SECCIÓN C. COMPRENDER LA PROFUNDIDAD DEL DISCIPULADO.

SECCION C

Comprender la profundidad

del discipulado

Comprender la cruz: (Primera Parte)

El poder de la cruz

89

Comprender la cruz: (Segunda Parte)

El misterio de la cruz

93

Comprender la cruz: (Tercera Parte)

La virtud de la cruz

97

¿Qué es el amor?

101

Quebrantamiento y tener un corazón servicial

107

Pruebas, tentaciones y sufrir por Cristo

113

Santidad y ser tocados por el fuego de Dios

119

1. Comprender la cruz: (Primera Parte)

El poder de la cruz

a) Escrituras clave

1 Corintios 1:17-18 Filipenses 2:5-11

Gálatas 6:14 Filipenses 3:20-21

Isaías 52:13-53:12

b) Introducción

La cruz de Cristo está en el corazón de nuestra fe cristiana. Sin ella no tenemos fe, y fuera de su verdad el cristianismo pasa a ser sólo otra filosofía de la vida, un asunto de palabras e ideas. Jesús no vino para darnos otra clase de ideas acerca de Dios, sino al contrario, vino para morir por nosotros. (Marcos 8:31). El concepto de la cruz era una parte esencial, en lo que a Jesús se refiere, del entrenamiento de sus discípulos. El usó la realidad de la cruz para recalcar la necesidad de sometimiento absoluto a la vida del Reino. Ya sabía dentro de sí mismo lo que significaba “tomar la cruz”, y quería que los discípulos tomasen su propia cruz y que le siguiesen (Lucas 9:23).

No hay ninguna virtud en destacar el dolor y horror de la cruz porque sí, pero sí necesitamos entrar, hasta cierto punto, en la realidad del padecimiento de Cristo si alguna vez vamos a apreciar: primero, lo que significó para Dios el salvarnos por medio de la cruz; y segundo, lo que Dios ha logrado para cada uno de nosotros en la muerte de Jesús. Llevamos viviendo mucho tiempo con un concepto doméstico de la cruz. La hemos refinado de su horror, y al hacer eso le hemos robado su poder. El Espíritu Santo quiere que conozcamos la importancia del sacrificio de Cristo, porque esta obra de la cruz debiera ser central en nuestra vida y ministerio. Las Escrituras no esconden nada de la vergüenza y agonía que llevaba envuelta para el amado Hijo de Dios. No es sencillamente el hecho de que muriese lo importante; la manera en que murió tiene la mayor significación para cada uno de nosotros. Las profecías del Antiguo Testamento concernientes a la muerte de Cristo pusieron el mismo énfasis en los detalles de sus padecimientos (Isaías 50:6; Salmo 22:12-18). En la iglesia, en general, hemos reducido a Cristo a nuestra medida y hemos reducido su muerte a dimensiones que podemos manejar espiritual, emocional y teológicamente. Si sintiéramos el profundo horror de la cruz, conoceríamos toda la extensión de nuestro pecado y esto es de lo que huimos dentro de lo más profundo de nuestro corazón y mente. Lo que sucedió aquel día en el Calvario no fue bonito. No había sentimiento en los azotes romanos, y la crucifixión romana ha sido reconocida universalmente como la forma más cruel de ejecución pública jamás inventada. Era una muerte horrorosa, lenta, dolorosa y humillante. Necesitamos ver la profundidad del Calvario. Necesitamos ver que todo lo que podemos tener o ser fluye de este acto de amor. Más que eso, necesitamos reconocer que si hemos de vivir para Dios, entonces necesitamos caminar de la misma manera nosotros mismos.

d) El poder de la cruz

Jesús no experimentó una crucifixión normal y rutinaria. También fue sometido a la humillación pública de un juicio burlesco ante Poncio Pilatos durante el cual abusaron de él. Fue golpeado y desfigurado, le arrancaron la barba y pusieron una corona de espinas en su cabeza como gesto de mofa a su declaración de ser un rey. En el jardín se había enfrentado con la horrorosa verdad de que esta copa era Su copa y no podría ser bebida La presión dentro de sí mismo eran tan intensa que sangró por la frente. Cuando los soldados fueron a vieron que ya estaba muerto, por tanto, no le rompieron las piernas. En vez de eso, le traspasaron el costado y agua. Esto significa que Jesús había muerto literalmente de un corazón roto. Su corazón se había reventado había coagulado: la sangre y plasma se habían separado y cuando fue traspasado, fluyeron de su costado.

