Discipulado Cristiano. Lección 21.

INTRODUCCIÓN

Bienvenido… Esta vez para tratar temas relacionados con un aspecto muy importante de la vida cristiana: LA SANTIDAD PRÁCTICA.

¿No es verdad que cuando escuchabas la palabra “santidad”, venían a tu mente conceptos muy arraigados desde tu niñez? ¿Pensabas en rostros tristes, quietos, como inmovilizados en el tiempo y el espacio y con aureolas sobre la cabeza? ¿Pensabas en imágenes y templos oscuros, y especialmente en esos terribles Diez Mandamientos con sus “noes” a todo, y que te amenazaban constantemente con enviarte al infierno?

Permíteme preguntarte: ¿Cómo reaccionas ahora ante la misma palabra “santidad”? ¿No es verdad que tiene un nuevo sentido para ti? ¿Se han producido cambios en tus inclinaciones, deseos y valores? ¿Hay un anhelo profundo por una vida de santidad, y un rechazo al pecado? ¿Experimentas una hermosa libertad en tu nueva vida, libre del pecado, en lugar de sentirte coartado, o con la sensación de vivir apretado por un chaleco de fuerza?

¡Gloria a Dios! ¡Es la obra regeneradora del Espíritu Santo en ti, que te ha hecho una nueva criatura! (2 Corintios 5:17), y te está renovando a la imagen del Señor Jesucristo (Romanos 8:29), como parte de la obra de salvación hecha por Él.

Dios nos ha dado de su misma naturaleza; y como hijos suyos, anhelamos ser como nuestro Padre. Esa es también la voluntad de Dios para nosotros. El apóstol Pedro escribe: “Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.”

Pablo añade: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:23).

Pero la santidad no debe ser solamente una doctrina o un ideal, sino una realidad práctica en nuestra vida. Estos capítulos te guiarán en el descu­brimiento de algunos principios en la Palabra de Dios, por medio de los cuales podrás vivir una SANTIDAD PRÁCTICA, mientras sigues avan­zando como discípulo de Jesús.

El NUEVO NACIMIENTO fue una experiencia instantánea en tu vida, al arrepentirte de tu vida de pecado y recibir a Jesucristo como tu Salvador y Señor. Pero la santificación es un proceso que te acompañará durante toda tu vida terrenal, hasta que se complete en el día en que el Señor venga por su Iglesia. ¡ALELUYA!

Vas a descubrir que el vivir esta SANTIDAD PRÁCTICA es otra aventura emocionante; con muchas luchas, es verdad, pero que cada vez dará más gozo a tu corazón, y una comunión cada vez más preciosa con Dios. Ahora ¡a estudiar, orar, meditar, y crecer en santidad!

Cómo estudiar

Es recomendable estudiarlo en grupos de 8 a 12 personas como máximo.

El alumno debe estudiar la lección personalmente durante la semana, pidiendo en oración que el Espíritu Santo le ayude a comprender las verdades de la Palabra de Dios; leyendo y meditando los textos indicados y respondiendo las preguntas que se te hacen, y orando finalmente para que esa Palabra se haga parte de su ser y moldee su vida.

Una vez por semana se reunirán con un maestro o tutor, quien dirigirá la lección, permitiendo en lo posible la intervención de todos los alumnos; aclarando conceptos y guiando a conclusiones prác­ticas para la vida.

En cada sesión se puede dar testimonio de situaciones concretas en las que lo estudiado fue de bendición para cada uno de ellos, a fin de enriquecer la enseñanza con experiencias de la vida diaria.

Obedece a Dios cada momento. “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Juan 14:21).

Habla a otros de lo que Cristo ha hecho y hace por ti. Comparte con otros del maravilloso amor de Dios, que también es para ellos.

Lección 21

LA TRINIDAD DEL HOMBRE

A1 iniciar esta nueva etapa en el discipulado, en la cual el tema central será la SANTIDAD PRÁCTICA en tu vida cristiana, es muy importante que conozcas algo en cuanto a la naturaleza humana, y específicamente en lo que se refiere a nuestra naturaleza triple.

Este es un concepto generalmente ignorado en el mundo, y por eso no se logran solucionar los problemas más álgidos de la humanidad. La psicología y la psiquiatría intentan dar alivio a los problemas del alma, pero fracasan porque no entienden que la raíz de todos los problemas psicológicos es espiritual.

