Las Buenas Nuevas. Lección 9

LECCION 9 -¿Sentimientos o hechos?-

¿Cómo puede usted saber que es salvo?

No es raro que el que ha creído en el Señor Jesucristo tenga más tarde dudas en cuanto a si fue en verdad salvado. El pensaba tener alguna experiencia misteriosa y espectacular, pero en su caso no la hubo. Pensaba que ya no habría luchas con el’ pecado, pero al contrario encuentra que éstas parecen haber aumentado. Y así se desanima y se pregunta si es posible que él pueda saber con seguridad que es salvo.

¿Que dice la Biblia?

Trataremos de ilustrar, mediante una serie de preguntas, cómo puede saber el que ha Clamado a Dios por la salvación que es en verdad salvo.

La Biblia ¿es la Palabra de Dios? II Timoteo 3:16, 17. ¿Cumple Dios su Palabra? Mateo 5:18.

¿Ha prometido Dios salvar a los que claman a él? Romanos 10:13

¿Salvará Dios al pecador que cree en Jesucristo? Tito 1:2; Hebreos 10:23.

¿Ha creído usted en Cristo?

¿Ha confesado usted a Dios alguna vez que es pecador, y le ha pedido que él le salve, a base de lo que hizo Cristo por usted como su Substituto?

Ahora pues, si usted puede sincera y honestamente contestar “Sí” a todas estas preguntas, preguntamos, “¿Es usted salvo?”

La única contestación razonable es: “Claro que soy salvo.”

Dios, que no puede mentir, promete salvarme si confío en su Hijo. He aceptado al Salvador, así que soy salvo. La Palabra de Dios lo dice” (1 Juan 5:13). “Por lo cual asimismo padezco esto, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (II Timoteo 1:12).

Nadie jamás ha venido a Dios como pecador, pidiendo salvación en nombre del Señor Jesús, y ha sido rechazado (Juan 6:37).

¿En qué confía usted?, ¿en la Biblia o en sus sentimientos?

Lo malo es que hay gente que mira más bien a sus sentimientos que a la Biblia. La Biblia dice, en efecto, “Todos los que creen en Cristo son salvos.” Pero ellos dicen, “No me siento salvo. Seguramente si fuera salvo en verdad, no me molestarían las dudas, los temores, tentaciones y afanes. Me sentía salvo ayer, pero no me siento salvo hoy.” Dudan de la Biblia y confían en sus propios sentimientos.

Cuando el ladrón en la cruz al lado del Salvador le oyó decir, “Hoy estarás conmigo en el paraíso,” ¿cómo supo que fue salvo? ¿Fue por sus sentimientos? No, sus sentimientos en ese momento eran poco alentadores. Supo que fue salvo porque se lo dijo el Señor Jesús. Es así que sabemos nosotros que somos salvos. Oímos que su voz nos lo dice, no en voz alta sino por medio de la Palabra escrita.

El no hace que el alma exclame,

“A Dios gracias, qué bien me siento;”

Mas dirige el ojo a otra parte,

A la Palabra de Cristo mismo.

Es imposible que usted se sienta salvo mientras que no acepte la Palabra de Dios. Entonces sí sabe que es salvo.

Una ilustración de la Biblia

En los tiempos del Antiguo Testamento, cuando Dios se resolvió a redimir a la nación de Israel de su esclavitud en Egipto, envió a Moisés como embajador suyo. Porque Faraón rehusó obedecer a Moisés, Dios decidió dar un paso final. Juzgaría a Faraón y a todo Egipto de una manera tal que no se atrevería Faraón a burlarse más. En una noche señalada Dios mandaría un ángel a matar todo varón primogénito de Egipto. Fue provista, sin embargo, una manera de escapar. El ángel del juicio pasaría por alto cualquier casa que tomara las medidas sencillas de salvación que delineara Dios (Véase Éxodo 12).

1. Cada familia había de tomar un cordero, perfecto y sin mancha. Debían guardar el cordero dos semanas y luego matarlo, recogiendo su sangre en una palangana.

2. Después debían aplicar la sangre al marco de la puerta de cada casa.

3. La familia, incluso el primogénito que estaba bajo la condena, había de resguardarse dentro de la casa detrás de la puerta rociada de sangre.

4. Si esto se hiciera, quedaría en salvo el primogénito.

Jorge Cutting, en su librito Salvación, Certidumbre y Gozo, emplea este acontecimiento del Antiguo Testamento para ilustrar cómo podemos saber que somos salvos.

Dice: ¿Cómo sabían por cierto los primogénitos de los miles de Israel que estaban seguros la noche de la Pascua y del juicio de Egipto?