No podemos empezar a hablar de sus padecimientos espirituales. Estas cosas están escondidas de n no hay ninguna manera en que pudiéramos comprender jamás lo que significaba para el Hijo desamparado por su Padre. El grito que salió de sus labios resonaba con las palabras del Salmo 22′ Dios mío, ¿por qué me has desamparado? contiene profundidades de sufrimiento que jamás podremos Pero debemos ver que ninguna de estas cosas fue casual. Los hombres le llevaron ¡pero no estaban los procedimientos aquel día! Esta es la imponente verdad del Calvario. ¡Dios el Padre estaba en con entregaba a su Hijo por el alma del hombre! Nosotros huimos del hecho porque sólo sirve para recalcar claridad la extensión de nuestra culpa (Hechos 2:23). Dios, de algún modo misterioso, puso nuestra c y por medio de sus padecimientos fuimos liberados (Isaías 53:4-5). El poder de la cruz para nosotros hecho de que cada detalle de la experiencia de Jesús tiene significación dinámica para nosotros en nuestra necesidad. Desde la caída del hombre, Satanás ha mantenido a hombres y mujeres bajo su estado atados en cadenas de pecado y enfermedad, depresión y desesperación, que han sido experiencia humana. El hombre ha venido a estar sujeto a toda clase de sufrimiento y aflicción como su desobediencia a Dios. En la cruz toda atadura espiritual y emocional, toda aflicción que Satanás humanidad por la desobediencia del hombre, ha sido invertida en el poder del Calvario.

e) Los seis ayes del hombre

En el tercer capítulo de Génesis nos es dado profundamente los efectos del pecado. Después de la caída por su desobediencia a Dios somos introducidos a los tristes efectos de esa desobediencia. Aunque el vivido como un agente libre en comunión con Dios y se le había dado la autoridad para regir sobre en la tierra, ahora estaba en esclavitud. Satanás tenía dominio sobre él y desde aquel momento en a humana ha sido sometida a todo mal y aflicción como resultado del pecado. Aquí el hombre vino a seis terribles ayes que desde aquel momento en adelante han sido la fuente de todo dolor y aflicción alma y espíritu que la raza humana jamás haya experimentado.

(1) Culpabilidad y condenación

Tanto el hombre como la mujer, cuando fueron desafiados por Dios, intentaron evitar esta cu pasaron del uno al otro. Al final, ¡sólo la vieja serpiente tenía la voluntad de aceptar la culpa! el fracaso de la humanidad desde entonces. Ha sido el factor que ha dividido al hombre del hombre de Dios. Hasta que no aceptemos nuestra culpabilidad, no puede haber reconciliación. culpabilidad ante Dios es de tal naturaleza que nunca la podríamos expiar nosotros mismos. ser nuestro portador de culpabilidad. Llevó nuestros pecados en su cuerpo en el árbol (la cruz).

(II) Opresión del diablo

Antes que el hombre cayera no estaba sometido al dominio de Satanás. Ahora que el hombre de Dios, está a la merced de Satanás. Sin embargo, la cruz ha acabado con el poder indiscutido (Colosenses 2:13-15).

(III) Dolor y sufrimiento

En ningún sitio de la Biblia leemos que la enfermedad y el sufrimiento sean la voluntad de humanidad. Son la consecuencia del pecado y encuentran su fuente en la obra de Satanás como resultado de la desobediencia del hombre. Esto no quiere decir que Dios no pueda usar el dolor y sufrí su propio propósito de gracia en nuestra vida: claro que puede. Pero sabemos que esto no es Dios para sus hijos, y en el perfecto Reino de Dios, todos estos elementos ajenos serán descartados “por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24). III Dolor y sufrimiento

En ningún sitio de la Biblia leemos que la enfermedad y el sufrimiento sean la voluntad de humanidad. Son la consecuencia del pecado y encuentran su fuente en la obra de Satanás como resultado de la desobediencia del hombre. Esto no quiere decir que Dios no pueda usar el dolor y sufrimiento para su propio propósito de gracia en nuestra vida: claro que puede. Pero sabemos que esto no es Dios para sus hijos, y en el perfecto Reino de Dios, todos estos elementos ajenos serán descartados “por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24).

