El Apocalipsis es el relato de la definitiva victoria del bien sobre el mal y el triunfo de Cristo.

El Apocalipsis es la victoria del bien sobre el mal y el triunfo de Cristo.

Aparecen las primeras señales:

(Lucas 21:9)

Y cuando oigáis de guerras y de sediciones, no os alarméis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero; pero el fin no será inmediatamente.

(Lucas 21:11) Indonesia (ola gigante), Haiti, New Orleans, Key west, Chile, Japón, basura flotante que se dirige a Hawai, Tornados en USA, El Volcán Etna en Cicilia, el volcán en Hawai, en el sol explosiones más grandes que antes, meteoritos sobre argentina, Calendario Maya, “Sensación del fin” que tienen las personas.

y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo.

(Lucas 21:18) Dios protege a los suyos.

Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.

(Lucas 21:25)

Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas;

(Lucas 21:26)

desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.

(Lucas 21:31)

Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.

(Lucas 21:28)

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.

(2 Corintios 2:15) Están los que se salvan y los que se pierden. ¿En cual de los dos grupos estará usted cuando parta de este mundo?

Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden.

(Apocalipsis 1:1)

La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,

(Apocalipsis 1:3)

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.

  1. Nos amó
  2. Nos lavó de nuestros pecados con su sangre
  3. Nos hizo reyes
  4. Nos hizo sacerdotes
  5. Nos hizo hijos de Dios
  6. Nos hizo hermanos suyos
  7. Nos hizo herederos de Dios
  8. Nos hizo co- herederos con Cristo
  9. Nos dio su gloria
  10. Nos dio el cielo
  11. Recibiremos nuestra recompensa
  12. Reinaremos con El

Para los cristianos, el problema mayor que tenemos está resuelto por Cristo, nos lavó de nuestros pecados. El es fiel, es soberano, nos amó y logró nuestra salvación, nos hizo reyes y sacerdotes etc. Y nos selló como propiedad suya con el Espíritu Santo. Efesios 1:13; 2 Corintios 1:22; Efesios 4:30. Viene otra vez, trae recompensas, protege a los suyos aún en la Gran tribulación (sus siervos son sellados). (Dios tiene su sello).

Se aparece, nos habla con ternura, amor y nos da confianza para vencer el temor.

Habla primero a las Iglesias para advertirlas, ponderarlas, señalarles lo que deben cambiar y disciplinarlas.

Lo primero que muestra son las iglesias (candeleros de oro) y los pastores (estrellas) en su mano. Tiene las llaves (autoridad total).

Su revelación la da primero a sus mensajeros, luego a las iglesias y tercero a los demás personas.

Comienza purificando a su pueblo, sabe todo lo bueno y lo malo.

Advierte, anuncia recompensas y le muestra su situación, exige un cambio y las consecuencias de no hacerlo. Y luego actúa.

Comienza por la Iglesia, luego por el mundo, plagas, señales etc.

Busca el arrepentimiento y la salvación de todos. 2 Pedro 3:9; 1 Timoteo 2:4.

(Apocalipsis 1:5) Es un libro de victoria.

y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,

(Apocalipsis 1:6)

y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.

(Apocalipsis 22:5)

No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos.

(Apocalipsis 5:10)

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.

(Apocalipsis 1:7)

He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá.

(Apocalipsis 1:8)

Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.

(1 Juan 3:1)

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios.

(1 Juan 3:2)

Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.

(Mateo 28:10)

Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.

(Hebreos 2:11)

Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,

(Hebreos 2:12)

diciendo:

Anunciaré a mis hermanos tu nombre,

En medio de la congregación te alabaré.

(Gálatas 4:7)

Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

(Hebreos 1:2)

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;

(Romanos 8:17)

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo.

(1 Tesalonicenses 2:12)

y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria.

(1 Pedro 5:1)

Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada:

(1 Pedro 5:10)

Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.

(Juan 17:22)

La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.

(Lucas 12:32)

No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.

(Hebreos 12:28)

Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia;

(1 Juan 5:11)

Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.

(1 Juan 5:12)

El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.

(1 Juan 5:13)

Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna.

(Apocalipsis 22:12)

He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.

(Mateo 28:20) Amistad y compañía de Jesús.

He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

(Marcos 16:20)

Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.

(1 Tesalonicenses 4:17)

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

(1 Tesalonicenses 5:10)

quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él.

(Apocalipsis 1:17)

Cuando le ví, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último;

(Apocalipsis 1:18)

y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.

(Apocalipsis 1:19)

Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas.

(Apocalipsis 1:20)

El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.

(Apocalipsis 2:1)

Escribe al ángel de la iglesia en Efeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto:

(Apocalipsis 2:2)

Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia.

(Apocalipsis 2:3)

y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado.

(Apocalipsis 2:23) Jesús actúa en las iglesias.

Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras.

(Apocalipsis 9:20) Actúa en los que las personas que no se quieren arrepentir.

Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar;

(Apocalipsis 9:21)

y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.

(Apocalipsis 3:19)

Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.

(2 Pedro 2:4) Advertencias fuertes:

Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio;

(2 Pedro 2:5)

y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos;

(2 Pedro 2:6)

y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente,

(2 Pedro 2:7)

y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados

(2 Pedro 2:8)

(porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos),

(2 Pedro 2:9)

sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio;

(2 Pedro 2:10)

y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío.

(2 Pedro 3:7)

pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.

(2 Pedro 3:8)

Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.

(2 Pedro 3:9)

El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

(2 Pedro 3:10)

Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.

(2 Pedro 3:11)

Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir,

(2 Pedro 3:12)

esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!

(2 Pedro 3:13)

Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.

(2 Pedro 3:14)

Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.

(Apocalipsis 6:12)

Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre;

(Apocalipsis 6:13)

y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.

(Apocalipsis 6:14)

Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar.

(Apocalipsis 6:15)

Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes;

(Apocalipsis 6:16)

y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero;

(Apocalipsis 6:17)

porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?

(1 Corintios 15:51)

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,

(1 Corintios 15:48)

Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales.

(1 Corintios 15:49)

Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

(Malaquías 3:17)

Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve.

(Malaquías 3:18)

Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.

(Apocalipsis 3:10)

Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra.

(Apocalipsis 7:3)

diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.

(Apocalipsis 9:4)

Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes.

(Apocalipsis 11:18)

Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.

(Apocalipsis 11:15) Jesucristo Reinará para siempre por los siglos de los siglos, ésta es nuestra victoria y la victoria eterna de bien sobre el mal que se anuncia en el Apocalipsis.

El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.

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