EL GOZO DE ENCONTRAR A JESÚS.

Capítulo 2- Un amigo en todo tiempo

Dios, el padre, nos dice que aquellos que demuestran amor por su hijo son herederos de su reino.

Se cuenta la historia de un hombre que murió viejo y muy rico. Una gran cantidad de amigos y parientes se reunieron para su funeral. A pesar de que era un hombre amable y generoso, se encontraba rodeado por herederos que estaban más interesados en sus posesiones que en su persona. Este es, a menudo, el caso de los hombres y mujeres adinerados.

Había gran expectativa y discusión sobre el futuro del patrimonio, porque parecía que el anciano había muerto sin una última voluntad y sin testamento. Usted podrá imaginar el conflicto, y las palabras acaloradas que se intercambiaron. Su hijo tenía un abogado, su hija tenía el suyo, y los familiares tenían sus propias demandas. La casa estaba llena de antigüedades y tesoros artísticos, y cada reclamante tenía un blanco en especial. El total y perjudicial embrollo fue enviado al sistema legal. Se dividieron y separaron todos los tesoros y el mobiliario de la gran mansión. La riqueza fue distribuida en muchas direcciones.

Cuando casi todo se lo habían llevado, y la mansión era un cascarón vacío, una tímida enfermera anciana regresó para hacer una modesta solicitud. Preguntó por un antiguo retrato polvoriento y abandonado, del hijo mayor del anciano. Él había sido un hijo al cual la enfermera había ayudado a criar desde su infancia, un hijo que había muerto hace años en la guerra. Ella atesoraba la memoria del joven y quería su pintura.

clip_image001A nadie parecía importarle el viejo lienzo; no tenía valor en el mercado. Entonces la enfermera obtuvo el permiso. Pero cuando se desmontó la pintura de la pared del salón, se notó una protuberancia en el lienzo. El ejecutor testamentario, curioso, observó detrás del marco y descubrió: ¡El testamento perdido del anciano! Ocurrió que consistía en algo muy simple: El anciano deseaba que toda su fortuna, fuera destinada a la persona que demostrara amor y afecto por su hijo, quien quiera que fuera, al reclamar el retrato. Solo esta persona descubriría el testamento del difunto patriarca.

Nuestro mundo es como esos barrenderos que riñen por bagatelas y cazadores de tesoros. Gastamos nuestro tiempo y energía compitiendo por cosas que no perduran. Entretanto, Dios el Padre nos dice que aquellos que demuestran amor por su Hijo son herederos de su reino. Ellos descubrirán el maravilloso testamento del Padre.

Jesús, su hijo, es nuestro camino al Padre, quien nos ha amado desde el principia. Hemos sido creados específicamente para participar de una maravillosa amistad con él, para ser sus hijos y herederos de su reino. El dijo: «Con amor eterno te he amado, por eso te sigo con fidelidad» Jeremías 31:3. Lo más asombroso y maravilloso de todo es que él nos ha amado en medio de todo nuestro pecado, de nuestra rebelión, a pesar de todos los hechos que usted y yo hayamos cometido, uno tras otro, que quiebran su corazón amoroso.

Ahora mismo, él nos ama con amor eterno, un amor para siempre, y busca nuestro afecto incesantemente. Para demostramos, de una de vez y por todas, cuan profundo y grande es su amor por nosotros, él envió a su Hijo, como su propia imagen en la carne, un retrato viviente de Dios; cuya magnificencia, santidad y poder consumado, colma y trasciende toda comprensión humana. Jesús explicó a sus discípulos: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí. Si ustedes realmente me conocieran, conocerían también a mi Padre. Y ya desde este momento lo conocen y lo han visto» Juan 14:6-7.

Conocer a Jesús

Sin embargo, estas son las buenas noticias: podemos conocer como es Jesús. Podemos conocerlo a través de su palabra, preservada para nosotros en las Santas Escrituras, y podemos conocerlo por medio de su Espíritu Santo, enviado para morar en nosotros, para guiamos y para nutrimos espiritualmente.

clip_image002El primer camino que usted puede tomar para conocer a Jesús es leer al menos una de sus cuatro biografías en la inspirada Palabra de Dios. Aun si usted ha sido seguidor de Jesús por muchos años, le sugiero, con ahínco, que dedique algún tiempo a esto. Todo discípulo dedicado leerá la Palabra devotamente cada día, y se enfocará en los Evangelios regularmente. Si usted es nuevo en Jesús, le recomiendo que comience con el maravilloso Evangelio de Juan, el cuarto de estos cuatro libros.

Juan fue un joven que conoció y siguió a su Maestro. Muchos años después escribió este libro para nosotros.

Cuando usted conozca mejor al eterno Hijo de Dios, se encontrará con varias características extraordinarias de su personalidad. Deseo destacar seis de ellas en este capítulo.