Igualmente la medicina busca alivio a los problemas del cuerpo, y aunque ha obtenido resultados importantes en ese sentido, sin embargo no puede llegar a dar salud plena al hombre porque también ignora la raíz última de todos los males físicos, que es una raíz espiritual: el pecado.

Y también la sociología fracasa en su intento por corregir la conducta de la humanidad, porque a su vez ignora la raíz espiritual de los proble­mas de conducta social del ser humano.

Solamente Cristo puede solucionar los desarreglos del hombre en su vida, cuando éste le permite solucionar su desarreglo fundamental, que es la relación con Dios rota por el pecado. Sólo entonces, la VIDA

ABUNDANTE de Dios puede fluir sobre él y llenar su vida. Al solu­cionarse el problema del espíritu, se solucionan los del alma y aún los del cuerpo.

Pero esa misma naturaleza triple es la razón por la cual muchas veces experimentamos altibajos en nuestra vida espiritual, o no alcanzamos la plenitud de vida prometida por el Señor en su Palabra. La comprensión de cómo actúan y se relacionan nuestro espíritu, alma y cuerpo, nos permitirá disfrutar de una vida espiritual plena, y cumplir el anhelo de cada hijo de Dios: vivir una SANTIDAD PRÁCTICA.

A. LA NATURALEZA TRIPARTITA DEL HOMBRE

La enseñanza bíblica se refiere al ser humano como compuesto por tres partes, o que posee tres naturalezas diferentes: espíritu, alma y cuerpo.

En Génesis 2:7 leemos que Dios hizo al hombre del polvo de la tierra (su naturaleza material), y sopló sobre él “aliento de vida”, y desde ese momento fue un “alma viviente”, su naturaleza inmaterial.

Lee 1 Tesalonicenses 5:23. ¿De qué está compuesto “todo nuestro ser”?

En Hebreos 4:12, ¿sobre qué partes de nuestro ser actúa la Palabra de Dios?

Aunque algunos teólogos plantean que el alma y el espíritu son sólo dos funciones diferentes de una sola naturaleza inmaterial aparte de su naturaleza física o material la Biblia y la experiencia cristiana parecen confirmar la naturaleza triple o tripartita del ser humano.

A su vez, esta interpretación de la naturaleza humana nos permite entender muchos de los mecanismos psicológicos y espirituales en nuestra vida, y que se relacionan con la santificación, las dolencias del alma y las opresiones espirituales.

Aunque estaremos refiriéndonos al espíritu y al alma como “partes” de nuestro ser, debemos recordar que son componentes inmateriales, y que por lo tanto, es solamente una manera más comprensible de explicar realidades y fenómenos que escapan a nuestros sentidos físicos.

B. EL ESPÍRITU HUMANO

Es la parte más interior de nuestro ser, y que nos permite comuni­carnos con Dios. Es la parte que estuvo muerta antes de nuestra conver­sión y nuevo nacimiento, y ésta fue la razón por la cual antes no podíamos tener comunión con Dios. Nuestras oraciones (o rezos) por decirlo así “no pasaban del techo”, y Dios era solamente un concepto o un ideal inalcanzable.

Ezequiel 36:26 dice: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros” refiriéndose al espíritu renacido. ¡Gloria a Dios, ahora sí podemos comunicamos con Él! Dios deja de ser una persona desconocida y lejana, para ser “alguien” con quien podemos relacionarnos en amor.

Nuestro espíritu es también el asiento del Espíritu Santo en nuestro ser desde nuestra regeneración, y la comunicación es de Espíritu a espíritu (Romanos 8:16).

El espíritu debe fortalecerse por medio de la comunión con Dios en oración; por la lectura y meditación de la Palabra de Dios, y por la adoración.

C. EL ALMA HUMANA

Es la parte intermedia entre el espíritu y el cuerpo físico. Está compuesta por nuestro intelecto, nuestros sentimientos o emociones, y nuestra voluntad. Es la parte de nuestro ser que nos permite ser consien­tes de nosotros mismos (De ahí la famosa frase de Descartes: “Pienso, luego existo”). Es lo que nos diferencia psicológicamente a unos de otros.