Vamos a visitar dos de sus casas para oír lo que tienen que decir. En la primera casa todos están tiritando de temor y de incertidumbre. Les preguntamos por qué. El primogénito nos informa que el ángel de la muerte pasa por la tierra, y que él no está bien seguro de cómo saldrá él de ese momento crítico.

“Cuando ya haya pasado nuestra casa el ángel destructor,” dice, “y se haya terminado la noche del juicio, entonces sabré que estoy seguro. Pero hasta entonces no veo cómo podré estar completamente seguro. Los de la casa al lado dicen que están seguros de la salvación pero nosotros creemos que eso es muy presuntuoso. Todo lo que puedo hacer es pasar la noche esperando lo mejor.”

“Pues bien,” preguntamos, “¿no ha provisto el Dios de Israel una manera de salvarse para su pueblo?”

“Sí, cómo no,” replica él, “y nos hemos valido de esa manera de escapar. La sangre del cordero de un año, sin mancha e inmaculado, la hemos rociado debidamente en el dintel y los dos postes con un hisopo. Pero todavía no estamos completamente seguros de quedar en salvo.”

Dejemos a éstos ahora para entrar en la casa al lado. ¡Qué contraste más impresionante! La paz se refleja en todo rostro. Allí están parados, ceñidos los lomos y vara en mano, alimentándose ¿el cordero asado.

Preguntamos, “¿Cómo pueden ustedes gozar de tanta paz en una noche tan solemne?”

“Ah,” responden, “esperamos la orden de marchar de parte de Jehová. Entonces nos despediremos de este odioso país de esclavitud

“¿Se olvidan ustedes que esta es la noche del juicio de Egipto?”

“No, señor; pero nuestro primogénito esta seguro. Ha sido rociada la sangre, conforme al deseo de nuestro Dios.”

“Ha sido lo mismo en la casa al lado,” replicamos, “pero todos ellos están tristes porque no están seguros de la salvación.”

“Ah,” responde con firmeza el primogénito, “pero tenemos aun más que la sangre rociada. Tenemos la Palabra infalible de Dios. Dios ha dicho, ‘Veré la sangre y pasaré de vosotros.” Dios queda satisfecho con la sangre por fuera, y nosotros quedamos satisfechos con su Palabra por dentro.”

¿No ve que la sangre rociada nos da seguridad? Y la Palabra hablada nos da certidumbre. ¿Pudiera algo hacernos más seguros que la sangre rociada, o más ciertos que su Palabra hablada? ¡Nada!

Ahora, pues, déjeme preguntarle algo. ¿Cuál de las dos cosas estaba más segura? ¿Dice usted que la segunda, donde todos estaban tan tranquilos? No tiene usted razón. Las dos estaban igualmente seguras. Su seguridad dependía de lo que pensaba Dios de la sangre por fuera, y no del estado de sus sentimientos por dentro.

Si usted quiere estar seguro de sus propias bendiciones, no escuche el testimonio inestable de las emociones interiores sino el testimonio infalible de la Palabra de Dios.

“De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47).

Otra ilustración

También habla Jorge Cutting de cierto agricultor quien, no teniendo pasto suficiente para su ganado, pide a un terrateniente que le venda una propiedad. Durante algún tiempo no recibe contestación.

Un día llega un vecino y le dice, “Me siento bastante seguro de que usted va a conseguir ese campo. ¿No se acuerda que la Navidad pasada el dueño le envió un regalo, y que anteayer le saludó al pasar en su auto?” Y ante tales palabras se llena de esperanza la mente del agricultor.

Al día siguiente otro vecino le encuentra y en la conversación le dice, “Temo que no haya esperanza alguna de que usted consiga ese terreno. Lo ha solicitado el señor Jones, y usted sabe cómo lo quiere a él el dueño.” Y se disipan las esperanzas del pobre agricultor. Un día tiene esperanzas; al otro día se llena de dudas.

Poco después llega el cartero. El agricultor abre su carta con ansiedad porque viene del dueño mismo. Cómo cambia su semblante de preocupación a gozo, conforme lee y relee la carta.

“¡Ya está decidido!” exclama a la esposa. No quedan más dudas ni temores. Ya se acaban las expectativas y suposiciones. “El dueño dice que el campo es mío, yeso me basta. Su palabra lo decide.”

Muchas personas están en una condición semejante. Están agitados y perplejos a causa de las opiniones de los hombres, o por las cavilaciones y sentimientos de su propio corazón. No es sino cuando reciben la Palabra de Dios que la certeza reemplaza las dudas.

Dos pruebas adicionales del nuevo nacimiento

Pues aunque la seguridad de la salvación viene primero y principalmente por creer en lo que Dios ha dicho, no es la única prueba del nuevo nacimiento. Otras dos que podemos mencionar son las siguientes.

