EL GOZO DE ENCONTRAR A JESÚS:

 

Capítulo 7- Un Rey para toda la eternidad

«Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido». 1 Corintios 13:12

Un niño pequeño se encontraba con sus padres sobre un promontorio entre las Montañas Rocosas. El aire era tenue y fresco. Las cumbres se levantaban majestuosamente a su alrededor cubiertas con un delicado manto de nieve, mientras escalaban bajo aquel cielo invernal.

La familia permaneció silenciosa extasiada ante la imponente belleza del paisaje, escuchando la quietud del silencio y mirando como su aliento se convertía en rocío. Después de un breve momento, el padre le preguntó a su hijo qué pensaba acerca de las montañas. El niñito dijo: «Si este lado del cielo es tan maravilloso, ¿como lucirá el otro lado?».

Algunas veces, es necesaria la percepción sencilla de un niño para captar las verdades más profundas. De hecho, ¿qué tan hermoso será el cielo? Este mundo, ahora caigo en que es así, resplandece con el ingenio extraordinario y la poesía penetrante del Creador Artista, quien creó todo, desde el átomo más simple hasta la galaxia más distante. Los paisajes fantásticos de este mundo son suficientes para convencer a nuestras limitadas mentes humanas sobre la grandeza de Dios. Aun más, sabemos que los placeres más profundos de la vida, los deleites más intensos de la vida piadosa, y la relación humana más satisfactoria que podamos disfrutar, parecerán insignificantes en comparación con el gozo que nos espera.

clip_image001Después de conocer a Jesús, su vida será radicalmente transformada por muchas razones. El Espíritu Santo lo guiará hacia una nueva vida que agrada al Señor. Pero, usted también vivirá con la permanente esperanza de la eternidad delante suyo: la meta de que algún día, se encontrará al Señor cara a cara. La Biblia nos asegura que esto es una eventualidad. En el tiempo en que su ministerio terrenal estaba por concluir, Jesús nos dio la promesa de que uno de sus propósitos en ese entonces, y actualmente, sería preparar un hogar eterno para nosotros. El dijo: «En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Vaya prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté. Ustedes ya conocen el camino para ir a donde yo voy» Juan 14:2-4.

Imagine, por un momento, el hogar celestial perfecto que nuestro Salvador y Señor ha preparado amorosamente para nosotros. Por supuesto, no importa cuanto acariciemos esa imagen, esta desafía toda imaginación humana. Nuestras mentes no pueden sostener el poder y la magnitud de algo tan trascendentalmente maravilloso.

La esperanza del cielo

Vivir con la esperanza del cielo es como vivir toda la vida en la forma en que un niño pequeño espera los regalos de la mañana de Navidad. Tal niño tiene energía extra y gozo, ojos brillantes y enfocados al futuro. Como creyentes en el cielo, sabemos que la eternidad será maravillosa más allá de lo imaginable y al contrario de la mañana de Navidad, el gozo no terminará. La decoración no perderá su color. La música no cesará.

Para usted y para mí, la esperanza cierta de tal mundo debería transformar la realidad de este.

Hubo una vez un gran predicador llamado John Jasper. Él fue esclavo por un tiempo y fue liberado después de la guerra entre los estados. Este hombre fue un creyente encantador y alegre, que servía como pastor en la iglesia llamada Sixth Mt. Zion Bap¬tíst Church, en Richmond, Virginia.

Un día, John Jasper predicaba sobre los gozos inexpresables del cielo. El quería, por medio de palabras, pintar un cuadro sobre la gloria que le esperaba a su congregación. Pero, al estar de pie en el púlpito, su corazón, mente y alma fueron arrebatados por el maravilloso tema y se percató de que las palabras no llegarían. Se había quedado sin palabras. ¿Puede usted imaginar tal aprieto para un predicador cuyo arte era la oratoria?

