Discipulado Cristiano. Lección 27.

Lección 27

LA DISCIPLINA DEL AYUNO

En esta lección examinaremos un tema importante en el avance hacia una santidad práctica: LA DISCIPLINA DEL AYUNO. Aunque parez­ca a primera vista algo propio del pasado o de grupos místicos o fanáticos, el ayuno está respaldado por la enseñanza bíblica, confirmada por la experiencia de grandes hombres de Dios en la historia de la Iglesia, y comprobado por muchísimos creyentes.

Digamos desde el comienzo que el ayuno no es algo atractivo para la carne. Por el contrario, nuestra carne se opondrá tenazmente a su práctica, y pondrá toda clase de excusas. Igualmente, el diablo tratará de disuadimos de hacerlo, porque sabe que ganaremos poder espiritual.

Por ello, la práctica del ayuno será posible sólo si anhelamos de todo corazón crecer en santidad y en victoria, y si tenemos convicciones claras de que es voluntad de Dios que lo hagamos, y que realmente trae bendición sobre nuestra vida. Veamos algunos aspectos clave de la DISCIPLINA DEL AYUNO.

A. EL AYUNO EN LAS ESCRITURAS

1. En el Antiguo Testamento

a. En 1 Samuel 7:3-6, ¿por qué ayunó el pueblo de Israel?

b. En 2 Crónicas 20:3, ¿para qué ordenó ayuno Josafat?

c. Ester 4:16, ¿para qué pide Ester que ayune el pueblo?

2. En el Nuevo Testamento

a. Mateo 4:2. ¿Cuántos días ayunó el Señor, y antes de qué?

b. En Mateo 17:14-21, ¿para qué son necesarios el ayuno y la oración?

c. En Hechos 13:2-3, ¿quiénes ayunaron y para qué?

d. En Hechos 14:23, ¿antes de hacer qué ayunó la iglesia?

B. PROPÓSITOS DEL AYUNO

A la luz de los textos estudiados, hay varios propósitos para el ayuno:

1. Para mayor santidad en nuestra vida

La santidad se construye sobre una profunda aflicción por el pecado, y el ayuno es una forma de expresar esa aflicción. Con frecuencia Israel, u hombres de Dios como David, ayunaron cuando habían caído en pecado, y dedicaron ese tiempo a la oración.

No es que el ayuno nos hace santos automáticamente, sino que nos ejercita en el dominio de los apetitos e impulsos de nuestra carne, y de esa manera podemos vencer mejor las tentaciones. Además, al ayunar, nuestra autosuficiencia y orgullo son derrotados, y aprendemos a some­ternos y a depender de Dios.

Lee Ezequiel 16:49, ¿Con qué está relacionada la saciedad de pan?

2. Por dirección de Dios en circunstancias especiales. Lo vemos claramente en la iglesia en Antioquia, donde al ayunar y orar, el Espíritu Santo pudo hablar a la iglesia y revelar sus propósitos para con Saulo y Bernabé. Al ayunar y orar, la mente y los sentidos espirituales son sensibilizados, y podemos oir mejor la voz del Espíritu Santo.

3. Para fortalecernos espiritualmente para la lucha contra el diablo

¿Recuerdas cómo los discípulos no pudieron echar fuera al demonio del muchacho en Mateo 17:16? El Señor explica luego que es necesario ayunar y orar para ello. Uno de los ministerios que Jesús ha dejado a su Iglesia es el de liberar a los oprimidos por el diablo, y lo podrá hacer mejor si practica regularmente la oración con ayuno. (Nota: Aunque la palabra “ayuno” no aparece en algunos manuscritos, sí es enseñanza bíblica reconocida que el ayuno fortalece espiritualmente.)

4. Para intercesión en situaciones de crisis

Los ejemplos de Josafat y Ester son típicos de situaciones de grandes crisis, que les llevan a ayunar, y pedir al pueblo que ayune también. Al ayunar, estamos diciéndole a Dios cuánto necesitamos y deseamos su intervención en esas situaciones, y reforzamos así nuestras oraciones. ¡Debemos tomar muy en cuenta este hecho al pensar en la situación que se vive en nuestro país!

5. Para la ordenación de ministros para la obra

En Hechos 14:23, los apóstoles ayunaron y oraron al constituir a los ancianos en cada iglesia, para encomendarles al Señor. Seguramente era necesario esto para que recibieran dones del Espíritu por medio de la imposición de manos, como en el caso de Timoteo (1 Timoteo 4:14). En las grandes ocasiones en la vida de la iglesia y en el ministerio, el ayuno tiene un lugar importante.

C. CLASES DE AYUNO

1. El ayuno natural

Lucas 4:2. ¿De qué se abstuvo Jesús, y qué sintió después de 40 días de ayuno?

