Discipulado Cristiano. Lección 35.

Lección 35

Madurez y Equilibrio en la vida Cristiana

La niñez se caracteriza por un gran dinamismo, entusiasmo y derro­che de energías; pero al mismo tiempo por los desequilibrios y excesos, productos de ese entusiasmo pero sin la moderación que da el sentido común y la experiencia de los años. Justamente en esto reside gran parte de lo que llamamos madurez: el equilibrio en la vida cristiana, dejando los excesos propios de la niñez espiritual, para vivir una vida equilibrada y en continuo crecimiento, hasta llegar “a la estatura de la plenitud de Cristo”.

Debes moldear tu vida según los parámetros bíblicos, y no según tus criterios o sentimientos humanos por buenos que parezcan, o según tradiciones eclesiásticas por muy antiguas que sean. MADUREZ Y EQUILIBRIO son dos conceptos muy ligados entre sí, que vamos a examinar a la luz de las Escrituras, para evitar una falsa espiritualidad en tu vida.

A. LA MADUREZ CRISTIANA 1. Qué es madurez cristiana

Madurez cristiana no es necesariamente que tengas años de creyente; o que llegues a ser un gran predicador; o que tengas muchos dones; o que puedas sanar a los enfermos. Madurez tiene que ver esencialmente con tu carácter cristiano en tu relación con Dios y los demás.

Charles C. Ryrie en su libro Equilibrio en la vida cristiana, (pp. 13-15), define la madurez como espiritualidad, y que es esencialmente “tina relación adulta con el Espíritu Santo”. Cito algunos pasajes de su libro:

“Al nuevo cristiano no se le puede llamar espiritual, sencillamente porque no ha tenido tiempo suficiente para crecer y desarrollarse en el conocimiento y la experiencia cristiana … no ha sido todavía probado en muchos aspectos de la gama general de la conducta cristiana, por ejemplo; y aunque desee que el Espíritu Santo controle su vida y sus acciones completamente, no ha ganado la experiencia y madurez que sólo se obtienen al enfrentarse con esos problemas y haber hecho decisiones por el control del Espíritu Santo respecto de los mismos.”

“Un cristiano de más años puede no ser espiritual, no porque le haya faltado el tiempo para ello, sino porque durante los años de su vida cristiana no ha dejado que el Espíritu Santo le controle.”

“Un cristiano puede retroceder en ciertos aspectos de su vida, sin perder el terreno que ha ganado … La carne puede controlar sus acciones durante el período de retroceso, pero cuando vuelve al Señor no tiene que empezar necesariamente el proceso de crecimiento otra vez.”

2. Cómo se manifiesta la madurez cristiana

En el Nuevo Testamento encontramos una familia de palabras en el original griego que son traducidas igualmente como madurez o perfec­ción. Lee los siguientes pasajes, y anota cuáles son los temas que está tratando el apóstol al mencionar las palabras madurez o perfección.

a. Efesios 4:13:

Aquí vemos que la madurez tiene que ver con la unidad cristiana basada en una fe y un conocimiento experimental de Cristo. La madurez se demostrará en tus relaciones con los otros cristianos. Si no puedes vivir en unidad con tus hermanos, estás mostrando inmadurez.

b. Filipenses 3:15 (7-15):

La madurez (perfección), te hará mirar siempre hacia adelante, a la meta de la gloria con Dios, sin fluctuar ni detenerte por los problemas en tu vida cristiana. Tampoco estarás envaneciéndote por tus triunfos pasa­dos, ni lamentándote por las cosas tristes del ayer.

c. Hebreos 5:12:

Una señal de madurez es el conocimiento de la Palabra de Dios. Pero no sólo haber leído mucho la Biblia, o escuchado sermones y estudios, sino el haberse apropiado la verdad de Dios en la conciencia, y asimilado en la experiencia y conducta.

d. Hebreos 5:14:

La madurez también es saber usar la verdad bíblica, de tal manera que uno no tenga que estar dependiendo como un niño de los demás para tomar decisiones. Es haber aprendido a aplicar los principios bíblicos a las situaciones de la vida diaria. Es saber discernir entre lo bueno y lo malo, a diferencia del niño, a quien hay que enseñarle los rudimentos de la moral y la ética.

e. 1 Corintios 14:20 (12-20):

Madurez implica no dejarte llevar por las emociones ni exaltar sólo los dones espectaculares, sino reconocer el uso que Dios ha señalado para cada uno de los dones en la iglesia, y procurar usarlos de tal manera que sean de verdadera edificación, y no simples fuegos artificiales.

