Discipulado Cristiano. Lección 25.

Lección 25

SANIDAD Y SALUD DIVINAS

Habiendo visto en la lección anterior el tema de la SANTIDAD DEL CUERPO, vamos a ver la enseñanza bíblica sobre la SANI­DAD DIVINA, porque está íntimamente relacionada con lo anterior. Si nuestro cuerpo ha sido separado para Él, la sanidad física debiera ser parte de la experiencia del creyente.

Pues es maravilloso ver que el Evangelio no es solamente “buenas noticias” para el problema de nuestro pecado, sino que también es

“buenas noticias” para el problema de la enfermedad física. Veamos la enseñanza bíblica al respecto.

A. ¿POR QUÉ HAY ENFERMEDADES?

En la primera lección, vimos que una de las consecuencias del pecado de Adán y Eva fue la entrada del principio de muerte o de corrupción en la raza humana, y que desde entonces la enfermedad es una manifestación de ese principio. Muchas personas creen que Dios les ha enviado una enfermedad, y que Él quiere que estén enfermas. Pero, ¿es así Dios, que puede desear que sus hijos estén enfermos? ¿qué nos muestra la Biblia? Veamos:

a. Job 2:7, ¿aunque Dios lo permitió, quién causó en realidad la sama maligna en Job?

b. Lucas 13:16, ¿quién había mantenido atada a la mujer con enfermedad por 18 años?

c. Hechos 10:38, ¿cómo califica la Biblia a los enfermos?

b. Lucas 13:16, ¿quién había mantenido atada a la mujer con enferme­dad por 18 años?

c. Hechos 10:38, ¿cómo califica la Biblia a los enfermos?

Con excepción de unas pocas ocasiones en las cuales Dios envía enfermedad como juicio por pecados, la Biblia nos muestra que, en forma general, la enfermedad es: o consecuencia del principio de muerte y corrupción en la naturaleza humana por causa del pecado, o ataque de Satanás sobre el ser humano, en su odio y su deseo de dañar todo lo creado por Dios.

Pero veamos qué ha hecho Dios por la sanidad del ser humano, aparte de ofrecerle perdón de pecados y salvación.

B. LA SANIDAD EN LAS ESCRITURAS

a. Éxodo 23:25. ¿Qué prometió Dios a Israel si cumplía con el pacto?

b. Salmo 103:3. ¿Qué hace Dios por nosotros?

c. Isaías 53:4-5. Este pasaje se refiere proféticamente al Señor Jesu­cristo. ¿Qué haría El con nuestras enfermedades?

d. Mateo 8:16-17. ¿Cómo se cumple la profecía de Isaías 53?

e. Marcos 16:17-18. ¿Qué prometió el Señor a los que creen, en cuanto a sanidad?

f. ¿Puedes recordar qué enfermedades sanó Jesús en su ministerio terrenal?

g. Santiago 5:14-16. A la luz de este pasaje, ¿Quiere Dios que hayan enfermos entre sus hijos?

C. FUNDAMENTOS BÍBLICOS PARA LA SANIDAD

A la luz de estos y muchísimos otros pasajes de las Escrituras tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, podemos establecer, con toda claridad, los siguientes fundamentos bíblicos para la sanidad divina:

1. La enfermedad no fue creada por Dios, sino que entró en el mundo por el pecado de Adán y Eva, como parte del principio de corrupción y muerte: “. . . porque el día que pecares (de él comieres), cierta­mente morirás” (Génesis 2:17).

2. Dios, en sus propósitos eternos, dio la solución al problema del pecado mediante la cruz de Cristo, dándonos perdón de pecados, libertad de condenación, y también libertad, de las consecuencias ­temporales del pecado: la enfermedad. En otras palabras, la sanidad es, conjuntamente con el perdón de pecados, fruto de la expiación de Cristo. “Ciertamente llevó El (Cristo) nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores… herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre El, y por su llaga fuimos nosotros curados… Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:4-6).

3. La sanidad de las enfermedades fue uno de los cuatro ministerios básicos de Jesús mientras estuvo aquí: “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando… predicando el evangelio del reino, sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mt 9:35). “y con la palabra echó fuera a los demonios” (Mt 8:16).

4. Jesús encarga esos mismos cuatro ministerios a sus discípulos y a la iglesia: “Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios…” (Mateo 10:7-8). “Por tanto, id, y haced discípulos … enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (Mt 28:19-20).

5. Dios nos ha dado los recursos y el poder para la sanidad de las enfermedades: “Y estas señales seguirán a los que creen: sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:17-18). “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos… (Hechos 1:8). “Porque a éste es dada por el Espíritu.. a otro, dones de sanidades por el mismo Espíri­tu” (1 Corintios 12:8-9).