Él, hombre del pueblo

Quizás el primer rasgo que observamos sobre Jesús es que era «uno de nosotros». Sí, era el Rey de Gloria, e1, eterno Hijo de Dios. Él estuvo presente en la creación de este mundo. y sin embargo, no hizo su entrada como un emperador victorioso, sino como un niño aldeano indefenso. Nacido y crecido en las circunstancias más humildes, él fue: «quien siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo, y haciéndose semejante a los seres humanos» Filipenses 2:6-7.

Jesús pudo no haber seleccionado a nadie en el mundo para seguirlo. Aun así, él llamó a hombres del pueblo: pescadores, comerciantes, gente sencilla. Muchos de sus seguidores fueron mujeres, a pesar de que en aquella época y cultura a las mujeres a menudo no se les trataba bien. Él amaba a los niños y ellos le correspondían con su afecto. Cuando algunos de sus seguidores trataron de impedir que los jovencitos lo rodearan, Jesús dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos» Mateo 19: 14.

clip_image003Fueron campesinos y pescadores quienes escucharon atentamente las enseñanzas de Jesús. El colocó sus enseñanzas poco Jesús caminó entre gente común comunes en empaques comunes, al hablar sobre siembras, redes de mano, trabajo en viñedos y celebraciones de bodas.

En cada aspecto, Jesús era uno de nosotros.

Su compasión

Jesús caminó entre gente común con un amor extraordinario. «Al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban agobiadas y desamparadas, como ovejas sin pastor» Mateo 9:36. El miró alas masas: muchos sufrían de enfermedades, otros estaban sucios, y otros muchos gritaban y demandaban con fuerza atención inmediata, y él tuvo compasión de ellos.

¿No es esto la realidad actual? Hay mucho en nosotros que no es de lo mejor. Tenemos problemas de todo tipo, y somos obstinados, y lentos para convertimos en personas sabias y maduras. Aun así, Jesús nos mira a usted y a mí y no siente nada más que amor y el deseo de que nos entreguemos a él. Hace dos mil años, las multitudes llegaron ante su presencia, y supieron inmediatamente cuanto los cuidaba Jesús.

En el comienzo de su ministerio en la tierra, justo antes de que estuviera listo para presentarse él y su obra, Jesús mostró esta evidencia de su corazón:

«Un hombre que tenía lepra se le acercó, y de rodillas le suplicó: “Si quieres, puedes limpiarme”».

Movido a compasión, Jesús extendió la mano y tocó al hombre, diciéndole: «Sí quiero. ¡Queda limpio!» Al instante se le quitó la lepra y quedó sano.

Jesús lo despidió enseguida con una fuerte advertencia:

«Mira, no se lo digas a nadie; sólo ve, preséntate al sacerdote y lleva por tu purificación lo que ordenó Moisés, para que sirva de testimonio». (Marcos 1:40-44.

¡Imagínelo! El Hijo de Dios, que seguía una agenda divina establecida en los fundamentos de la eternidad, modificó su programa en el sitio. El puso a un lado su itinerario para atender a un hombre enfermo que lo necesitaba. Este es el Jesús a quien amamos y el Jesús quien es el amor encarnado. Juan nos dice que: «Dios es amor» 1 Juan 4:8, 16, y esa cualidad, más que cualquier otra, nos lo resume.

.Al conocer a Jesús, no olvide ni por un instante que él es la suprema manifestación del amor y la compasión, y usted es el objetivo de estos. Nunca nadie lo amará como él lo hace.

Su compañerismo

Esto lleva a razonar que Aquel perfecto en compasión, será perfecto en amistad. Para ser un hombre que rara vez permaneció en un solo lugar durante mucho tiempo, Jesús tenía una cantidad considerable de amigos cercanos. Ellos fueron sus discípulos, por supuesto. Pero él estuvo cerca de personas tales como María, Marta y Lázaro, en cuya casa, a menudo fue un huésped. Jesús lloró por la muerte de su buen amigo Lázaro, antes de volverlo a la vida (lea Juan 11).

Los Evangelios están llenos de referencias de amigos de Jesús, y él fue amargamente acusado de ser «amigo de pecadores». Alabe a Dios, él es, en verdad, el amigo perfecto de pecadores como usted y yo.

Jesús hizo su más grande declaración de amistad a sus discípulos, justo antes de que los romanos lo arrestaran y lo enjuiciaran: «Nadie tiene mayor amor que el dar la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre oí decir se los he dado a conocer a ustedes» (Juan 15:13-15).

Recuerde, él es la misma imagen de nuestro Padre amoroso, él es Dios en carne. Y él insiste en llamarnos sus amigos, en vez de llamarnos sus sirvientes, y nos enseña todo sobre nuestro Padre celestial y a obedecerle con amor y fe: el retrato perfecto de una maravillosa amistad que disfrutamos juntos. Qué gran amigo tenemos en Jesús.

