Discipulado Cristiano. Lección 38.

Lección 38

EL CRISTIANO EN EL MUNDO

En tu camino HACIA LA MADUREZ CRISTIANA, ya has visto algo sobre tus responsabilidades en el hogar y en la iglesia. Por supuesto que el aprendizaje, es decir el discipulado, es algo que no terminará para ninguno de nosotros hasta que lleguemos “a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13). Y esto sólo será una realidad perfecta cuando estemos en la presencia del Señor.

En esta lección veremos algo sobre tus responsabilidades en el círculo más amplio del mundo, como hijo de Dios y ciudadano del Reino de los cielos, un tema igualmente importante para tu vida cristiana.

Como te habrás dado cuenta ya hasta aquí, el cristiano no es un ser aislado de las circunstancias y de los tiempos. Tampoco es un ser extraterrestre ni un místico soñador. Por el contrario, el cristiano es uno “enviado al mundo” por su Señor (Juan 17:18), como su embajador y testigo. También es alguien bien parado sobre la verdadera realidad, que es al mismo tiempo espiritual y material, y en cierto sentido, sirve de puente entre esas dos realidades, porque él mismo vive inmerso y consciente de ambas.

Veamos primeramente algunos conceptos importantes, para enten­der correctamente tu fe en relación al mundo, y tu ubicación y relación con él.

A. EL MUNDO Y LA IGLESIA

El término “mundo” se usa en la Biblia principalmente en dos sentidos diferentes:

1. Como sinónimo de “tierra” o “universo”, y figurativamente: la raza humana.

a. Juan 3:16. ¿Por qué envió Dios a su Hijo al mundo?

b. Juan 17:15. ¿Qué pidió Jesús a su Padre?

c. Salmo 24:1. ¿De quién es el mundo?

Dios ama al mundo, incluyendo a la raza humana, creados por Él como “buenos en gran manera”, y para su gloria. Sin embargo, está en contra del “mundo” como sistema de pensamiento y vida alejados de Él y de su voluntad.

El mandato de Cristo es el de “ir” al mundo en su nombre, como embajadores suyos, con el mensaje redentor del Evangelio y las creden­ciales del poder del Espíritu Santo. no somos llamados a aislamos dentro de las cuatro paredes de un templo, sino a ser “luz” y “sal”.

La Iglesia no es algo aparte del mundo, sino que debe estar dentro del mundo para cumplir su misión. Y la Iglesia somos tú y yo y cada creyente con el Espíritu Santo en nosotros.

Tenemos que vivir nuestra fe “en el mundo”, en nuestra interacción con la sociedad en todas sus formas: en nuestro contacto con los vecinos, cmpañeros de estudio o de trabajo; en el ejercicio de las diversas profesiones y oficios; en nuestras relaciones con las autoridades y leyes, etc.

La fe y la ética que mostramos cuando estamos en el templo o con los hermanos, no deben ser diferentes a las que mostramos cuando estamos en el “mundo”. Tiene que haber integridad en nuestra vida. Con estos conceptos como base, vamos a considerar algunos aspectos de la vida del cristiano en el mundo:

B. EL CRISTIANO Y LA POLÍTICA

1. ¿Qué es la política?

El diccionario define la política como “el arte de gobernar y dar leyes conducentes a asegurar la buena marcha del Estado y la tranquilidad y el bienestar de los ciudadanos” (Enciclopedia Universal Sopena).

Dios creó a la humanidad para vivir bajo su autoridad, es decir, bajo una teocracia. A raíz del pecado, Dios establece el gobierno humano como el medio de mantener el orden en el mundo. Veamos algunas afirmaciones de la palabra de Dios:

a. Proverbios 8:15. ¿Para qué ha establecido Dios los gobiernos?

b. Romanos 13:1-5. ¿Avala Dios la existencia del poder político, y qué nos exhorta a hacer con relación a él?

En principio, pues, las leyes y el Estado son buenos y necesarios debido al estado pecaminoso del hombre. La gran limitación está en que el mismo pecado anula casi siempre su eficacia.

2. ¿Puede un cristiano participar en política?

En base a lo que hemos visto hasta aquí, un cristiano puede y debe participar en política, si tiene la capacidad y la vocación para hacerlo. Lo hará como siervo de Dios para bendecir al mundo, al mismo tiempo que estará actuando como testigo y como “luz”.

Brian Griffiths (InterVarsity Magazine, Spring 1967), sugiere que la participación del cristiano puede ser en:

a. Grupos de estudio para orientar a la opinión pública.

b. Grupos organizados para influenciar (de acuerdo a la palabra de Dios) la política del gobierno.

c. Asumir funciones o cargos públicos.

d. Aportar capacidad y competencia técnica y profesional.

e. Grupos de discusión sobre problemas cívicos.

Sin embargo, el cristiano no puede transigir en su ética y su obedien­cia a la letra y el espíritu de la Palabra de Dios. Eso hará que le sea muy difícil participar en política partidaria, porque se le plantearán conflictos de fidelidad muchas veces insolubles.

C. EL CRISTIANO Y EL TRABAJO

El cristiano no es un místico soñador aislado del mundo, ni su fe le dispensa de sus responsabilidades prácticas en la vida diaria. Anota las enseñanzas sobre el trabajo en:

1. Proverbios 24:10:

2. Efesios 4:28:

D. EL CRISTIANO Y EL SUFRIMIENTO HUMANO

El ser hecho ciudadano del Reino de los cielos e integrarse a una nueva familia, la familia de la fe, no anula los lazos de solidaridad que deben existir entre el cristiano y la humanidad sufriente que le rodea. Si va a ser luz y sal, no puede ser indiferente al dolor humano, fruto de su pecado, porque él mismo ha sido liberado de ese pecado por la gracia de Dios. Anota los pensamientos sobre el tema que surgen de los textos siguientes:

1. Lucas 10:27:

2. Lucas 10:30-37:

3. Santiago 2:14-17:

E. EL CRISTIANO Y EL PECADO DEL MUNDO

Al vivir en un mundo lleno de pecado e injusticias, el cristiano está sometido a presiones muy fuertes, y contra los cuales tiene que luchar constantemente. El diablo utiliza todos los medios para tratar de debili­tamos, por lo que es tan importante vestimos de “toda la armadura de Dios”, para poder estar firmes contra sus asechanzas (Efesios 6:10-11).

Algunos de los peligros que corremos como cristianos son:

1. La influencia del pecado por medio de los medios de comunicación (televisión, diarios, revistas, películas, espectáculos). Todo lo que entra por nuestros ojos u oídos queda registrado en nuestra memoria, y el diablo lo usará para mellar las defensas de nuestra conciencia.

2. Adoptar la filosofía de “si todos lo hacen … yo también”, rebajando las normas éticas del Reino a las del mundo.

3. Convertirnos paulatinamente en indiferentes al dolor humano, de tal manera que no sintamos compasión ni atinemos a ninguna acción; o tan indiferentes a la injusticia y la corrupción, que las aceptemos como cosas normales, y no hagamos nada por tratar de corregirlas. La protección para esos peligros está en la comunión constante con el señor y su Palabra, de tal manera que el Espíritu Santo nos dé la sensibilidad espiritual necesaria.

Memoriza el siguiente versículo

“Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irre­prensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo”

Filipenses 2:14-15

Notas y comentarios

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