(IV) Ansiedad y preocupación

El hombre fue sentenciado a una vida de trabajo duro (Génesis 3: 17-19). Aunque había vivido en un jardín de la munificencia de Dios, rodeado por todo lo que necesitaba para la vida y salud, ahora estaba condenado a dificultad y esfuerzo. Fueron espinas lo que usaron para hacer una corona para Jesús, y la llevó por nosotros. Llevó en sí mismo toda la agonía de espíritu y ansiedad de corazón que pertenece al hombre, mientras intenta encontrar su propio camino en el mundo sin Dios. ¡Qué contraste: el camino de Jesús y la maldición de espinas! Como la llevó por nosotros, somos libres en el poder de la fe, para caminar el camino del Reino (Mateo 6: 33-34).

(V) Muerte

El hombre fue aislado de la fuente de su vida por el pecado. La muerte es el resultado de nuestro pecado y es la suerte común de todo hombre (Romanos 5:12). Sin embargo, la Biblia nos dice-que la muerte física no es el fin, porque el hombre está destinado a morir una vez y después de esto enfrentarse con el juicio de Dios (Hebreos 9:27-28). Pero por medio de la muerte de Jesús el juicio de muerte ha sido quitado. El ha llevado el juicio por nosotros (Hebreos 2:14-15).

(VI) Rechazo y separación de Dios

El hombre fue echado del jardín y ha sido un náufrago espiritual desde entonces. El hombre en el fondo es un ser rechazado: su pecado ha causado una separación entre él y Dios. El grito más profundo de la cruz fue un grito de abandono: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” ¡Jesús vino a ser un abandonado por ti y por mí! No había nada más que pudiera suceder, porque al llevar nuestro pecado en sí mismo, se puso fuera de los límites de la presencia del Padre.

f) Unidos con El

El poder de la cruz está en el hecho de que Jesús llevó todos estos elementos en sí mismos en la cruz y rompió su poder. Venció todo factor negativo que jamás haya amenazado al hombre, y rompió el poder de Satanás que dirige todas estas fuerzas para llevar al hombre a la destrucción.

No es suficiente maravillarse de la obra de Jesús en la cruz; para que esa obra sea efectiva en nosotros, necesitamos recibirla en nuestra propia vida. Fue en el poder del Espíritu Santo que Jesús se ofreció por nosotros (Hebreos 9:14). Es mientras permitimos que el Espíritu Santo haga la misma obra de vencer el pecado, aflicción y el poder de la muerte en nosotros, que entraremos en la verdadera victoria del Calvario.

g) Preguntas y puntos de discusión

1. ¿Qué hace que el cristianismo sea diferente de otras religiones, ideas y filosofías? Discútelo.

2. ¿Por qué tuvo que morir Jesús en la cruz por nosotros?

3. ¿Por qué tuvo que pasar Jesús por una muerte tan dolorosa, humillante e interminable?

4. ¿Cómo pudo Dios el Padre permitir a su Hijo hacer lo que hizo? Si está en control; ¿por qué era necesario? 5. ¿Fue la cruz el punto fundamental en la historia?

6. ¿Por qué ha vencido la obra de Jesús en y alrededor de la cruz el poder de Satanás, y qué significa para la gente en general?

7. ¿Cumple lo que leemos sobre la cruz en el Nuevo Testamento lo que fue hablado de ella en el Antiguo Testamento? Por ejemplo, lee Isaías 52:13-53-12.

8. ¿Cómo podemos tomar nuestra cruz y seguir a Jesús como lo pide cuando nos damos justa cuenta de cuánto hizo realmente Jesús cuando tomó su cruz? (Lucas 9:32).

h) Resumen y aplicación

1. La cruz de Cristo está en el corazón del discipulado cristiano.

2. Nuestra salvación le costó a Jesús todo.

3. Para que la cruz del Calvario sea efectiva necesitamos recibir el poder de ella en nuestra vida.

4. ¡Para ser verdaderos discípulos de Jesús necesitamos tomar nuestra propia cruz y seguirle!