Este concepto debe extenderse a todos los aspectos de tu vida cristiana, desterrando todo tipo de exhibicionismo.

B. EL EQUILIBRIO EN LA VIDA CRISTIANA

Dijimos al comienzo de esta lección que la madurez y el equilibrio siempre van juntos. Esto es importante porque muchas veces los creyen­tes recalcan tanto ciertos aspectos de la enseñanza de la Palabra de Dios, que descuidan o llegan a anular otros aspectos de ella. El resultado es una vida desequilibrada, que no es una vida saludable.

Veamos algunos aspectos de la vida cristiana en los que debe haber equilibrio. Al estudiarlos, pide que el Espíritu Santo te revele si necesitas corregir algunas cosas en tu propia vida.

1. Equilibrio en todo nuestro ser

¿Recuerdas 1Tesalonicenses 5:23? Aunque las cosas espirituales son las más importantes, como creyente sigues siendo espíritu, alma y cuerpo, y cada parte del ser que Dios te ha dado debe ser guardado irreprensible. Por eso no debes descuidar:

a. Tu espíritu, alimentándolo y ejercitándolo con la Palabra de Dios, la oración, la adoración y la comunión con la iglesia del Señor, templo del Espíritu Santo.

b. Tu alma, compuesta por mente, emociones y voluntad.

· Tu mente, creación maravillosa de Dios, necesita ser alimentada con la Palabra de Dios, pero también con el conocimiento de las “cosas del hombre” (1 Corintios 2:11). La cultura general no está reñida con la fe; sólo subordinada a ella.

Tus emociones necesitan expresarse en una forma sana y natural. El amor humano y la alegría tienen su lugar en la experiencia del hijo de Dios; sólo deben estar controlados por la Palabra y el Espíritu.

Tu voluntad necesita ser ejercitada continuamente para cumplir con las demandas de Dios, pero también en las tareas y responsabilidades de la vida diaria en el mundo. La voluntad no es anulada por la fe y la dependencia de Dios; por el contrario, la Palabra de Dios continuamente apela a nuestra voluntad al exhortarnos. El “dominio propio” o “templanza” como fruto del espíritu humano implica esfuerzo (Gálatas 5:23).

c. Tu cuerpo merece también tu atención para alimentarlo debidamen­te (no sobrealimentarlo) y entrenarlo por medio del ejercicio corpo­ral. Lee 1 Timoteo 4:8, y fíjate que Pablo dice que “el ejercicio corporal para poco es provechoso”. No dice “para nada es prove­choso”; sino que lo está comparando con la piedad, que sí tiene promesa para la vida eterna. Recuerda que tu cuerpo es templo del Espíritu Santo, y que con un cuerpo sano y saludable puedes servir mejor al Señor.

2. Eclesiastés 3:1-8.

A la luz de este pasaje, ¿en qué debemos tener equilibrio?

Al dedicamos a las cosas de Dios, no debemos descuidar el tiempo que debemos dedicar al hogar y la familia; el estudio; el trabajo; las relaciones sociales, el descanso, etc., porque aunque “no somos del mundo”, como dijo Jesús, sí estamos en el mundo (Juan 17:15-18).

¿Cómo aplicarías este pasaje a tu horario de trabajo, tus estudios, o tu familia?

3. Equilibrio entre fe y obras

a. Santiago 2:14-26. ¿Por qué debe haber equilibrio entre fe y obras?

b. 1 Juan 2:4. ¿Cómo se manifiesta el equilibrio entre fe y obras?

Recuerda que el primer y más grande mandamiento es: “Amarás a tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente”, y ello te debe llevar a orar, alabarle y adorarle. Pero no olvides el segundo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:27), y eso te debe llevar a actuar en amor y en bien de tu prójimo, quienquiera que sea.

Es una contradicción en sí mismo un cristiano que pretende amar y adorar a Dios, y pasa tiempo sirviendo al Señor, pero que es indiferente al sufrimiento humano; más aún si muestra indiferencia o desamor para con los de su propia familia en la fe o de sangre.

Memoriza el siguiente versículo

“Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar.”

1Corintios 14:20

Notas y comentarios

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