¿Has notado que no dice que no bebió, ni que sintió sed? Normal­mente, un hombre no puede sobrevivir 40 días sin beber agua. Por ello el ayuno de Jesús fue abstinencia de alimentos sólidos pero no de agua.

A esto se ha llamado el AYUNO NATURAL, y es el más apropiado para ayunos prolongados o para personas con deficiencias orgánicas o físicas.

2. El ayuno total

Es la abstención de comida y bebida. Hay varios casos de ayuno total en las Escrituras.

a. En Ester 4:16, ¿cuántos días ayunó Ester y su pueblo?

b. En Hechos 9:9, ¿cuántos días estuvo Saulo de Tarso sin comer ni beber?

En ambos casos, y otros más en las Escrituras, el ayuno total duró solamente 3 días, y fue hecho en circunstancias muy especiales de crisis. Es verdad que la Biblia menciona casos de ayunos totales prolongados, como el de Moisés en el monte Sinaí o el de Elías camino a Horeb, pero son casos en que sin duda hubo una intervención sobrenatural de Dios. No se debe intentar un ayuno total por más de tres días sin un motivo suficiente, y sin una clara indicación de Dios para ello.

3. El ayuno parcial

Es la abstención de cierta clase de alimentos durante un tiempo determinado, o la abstención de ciertas comidas de cada día, también durante un tiempo determinado. Encontramos algunos casos en las Escrituras:

a. En Daniel 1:12-15, ¿de qué se abstuvieron Daniel y sus amigos, y por cuántos días?

b. En Daniel 10:2,3, ¿Qué no comió Daniel y por cuánto tiempo?

4. La vida de ayuno

Muchos hombres y mujeres piadosas ayunan regularmente en deter­minados días de la semana. Otros ayunan por varios días con cierta frecuencia. Pero algunos siervos de Dios han sido instruidos por Él para vivir “vidas de ayuno”, es decir, comer siempre menos de lo que el apetito demanda. Es mantener el apetito bajo dominio, lo cual significa mante­ner el cuerpo bajo dominio siempre. Para muchos esto es más difícil que hacer un ayuno por unos días solamente.

Este tipo de ayuno relega al ayuno natural o total a aquellas circuns­tancias especiales de gran necesidad espiritual, o a la intercesión por propósitos específicos.

D. CÓMO AYUNAR

Arthur Wallis en su libro El ayuno escogido por Dios, da varios consejos en cuanto a la forma de hacer un ayuno. Aquí van algunos de esos consejos:

1. Si nunca has ayunado antes, empieza con un ayuno parcial; la próxima vez aumenta el tiempo del ayuno, y así sucesivamente, a medida que tu organismo se va habituando al ayuno.

Cuando estés en condiciones de ayunar por un día completo sin sentirte débil o hambriento, podrás ayunar por más tiempo: tres, cinco o siete días.

2. Desde antes de empezar un ayuno, deja de beber café o té, para evitar el dolor de cabeza por la privación repentina de cafeína. Algunos recomiendan comer sólo fruta fresca el día previo al ayuno.

3. Hazte estas preguntas antes de empezar un ayuno:

a. ¿Estoy seguro que el deseo de ayunar proviene de Dios?

b. ¿Son correctos mis motivos?

c. ¿Qué clase de ayuno me indica el Señor que haga?

d. ¿Cuáles son mis objetivos espirituales para este ayuno?

e. Voy a ministrar al Señor mediante este ayuno?

4. El tiempo de ayuno será de lucha espiritual, en que Satanás querrá desanimarte, y tu propia carne intentará convencerte de que lo rompas (se llama romper el ayuno a su terminación). Protégete con la armadura de Dios (Efesios 6) y con mucha oración y alabanza. No te guíes por tus sentimientos para evaluar los resultados del ayuno, sino mantente en fe, confiando en que habrá bendición aún después del ayuno.

5. Al romper un ayuno, debes normalizar tus comidas en forma gradual, dando tiempo al sistema digestivo a recuperar sus funciones. Mien­tras más largo el ayuno, más tiempo de normalización.

E. EL AYUNO ESCOGIDO POR DIOS

El ayuno no tendrá ningún valor espiritual si no se hace con una actitud correcta. No será de bendición si no va acompañado de humildad y búsqueda de santidad.

a. ¿Qué quiso enseñar Jesús en Mateo 6:17?

b. Isaías 58:3-12. ¿Qué actitudes deben acompañar al ayuno?

Ahora, si Dios te pone el sentir de ayunar, hazlo sin temor, sabiendo que “las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para destrucción de fortalezas” (2 Corintios 10:4).

Memoriza el siguiente versículo

“Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostros, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”

Mateo 6:17-18

Notas y comentarios

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