1. El testimonio del Espíritu Santo. “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16). El Espíritu da testimonio por medio de las Escrituras. Cuando un creyente lee la promesa de Dios y la cree, el Espíritu Santo le llena de gozo y paz. Entonces en su vida de oración, su culto y su servicio, el cristiano llega a ser consciente de que obra en él el Espíritu de Dios.

2. El cambio de la vida y costumbres. Por ejemplo, el creyente sabe que ha pasado de muerte a vida porque ahora ama a los hermanos (I Juan 3:14). También cambia de actitud hacia el pecado. El creyente odia el pecado y se avergüenza si acaso cae en él.

Si no hay cambios en la vida o la conducta de una persona, se puede dudar que jamás haya sido salvada. Esto es lo que quiere decir Santiago cuando dice tan acertadamente: “La fe sin obras es muerta” (Santiago 2:20). Es inútil que el hombre diga que tiene fe, si aquella fe no resulta en buenas obras. La fe que salva es la fe que obra –que cambia la manera de vivir.

¡Dudar de dios es pecar!

Para concluir, podemos decir enfáticamente a todos los que lo hayan obedecido el Evangelio: ¡No. duden de Dios! El dice que los que creen en Cristo son salvos. El no creer esto es hacer mentiroso a Dios (I Juan 5:10). No es humildad rechazar su Palabra; es pecado. No importa cuáles sean sus sentimientos. La Palabra de Dios es verdad y en ella debemos confiar. “Para siempre, oh Jehová, permanece tu Palabra en los cielos” (Salmo 119:89).

Jorge Cutting también da una ilustración personal de esta verdad, como sigue.

“Yo sí creo en él,” me dijo cierta joven, “pero cuando se me pregunta si soy salva, no me gusta decir que sí, por si acaso esté mintiendo.”

Esta joven era hija de un carnicero de un pueblo pequeño. Cada semana su padre iba a los corrales a comprar carne, y sucede que había ido el día de la conversación. Así que le dije, “Supóngase que cuando vuelva su papá a casa, usted le pregunta cuántos carneros compró hoy, y él le contesta, ‘Diez.’ Poco después llega un hombre a la carnicería y pregunta, ‘¿Cuántos carneros compró su papá hoy?’ y usted le contesta, ‘No me gusta decirlo, por si acaso miento.”

“Pero mire,” dijo la madre, que estaba cerca, “eso sería hacer mentiroso a su papá.”

¿No ve que esta joven, bien intencionada, en realidad hacía mentiroso a Cristo? Ella estaba diciendo: “Sí, creo el Hijo de Dios, y él dice que tengo vida eterna, pero no me gusta decir que la tengo, por si acaso diga mentira.

Lección 9

En el espacio subrayado a la derecha escriba “Verdad:’ o “Fal­so” después de las siguientes declaraciones:

1. Dios ha prometido salvar a todos los que le invocan.

_____________

2. Cuando una persona duda que sea salvo, resulta claro que no lo es.

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3. Es verdadera humildad decir, “Nunca puedo estar seguro de que sea salvo”.

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4. El Espíritu de Dios nos da testimonio como creyentes mediante la Palabra de Dios.

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5. La Biblia dice que la fe sin obras es muerta.

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En el espacio subrayado a la derecha escriba la letra de la contestación correcta.

6. Es común que una persona recién salvada

a. se desanime y dude de que sea salva en verdad

b. tenga alguna experiencia misteriosa, extática o espectacular sobre la cual fundar su seguridad de salvación

c. encuentre que el pecado fue completamente desarraigado de su naturaleza

d. no tenga más dudas en cuanto a su salvación

___________________

7. La seguridad de la salvación se basa en

a. lo que dice Dios en la Biblia

b. aceptar a Cristo como Salvador personal

c. todas las dos cosas

d. ninguna de las dos

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8. Los sentimientos fluctúan mucho, y por lo tanto

a. son un buen termómetro de la experiencia cristiana

b. merecen más confianza que la Biblia como medio de saber si somos en verdad salvos

c. son completamente indignos de confianza como prueba de la conversión genuina

d. no tienen parte alguna en la conversión

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9. Si no cambia la conducta de una persona después que profesa fe en Cristo

a. es salva pero no está consciente de su salvación

b. es salva pero no lo sabe ningún otro

c. está en peligro de perder la salvación

d. se puede dudar que sea salva

___________________

10. Cuando no creemos lo que ha dicho Dios, le hacemos mentiroso. Leemos esto en

a. Lucas 23:43

b. Juan 6:37

c. Hebreos 10:23

d. I Juan 5: 10

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