6. El ministerio de sanidad es un privilegio, pero también un mandato para la iglesia: “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará” (Santiago 5:14-15).

7. La sanidad puede ser incluida en la promesa de respuesta a la oración de fe. Y Dios no miente: “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis (“que lo habéis recibido’, traducción literal), y os vendrá” (Marcos 11:24).

D. ALGUNOS PRINCIPIOS DE LA SANIDAD DIVINA

1. Impedimentos a la sanidad

Aunque la sanidad está a disposición de todo hijo de Dios, y es el deseo de Dios que nos la apropiemos, hay ciertas condiciones para que Dios obre dicha sanidad en nuestra vida:

a. Mateo 13:54-58. ¿Por qué Jesús no pudo hacer muchos milagros en Nazaret?

b. Santiago 5:16. ¿Qué es necesario para ser sanados?

c. 1 Corintios 11:30. ¿Qué puede causar enfermedades y hasta la muerte?

d. 2 Corintios 12:7-9. ¿Por qué Dios no quitó el aguijón de Pablo?

Aunque es la voluntad general de Dios el sanar, pueden haber algunas ocasiones en que, por alguna razón didáctica, El retenga la sanidad. Esperemos que Dios obrará sanando conforme a sus promesas, pero recordemos que El es soberano, y ha dicho: “mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos”. Dios reprochó a Job y a sus amigos por pretender tener razones para el obrar de Dios.

2. La enfermedad y espíritus de enfermedad

Jesús, en la mayoría de los casos sanó orando o poniendo sus manos sobre los enfermos. Sin embargo, en algunas ocasiones reprendió espí­ritus de enfermedad, como en Lucas 4:38-39 y 13:11. No debemos pensar que todas las enfermedades son causadas por demonios o espíritus de enfermedad.

3. La sanidad divina y las medicinas

La fe en la sanidad divina no debe llevarnos a condenar el uso de medicinas ni a los médicos; ni a menospreciar a un hermano porque no tiene la fe suficiente para confiar en Dios para su sanidad; o porque a pesar de su fe, no es sanado. La fe es personal, y al final de cuentas, es un don de Dios (Efesios 2:8). La fe en la sanidad no hace a nadie más espiritual que otro.

4. ¿Cómo recibir sanidad divina?

En las Escrituras encontramos entre otras, las siguientes maneras de recibir sanidad divina:

a. Por medio de la oración de fe (Mi 18:19; Marcos 11:24)

b. Por oración con ungimiento con aceite (Santiago 5:14-16)

c. Por oración con imposición de manos (Mt 8:3; Marcos 16:17-18)

d. Por el contacto con prendas (Hechos 19:12)

e. Por el ejercicio de los dones de sanidades (1 Corintios 12:9)

Pero Dios también obra sanidad sobrenaturalmente cuando le alaba­mos y adoramos unánimemente y de corazón como iglesia, y desciende la unción poderosa de su presencia. O cuando participamos de la Santa Cena, y nos apropiamos por la fe del poder de la vida resucitada de Cristo para nuestra sanidad.

E. VIVIENDO EN SALUD DIVINA

¡Gracias a Dios por el don de la sanidad! Pero el ideal de Dios es la salud divina para sus hijos. La sanidad divina es la provisión para aquellos que ya están enfermos, pero lo ideal es que vivamos libres de la enfermedad, viviendo por fe y derrotando al enemigo cada vez que quiere afligimos con alguna enfermedad.

Para ello, tenemos que hacer ciertas cosas:

1. Respetar las leyes naturales. Mientras vivamos en este cuerpo estamos sujetos a las leyes que Dios incorporó en su creación física. Vimos en la lección anterior que debemos evitar todo lo que dañe nuestro cuerpo. De otra manera no podemos pedir sanidad ni salud de Dios.

2. Ser diligentes en la meditación de la Palabra (Proverbios 4:20-22).

3. Consagrar nuestras vidas al Señor (Ro 12:1-2; Santiago 4:3).

4. Apropiamos por fe, definitivamente, de todos los beneficios de la expiación de Cristo (Isaías 53:4-5); y de nuestra unión con Él (Gálatas 2:20). 5. Ejercer la autoridad que Cristo nos ha dado sobre los demonios, tan pronto percibimos un ataque de un espíritu de enfermedad (Lc10:19).

6. Vivir llenos del Espíritu Santo, y siendo guiados por Él en todo (Ro 8:9-14). Nota especialmente el versículo 11.

El resultado de cumplir esto, será ¡una vida de salud para servicio de Dios y para testimonio de su gloria! ¡Aleluya!

Memoriza los siguientes versículos

“Él es quien perdona tus iniquidades, el que sana todas tus dolen­cias.”

Salmo 103:3

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”

Isaías 53:45

Notas y comentarios

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario y ayudanos a que se conozca el sitio!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s