Discipulado Cristiano. Lección 31.

Hacia la madurez cristiana

INTRODUCCIÓN

La vida cristiana debe ser un continuo desarrollo a semejanza de la vida física. La diferencia entre ambas es que la primera llega a un punto máximo de crecimiento, después del cual comienza a decaer y morir, mientras que la vida espiritual puede y debe continuar creciendo indefi­nidamente.

El discipulado es un continuo progresar hacia la madurez espiritual, por medio de la cual tu vida dé los mejores frutos para gloria de Dios. Hebreos 6:1 dice: “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección. ..”

Filipenses 3:12-14 dice: “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto (maduro); sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando cierta­mente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”

Dios es fuente inagotable de amor y bendiciones. Su Palabra es fuente inagotable de revelación y sabiduría. La vida cristiana es inagotable en cosas nuevas, descubrimientos, emociones. Pero por sobre todas las cosas, es el continuo beber de esa fuente inagotable de amor, bendi­ciones, revelación y sabiduría, que es Dios mismo, lo que nos va llevando a la madurez.

En la Biblia los conceptos de madurez y perfección son sinónimos. La perfección que Dios demanda a sus hijos no es la ausencia de imperfección, porque ello es una cualidad que sólo El la puede tener. Pero sí demanda el caminar constantemente hacia esa perfección. La madurez es llegar a esa estabilidad en la dirección de nuestra vida, tal como lo afirma Pablo en Efesios 4:13-15, en que describe el fruto del ministerio de la Iglesia como el lograr que “todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo”.

Esta es la propuesta de Dios para ti y para mí. Y lo más hermoso es que… nos ha dado los recursos para lograrlo: su Espíritu Santo en nosotros, su Palabra revelada, y abundancia de su gracia y amor.

Obedece a Dios cada momento. “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Juan 14:21).

Habla a otros de lo que Cristo ha hecho y hace por ti. Comparte con otros del maravilloso amor de Dios, que también es para ellos.

Dios te bendiga.

Lección 31

LAS DEMANDAS DEL DISCIPULADO

El cristianismo genuino no es sólo asistir a los cultos y gozarse en la alabanza y adoración a Dios, ser testigos o participantes en sanida­des y milagros, orar en lenguas y gozarse al ver los dones del Espíritu funcionando en un culto, y escuchando un hermoso sermón.

¿Recuerdas que vimos en Efesios 4:11-16, cómo Dios ha dado a su iglesia los dones del ministerio? ¿Recuerdas para qué fueron dados?: “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio…”

Este perfeccionamiento, este continuo crecimiento en el conoci­miento de Cristo tiene una meta: llegar a “la estatura de la plenitud de Cristo”. Pero, avanzamos a esa meta haciendo “la obra del ministerio”. Es decir, sirviéndole en un compromiso absoluto, porque le hemos reconocido como nuestro Señor, y ese compromiso nos lleva al DISCI­PULADO, que tiene demandas muy claras para nosotros.

El énfasis humanista y materialista de nuestro tiempo ha hecho que, consciente o inconscientemente, los cristianos hayamos olvidado las demandas del Señor Jesús. Los rezagos de egoísmo de nuestra “carne” nos impulsan a recibir, recibir y recibir bendiciones, pero no a dar.

Además, con frecuencia cedemos ante las presiones y “cantos de sirena” del mundo, y llegamos a pensar que no nos hace daño un poco de ese “mundo”, o que tenemos derecho a ello.

Pero el precio de nuestra salvación: la muerte de Cristo y el inmenso amor de Dios demostrado en la cruz del Calvario, no pueden tener otra respuesta que la entrega de “todo nuestro ser. Espíritu, alma y cuerpo” (1 Tesalonicenses 5:23).

Veamos, pues, en la Palabra de Dios, las demandas que Jesús nos plantea como discípulos suyos:

A. AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS

1. Lee Marcos 12:30-31. ¿Cuál es el primer mandamiento de Dios?

2. Lee Lucas 14:26. ¿Cuál es la condición para ser discípulo de Jesús?

Estas palabras tan duras, hay que entenderlas en el contexto de la cultura hebrea y sus giros lingüísticos. La Palabra de Dios no puede contradecirse, y si tomamos literalmente este pasaje, estaría en conflicto con el mandamiento de Dios de amar a padre y madre.

La explicación es que este hebraismo significa sólo que el amor de un discípulo de Jesús por él debe ser tan grande, que su amor por sus familiares más cercanos podría compararse con el aborrecimiento.

B. AMOR POR LOS HERMANOS

1. En Juan 13:35, ¿cuál es la credencial del discipulado cristiano?

2. Romanos 13:8. ¿Cuál es la deuda que nunca terminamos de pagar?

3. 2 Corintios 12:15. ¿Cómo amaba Pablo a los hermanos?