La congregación esperó pacientemente sentada; pero el pastor no pudo decir ni una sola palabra ahogado de emoción. Lágrimas rodaron de sus ojos y bajaran por sus mejillas. Finalmente, el predicador levantó sus manos a modo de despedida hacia la salida. Hoyno habría sermón; sin embargo, nadie se movió de su lugar. El pastor tenía su mano en la puerta, pero vio que las personas de su congregación seguían esperando sentadas.

El hombre se las ingenió para regresar al púlpito, y le temblaban las manos, entonces dijo: «Hermanos y hermanas, cuando pienso en la gloria que será revelada en nosotros, visualizo el día cuando la última batalla del anciano John Jasper se haya peleado y su última carga se haya llevado. Imagino ese día, cuando este fatigado siervo de Dios pueda entregar sus cargas y pueda subir a las almenadas murallas de la ciudad de Dios. Luego, al estar afuera de la hermosa puerta, casi puedo escuchar al poderoso ángel guardián decir: “John Jasper, ¿quieres tus zapatos?”»

Entonces respondo: «Por supuesto, quiero esas zapatillas doradas, pero ahora no».

«Luego», continuó el pastor, «escucho al ángel poderoso decir: ¿John Jasper, no quieres tu túnica?»

Y yo dije: «Por supuesto, quiero la fina túnica de la rectitud, pero ahora no».

El predicador continuó en su estilo, imaginando cada recompensa celestial que se le pudo haber ofrecido; entre estas, la oportunidad de conocer a Elías, quien hizo que cayera fuego del cielo; a David, a Moisés; y a Pablo mismo, el hombre que ganó más almas en la Biblia. Pero John Jasper intentaba declinar cortésmente, cada uno de esos ofrecimientos, diciendo: «Quiero estrechar la mano de cada uno de ellos, y reunirme con muchas de las personas que amo, y que me han esperado aquí. Pero ahora, no. No hasta después, si no le importa. Primero que todo, quiero ver a Jesús».

Las coronas y las mansiones serán espléndidas. Estar en compañía de los santos será un gozo más allá de toda comprensión. Pero nada se compara con la esperanza de ver a Jesús cara a cara. ¿ Se ha detenido a considerar plenamente que usted estará frente a él algún día? Es tal como Pablo escribió: «Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido» 1 Corintios 13:12.

Yo anhelo ese día, y estoy seguro de que usted también; tendremos la oportunidad de tener la respuesta a todas nuestras preguntas, la oportunidad de que cada lágrima sea enjugada, y la oportunidad de ver todo dolor, muerte y maldad destruidos para siempre. Pero, aun a través del «turbio espejo» de este mundo, de cada intento posible por comprenderlo, de nuestras mentes limitadas, de este libro, nosotros comprendemos que el gozo más grande de todos vendrá en la misma presencia de nuestro Señor y Salvador; y sabemos que tenemos toda la eternidad para estar en su perfecta, virtuosa y amorosa presencia. Encontrarse con Jesús ahora es algo celestial, pero el cielo mismo será encontrarse con él cara a cara.

Mientras tanto…

Solamente un ser humano ha contemplado el cielo y ha traído un informe. A Juan, el discípulo amado, le fue otorgada una vista previa, para que sirviera como estímulo durante las épocas de persecución y establecer para siempre la clausura de la Palabra de Dios.

clip_image002El reporte de Juan lo encontramos en el libro de Apocalipsis, en donde nos dice: «Entonces oí una voz del cielo, que decía: Escribe: Dichosos los que de ahora en adelante mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, ellos descansarán de sus fatigosas tareas, pues sus obras los acompañan» Apocalipsis 14:13.

Usted y yo podemos esperar con ansias el momento cuando encontremos descanso y cuando Jesús seque toda lágrima. Pero mientras tanto, tenemos un mundo al cual atender.

Jesús, envió un mensaje a través del Espíritu Santo: él dijo que nuestras buenas obras nos seguirían al paraíso.

Por cuanto he servido al señor durante muchas] décadas, puedo asegurarle que cada día con Jesús es más agradable que el anterior.

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