que el sacrificio del cuerpo de Jesucristo nos hiciera santos, una vez y para siempre.

(Hebreos 10:12)

Pero nuestro Sumo Sacerdote se ofreció a sí mismo a Dios como un solo sacrificio por los pecados, válido para siempre. Luego se sentó en el lugar de honor, a la derecha de Dios.

(Hebreos 10:14)

porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.

(Hebreos 10:17)

Después dice: Nunca más me acordaré de sus pecados y sus transgresiones.

(Juan 1:12)

Pero, a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios.

(Juan 1:13)

Ellos nacen de nuevo, no mediante un nacimiento físico como resultado de la pasión o de la iniciativa humana, sino por medio de un nacimiento que proviene de Dios.

(Juan 3:3)

Jesús le respondió: —Te digo la verdad, a menos que nazcas de nuevo, no puedes ver el reino de Dios.

(Juan 3:6)

El ser humano sólo puede reproducir la vida humana, pero la vida espiritual nace del Espíritu Santo.

(Juan 3:7)

Así que no te sorprendas cuando digo: “Tienen que nacer de nuevo”.

(Juan 14:23)

Jesús contestó: —Todos los que me aman harán lo que yo diga. Mi Padre los amará, y vendremos para vivir con cada uno de ellos.

(1 Corintios 6:19)

¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos,

(Gálatas 2:20)

Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Así que vivo en este cuerpo terrenal confiando en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí.

(Apocalipsis 3:20)

¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos.

¡Dele gracias a Dios por su gran amor para con nosotros!

Predicador Gustavo Isbert

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