Su consagración

Consagración es una antigua y hermosa palabra que significa: «Separado para el uso de Dios». Jesús fue nuestro ejemplo fundamental de tal dedicación. Antes de su nacimiento, los ángeles visitaron a los padres de Jesús y les indicaron acerca de su dedicación total con los propósitos de su Padre celestial. Cuando Jesús tenía doce años, permanecía en el templo de Jerusalén, y enseñaba a los rabinos más sabios del lugar. Al comienzo de su ministerio viajó solo al desierto, donde oró, ayunó, y se comprometió por completo con los propósitos de Dios.

clip_image004Aun cuando las multitudes estrujaban y demandaban; y aun cuando él servía como amigo perfecto con la compasión perfecta; aun entonces él permanecía dedicado de lleno a la comunión con el Señor. Se nos dijo que: «Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar» Marcos 1:35. Finalmente, conocedor de la cruel sentencia de muerte que lo esperaba, se dirigió al jardín de Getsemaní, para recogerse en si mismo, incluso en el dolor de la muerte. Como humano, al igual que usted y yo, Jesús luchaba: «Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú» Mateo 26:39.

Jesús no solamente es perfecto en su devoción hacia usted; él es perfecto en su devoción hacia Dios.

Su mandato

Nosotros no podemos discutir la maravillosa naturaleza de nuestro Señor sin mencionar su imponente poder, aun como Aquel que se sometió a la forma humana ya la muerte. Jesús habló con plena autoridad y poder de su Padre. Ante su palabra, ocurrían sanidades y los demonios huían. A su orden, las tormentas amainaban. Los discípulos, respetuosos y atemorizados por su poder, dijeron: «¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?» Marcos 4:41. A su mandato, la muerte misma se apartó de Lázaro y de otros dos que habían muerto (Juan 11; Lucas 7:11-17; Lucas 8:49-56).

Cuando Jesús enfrentó su terrible crucifixión, permaneció en silencio delante del procurador romano, Poncio Pilato, quien preguntó: «¿No te das cuenta de que tengo el poder para ponerte en libertad o para mandar que te crucifiquen? No tendrías ningún poder sobre mí si no se te hubiera dado de arriba¡ le contestó Jesús» Juan 19:10-11. Jesús sabía que su propio poder y autoridad provenían de arriba, así como todo poder y toda autoridad; nuestro Dios tiene el control No obstante, Jesús se sometió a la muerte porque solamente alguien que tuviera humanidad en común con nosotros, podría habernos salvado de nuestros pecados; alguien con la compasión y el compañerismo supremos, alguien consagrado de lleno a Dios, capaz de mandarle a la muerte misma retirarse, y finalmente, alguien dispuesto a tomar tal misión celestial para cumplirla.

Su consumación

S u Señor y Salvador, y el mío también, Jesucristo, cumplió la tarea que se había planteado. Cuando no teníamos forma de reconciliamos con el Padre, él vino en una misión de rescate para primeramente mostramos como era Dios y enseñamos la apertura de su amor, y luego, demostramos la amplitud de su imponente poder al levantarse de la muerte. Ya hemos leído las grandiosas palabras en Filipenses 2, que nos dicen como Jesús se humilló a sí mismo al tomar forma de hombre. Sin embargo, esto no hubiera sido suficiente para romper el poder del pecado, si el no se hubiera dedicado plenamente a los requerimientos de su tarea:

«Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo, y se hizo obediente hasta la muerte, iY muerte de cruz! Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confíese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre».

Espero, que ahora pueda ver qué gran amigo tenemos en Jesús: alguien que fue uno de nosotros, alguien compasivo, servicial con el necesitado y sociable, sí. Pero él también fue quien tenía autoridad sobre los vientos y los mares, quien quebrantó el poder de la muerte, y quien está sentado a la diestra del Padre en el cielo, donde algún día toda rodilla se doblará ante su magnificencia. Él es nuestro Señor completo, el absoluto Salvador de nuestros pecados, y la respuesta total para nuestras necesidades, tal corno lo veremos.

Se han escrito más libros sobre este humilde carpintero, todopoderoso Señor y Salvador que de cualquier persona que haya vivido alguna vez. Pero ni este breve capítulo ni este delgado libro pueden, posiblemente, hacer justicia al objetivo de presentar a Jesús en toda su perfección. Ningún libro puede hacerla. Sin embargo, existe una mejor manera.

Previamente le he recomendado leer cuidadosamente el Evangelio de Juan, o alguno de los otros tres relatos de la vida de Jesús. De esta forma, usted lo conocerá con su mente. Pero con todo mi ser le encarezco encontrarse con él en su corazón y venir bien a su presencia. Jesús dijo: «Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente. Éste es el primero y el más importante de los mandamientos» Mateo 22:37-38.

Esta es, además, mi primera y más grande oración por usted. Conozca a Jesús. Conózcalo hoy con todo su interior. Dedique tiempo hablando con él, al igual que cuando habla con alguien más. Cuéntele todas sus esperanzas y todos sus sueños. Pídale que camine a su lado a cada momento de su vida. Él contestará su oración, y él llenará cada necesidad, las cuales nos llevarán al siguiente capítulo. B. BRIGHT

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