Esta es una demanda clarísima del Señor a sus discípulos, consecuencia lógica del segundo gran mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39), y considerando que nuestros hermanos en la fe son los más próximos, perdonados por la misma sangre, renacidos por el mismo Espíritu, y compañeros de peregrinaje hacia la eternidad.

C. DISPOSICIÓN PARA EL SERVICIO

La tercera demanda de Jesús es una disposición plena al servicio a Dios y a los hermanos. Un discípulo es más que un “creyente”. Es un servidor, o en palabras de Pablo en todas sus epístolas: “siervo de Dios”, (“siervo” es traducción del griego doulos, que significa esclavo).

1. Mateo 20:25-28. ¿En qué consiste la grandeza en el discipulado cristiano?

2. Juan 13:13-17. ¿Qué ejemplo nos ha dejado Jesús?

3. Gálatas 5:13. ¿Cómo debemos servirnos los unos a los otros?

D. OBEDIENCIA AL SEÑOR

1. Según Juan 8:31, ¿cuál es otra condición para ser verdaderos discípulos de Jesús?

2. Lee Lucas 6:46-49. Cuál es la queja de Jesús contra algunos de sus discípulos?

3. ¿Qué resultado produce el oír las palabras de Jesús y obedecerlas?

Si creemos en Cristo y le amamos, debemos obedecerle, de la misma manera en que creemos en nuestros padres y les obedecemos porque les amamos, aunque no tengamos otra prueba tangible de que lo sean realmente, sino sólo nuestro instinto filial (fe), y nuestra gratitud por sus cuidados y amor.

La desobediencia fue un ingrediente básico en el pecado de Adán, y es uno de los rasgos que más resalta de la naturaleza humana caída. Por eso Dios demanda obediencia a los que le aman, lo cual debe ser un rasgo característico en sus vidas, y especialmente en los que quieren ser genuinos discípulos del Señor. Fe y obediencia siempre deben ir juntas.

E. UNA VIDA FRUCTÍFERA

Una de las necesidades fundamentales del ser humano es el vivir una vida útil, con propósito y trascendencia. Lamentablemente la mayoría de las personas llegan a la ancianidad y a la muerte sin haber visto satisfecha esta necesidad, porque todos los logros o “frutos” en la vida, separados de Dios, son temporales y no trascienden a la eternidad. Es por esto que la ancianidad, en la mayoría de los casos, es símbolo de frustración, tristeza y decepción de la vida, porque uno de los anhelos más fuertes: el de una vida fructífera, ha quedado insatisfecho.

Dios, en su amor por su criatura, y sabiendo lo que necesitamos, no solamente nos permite tener una vida fructífera, sino que de hecho lo demanda de sus discípulos, no porque El necesite de nosotros, sino porque nosotros lo necesitamos.

1. Lee Juan 15:1-8. Según el v.8, ¿cuál es la demanda de Dios para ser verdaderos discípulos de Jesús?

2. ¿Qué cantidad de fruto demanda Dios de nuestra vida?

3. El concepto de frutos en la vida del discípulo es muy amplio. Lee los siguientes pasajes, y anota qué cosas pueden ser los frutos que Jesús demanda, orando que Dios te revele si están faltando en tu vida, y pidiéndole que te ayude a abundar en ellos:

a. Juan 4:34-36:

b. Romanos 6:22:

c. 2 Corintios 9:7-11:

d. Gálatas 5:22-23:

e. Filipenses 1:9-11:

f. Colosenses 1:10:

g. Tito 3:14:

h. 2 Pedro 1:8

F. SUJECIÓN A LA DISCIPLINA DE LA IGLESIA

En el Nuevo Testamento hay dos palabras griegas relacionadas con el discipulado: mathetes, que significa aprendiz, discípulo, uno que aprende con esfuerzo de su maestro (Mateo 9:14; 10:1), y paidefa, que significa enseñar, discipular, incluyendo corrección y castigo (Hechos 7:22; Hebreos 12:6-10; 2 Timoteo 3:16).

Por lo tanto, todo discípulo es un aprendiz, que debe ser instruido y corregido con firmeza, si es necesario, como parte del proceso de discipulado. La disciplina, pues, hay que entenderla como algo necesario para nuestro crecimiento espiritual, como una ayuda en nuestro anhelo de llegar a ser semejantes a Cristo, y como expresión del amor de Dios por medio de la Iglesia a cada hijo suyo

1. Lee Hebreos 12:5-11. ¿Por qué no debemos menospreciar la disciplina del Señor?

2. Según el v.10, ¿para qué somos disciplinados?

3. ¿Cuál es la promesa si nos sometemos a la disciplina del Señor, aunque sea dolorosa?

Memoriza el siguiente versículo

“En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.”

Juan 15:8

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