El alma fue afectada por el pecado: el intelecto fue oscurecido; las emociones fueron dañadas y la voluntad torcida. Y éstos no han renacido en nuestra conversión.

Es el espíritu el que ha renacido, mientras el alma debe ser renovada por un proceso continuo, bajo la influencia del Espíritu Santo, del espíritu humano y de la Palabra de Dios. Es nuestra responsabilidad permitir esa influencia renovadora.

a. Según Romanos 12:2, ¿cómo somos transformados?

b. En 2 Corintios 3:18, ¿por quién somos transformados?:

c. Según Hebreos 4:12, ¿qué hace la Palabra de Dios?

La Palabra de Dios llama “carne” no a nuestro cuerpo físico, sino a esas tendencias del alma contrarias al deseo del espíritu de agradar a Dios, y sobre todo de sujetarse a Dios. La esencia del pecado de Adán sigue vigente en la “carne”, y su asiento es en nuestra alma. El cuerpo físico es neutro moralmente, pues sólo sigue los impulsos de nuestra alma.

d. Según Gálatas 5:17, ¿cuál es la lucha constante dentro del creyente?:

La santidad se logra en la medida en que reconocemos que nuestra carne ya murió juntamente con Cristo en la cruz, y en la medida en que el espíritu va moldeando y sujetando los impulsos del alma, y confor­mándolos al carácter de Cristo.

e. Romanos 8:1. ¿Cuál es la clave de una vida de santidad?

f. Según Gálatas 2:20, ¿qué debemos reconocer para tener victoria sobre la carne?

D. EL CUERPO HUMANO

Es la parte de nuestro ser por medio del cual nos comunicamos con el mundo físico que nos rodea.

Nuestro cuerpo ha sufrido también las consecuencias del pecado de Adán. Cuando él desobedeció y comió del árbol (Génesis 2:17), no murió enseguida. Pero desde ese momento entró en la raza humana el principio de la muerte, por el cual vienen la debilidad, la enfermedad y la muerte física.

a. Lee Romanos 8:21-23. ¿Por qué gime la creación? ¿Por qué gime el espíritu del creyente?

b. 1 Corintios 15:51-54. ¿Qué sucederá con nuestro cuerpo en la segunda venida del Señor?

Vemos, pues, que la redención de nuestro cuerpo es parte de la esperanza cristiana para los últimos tiempos. Pero mientras tanto, la obra de Cristo nos provee de los recursos para una vida sana, por nuestra unión con él. Este tema lo trataremos más adelante en este mismo libro.

E. LAS EMOCIONES DEL ALMA Y NUESTRA VIDA ESPIRITUAL

Hemos visto que nuestra alma incluye el intelecto, las emociones y la voluntad. La experiencia muestra que la mayoría de creyentes viven según sus emociones y no por la fe. Actúan según su alma y no según su espíritu.

Esto es lo que trae tantos altibajos en sus vidas, porque las emociones son naturalmente fluctuantes. El alma reacciona muy fácilmente a los estímulos externos, y cuando estos estímulos varían, las emociones varían. Fácilmente se pasa de la alegría a la tristeza; del optimismo al pesimismo; de la victoria a la derrota; del entusiasmo a la depresión; del amor al odio.

No permitas que las emociones dominen tu vida espiritual, porque así nunca tendrás estabilidad. Debes dejarte llevar por el espíritu y no por el alma. Deja que tu alma reaccione a los impulsos de tu espíritu, y no al revés. Las emociones producidas por tu espíritu tendrán su causa dentro de tu ser y no en estímulos externos, y tendrás una vida espiritual en constante crecimiento.

Tampoco debes buscar las emociones en tu experiencia espiritual, tratando así de satisfacer tu alma, sino la santidad y la obediencia al Espíritu Santo y a la Palabra de Dios, que es el deseo de tu espíritu. Si lo haces así, las emociones vendrán como consecuencia, pero según y cuando el Espíritu Santo lo quiera dar. ¡Y ten por seguro que habrá gozo y paz en tu vida!

Recuerda lo que dice Dios: “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.”

Memoriza los siguientes versículos

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.”

1Tesalonicenses 5:23

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”

Gálatas 2:20

Notas y comentarios

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