Discipulado Cristiano. Lección 28.

Lección 28

SANIDAD DE LAS HERIDAS DEL ALMA

El Dr. Jorge A. León (psicólogo cristiano y pastor) dice en su libro psicología pastoral para todos los cristianos: “La mayoría de las n enfermedades son funcionales, creadas por conflictos emocionales y espirituales. Hay una minoría que dependen de una falla de la máquina, que es el cuerpo.”

Esto también es verdad en la vida espiritual. Muchas veces un verdadero creyente, sincero, que desea crecer en santidad y agradar al Señor, sin embargo experimenta conflictos y derrotas. Por más que estudia la Palabra de Dios y ora, no puede tener victoria en ciertas áreas de su vida, o le es difícil una relación armoniosa aún con los hermanos en la fe.

Estas situaciones, en muchos casos se deben a heridas del alma; y en otros a ataduras u opresiones espirituales. Vamos a ver algunos aspectos importantes de las heridas del alma, y cómo recibir sanidad divina si las tenemos; y en la próxima lección veremos el tema de las opresiones espirituales.

A. QUÉ SON HERIDAS DEL ALMA

Por los psicólogos, sabemos que nuestra mente (o alma) tiene tres niveles: lo conciente, lo subconciente y lo inconciente. Sólo entre 10 a 15% de nuestra actividad mental es conciente. El resto es subconciente o inconciente. El Dr. Jorge A. León, en el libro citado antes, explica estos niveles así:

“La conciencia es aquello que se sabe con claridad, que podemos reconocer libremente. La subconciencia es el dominio de las emociones y complejos en oposición al reino consciente de la razón. En el subcons­ciente suelen reinar pensamientos, sentimientos y deseos egoístas, mien­tras que en lo consciente suelen predominar las tendencias de carácter social. El inconsciente es el reino de los pensamientos incontrolados,

que no recordamos en absoluto, pero que están activos.”

Los trastornos de la personalidad se deben generalmente a traumas durante la niñez. También muchos de los conflictos del creyente tienen
su origen en esos traumas, tanto de la niñez como en tiempos posteriores.
“Nada se olvida; la mente es como una inmensa grabadora; todo lo que hemos dicho, visto, oído y vivido lo tenemos dentro; está vivo y tiene poder. Por tanto se expresa y a veces nos traiciona.”

Cuando nos convertimos, la influencia del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios modifican muchos de los valores y conceptos de nuestro cq consciente. También empieza a sujetar al subconsciente, lo que se va acentuando en la medida que el creyente avanza en su entrega al señorío

de Cristo. También puede sanar algunas de las dolencias del inconscien­te.

Pero otras heridas pueden permanecer abiertas; traumas guardados en lo profundo del inconsciente que afectan la vida consciente del creyente, y por lo tanto su vida espiritual y su crecimiento en santidad. Estas son las neurosis en el lenguaje psicológico, pero que Cristo también vino a sanar:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido… – me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos… a poner en libertad a los oprimidos…” (Lucas 4:18).

Al considerar lo que sigue, pide al Espíritu Santo que te revele si en tu propia alma hay alguna herida no sanada, y que está frenando tu crecimiento en santidad.

B. CAUSAS DE LAS HERIDAS DEL ALMA

No siendo este un curso de psicología, quizá algunos de los concep­tos o términos que emplearemos no se ajustarán estrictamente a los usuales en esa disciplina. Más bien son resultado de la experiencia de siervos de Dios que han tenido fruto en la sanidad de las dolencias del alma, y confirmadas vez tras vez en nuestra propia experiencia en este campo.

1. Traumas de la edad prenatal

Está probado que las vivencias de una madre en gestación afectan a la criatura en su vientre, y que esas emociones pueden producirle

traumas. Algunas de estas emociones son:

a. Rechazo al embarazo por razones económicas; por ser fruto de una violación; por temor a perder su libertad, etc.

b. Rechazo al nacimiento por temor al dolor, por algún peligro o por cualquier otra causa.

c. Angustia, tristeza, miedo, odio, humillación, etc.

d. Sentimiento de culpa por algún pecado.

2. Traumas de la niñez

Es la edad más sensible a las experiencias traumáticas. “El niño es como el cemento fresco… el adulto es como el mismo cemento, pero endurecido”. Algunas de las causas más comunes de traumas son:

a. Experiencias de miedo: haber quedado solo en un lugar oscuro o encerrado; haber sido mordido o amenazado por un animal; haber estado a punto de ahogarse; un incendio; etc.

b. Humillación: haber sido avergonzado por el profesor ante los demás alumnos; haber sido despreciado públicamente; algún accidente que lo ha dejado en ridículo, etc.

c. Sentimiento de rechazo porque fue dejado de lado por la llegada de un nuevo hermanito; porque nadie le hacía caso en el colegio por su aspecto físico, etc.

d. Resentimiento por falta de amor de los padres, real o supuesta; favoritismo hacia sus hermanos; ofensas, etc. e. Haber sufrido abusos sexuales; haber sido obligado a prácticas sexuales, especialmente contra-natura.

3. Traumas de la edad adulta

Desengaños amorosos; fracasos en el trabajo; humillaciones; viola­ciones; experiencias homosexuales; abortos; crímenes, etc.

E. PASOS PARA RECIBIR SANIDAD DE LAS HERIDAS DEL ALMA

1. Trae a la memoria, con la ayuda del Espíritu Santo, las experiencias que produjeron traumas en tu alma, y los sentimientos negativos que produjeron en ti en ese momento.

2. Renuncia a esos sentimientos negativos, nombrándolos: temor, resentimiento, angustia, ira, vergüenza, humillación, etc.

3. Perdona de corazón a toda persona que te hizo daño, mencionándola por nombre, y mencionando la acción específica que causó el trauma.

4. Pide perdón a Dios por cada sentimiento negativo; recibe su perdón y perdónate a ti mismo, creyendo y confesándolo con tu boca (Romanos 10:10).

5. Reconoce y confiesa en oración que Jesús sufrió todas las herid de tu alma, y murió en la cruz llevándolas por ti.

6. Pídele que sane esas heridas con el ungüento del Espíritu Santo, y cree de corazón que tu alma es sanada en ese instante por el poder de Dios (Marcos 11:24).

7. ¡Dale gracias por tu sanidad y alaba al Señor porque ahora eres libre Y podrás avanzar mucho mejor en tu crecimiento espiritual, y HACIA UNA SANTIDAD PRÁCTICA.

Pero si piensas que las heridas en tu alma son muchas o muy profundas, o si no has podido descubrir las raíces de tu conflicto emo­cional o espiritual, busca la ayuda de tu pastor o de algún hermano o hermana con conocimientos sobre este tema, porque en este caso es necesario que alguien te ayude a hurgar en tu inconsciente, y te ministre la sanidad divina para esas dolencias de tu alma (Marcos 16:17-18; Santiago 5:16).

Memoriza los siguientes versículos

“Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano.”

Salmo 139:5

“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos.”

Lucas 4:18

Notas y comentarios

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