5. El hombre ha causado su propia ruina, pero Dios todavía estaba dispuesto a mandar su propio Hijo Jesús a sufrir y morir por nosotros y darnos otra oportunidad.

2. Comprender la cruz: (Segunda Parte)

El misterio de la cruz

a) Escrituras clave

Juan 12:23-33 Hebreos 12:1-3

Gálatas 3:13 Corintios 1:23-25

Marcos 8:34-38

b) Introducción

La expiación es Dios satisfaciendo las exigencias de su propia naturaleza santa, a la vez que manifestando la intensidad de su amor hacia la humanidad. Dios hizo que Jesús llevara el castigo de nuestros pecados y que llevara nuestra culpa en Sí mismo como nuestro sustituto (1 Pedro 2:24). Jesús hizo algo más que lo que hizo jamás el concepto antiguo testamentario de ofrenda por el pecado. El se convirtió en nuestro sustituto, no sólo por el hecho de llevar el pecado sobre sí mismo, sino por llevar nuestro pecado en sí mismo (2 Corintios 5:21). La victoria sobre el pecado, la muerte y el poder de Satanás fue no solamente obrada por El, fue lograda en El.

c) La diferencia entre el pecado y lo pecaminoso

Jesús realmente fue hecho pecado con nuestro pecado. Jesús no se convirtió en pecador; es decir, no era pecaminoso. No fue castigado por ningún pecado propio, sino que llevó en sí mismo el castigo por nuestros pecados. Jesús se ofreció como sacrificio perfecto sin mancha (Hebreos 9:14). P.T. Forsyth dijo sobre Jesús: “Dios le hizo pecado, le trató como si fuera pecado pero no le vio como pecaminoso. Dios amorosamente le trató como a pecado humano, y con su consentimiento juzgó el pecado humano en El y sobre El. Cristo nunca pudo confesar culpabilidad personal”. Este es el corazón del Calvario. Dios no hizo frente a la cuestión del pecado meramente observando la muerte física de su Hijo. No, Jesús entró en esa muerte. El pecado del hombre y la desobediencia a Dios tiene muchos resultados; por ejemplo, la muerte física del hombre; juicio y abandono divino; muerte hacia Dios; opresión y esclavitud de Satanás; y enfermedad. Para que el hombre fuera liberado del hecho y efecto de su pecado, el Hijo necesitaba llevar todo ese pecado en sí mismo. El Hijo de Dios se convirtió en todo nuestro pecado. Necesitamos venir en temor reverencial al Calvario.

d) La diferencia entre humano y mortal

El ser humano, en cuanto a nosotros, es ser mortal. Pero Dios originalmente no creó el hombre para ser mortal, es decir, sujeto a la muerte. Génesis 3:22 deja claro que Dios expulsó al hombre del jardín de Edén para impedir que comiera del árbol de vida por el cual podría vivir para siempre. Dios aislaba al hombre de la fuente de su vida eterna por su desobediencia. Desde ese momento en adelante, el hombre pasó a estar sujeto a la muerte como juicio de Dios y, si tomas el registro bíblico en serio, sus años empezaron a ser más cortos cuanto más lejos iban de sus principios con Dios, hasta que fueron puestos a 120 años en términos del viejo pacto (Génesis 6:3). Sin embargo, la mayoría de nosotros solamente llegaremos a los 70-80 años (Salmo 90:10).

Jesús mismo no estaba sujeto a la muerte del hombre hasta que llevara el pecado en Sí mismo, porque la muerte es el resultado del pecado (Romanos 5:12). Jesús no era pecaminoso, por tanto no vivió su vida bajo la amenaza de la muerte como resultado necesario del pecado. Jesús fue el único hombre que jamás haya vivido que tenía la autoridad de vida en El (Juan 10:17-18). Esta es la tremenda realidad del Calvario. El único que no tenía necesidad de morir, ya sea espiritualmente o físicamente, fue el mismo que llevó la muerte en sí mismo para romper el poder de la misma (Hebreos 2:14-15). En la cruz fue el Inmortal quien fue matado. Jesús fue humano pero inmortal. La lucha de Jesús en el jardín de Getsemaní fue debida a la horrenda realidad que reconoció que estaba delante de El. Sabía que iba a tomar el pecado humano en Sí mismo e iba a conocer la muerte como resultado, pero se sometió completamente a la voluntad del Padre. Ningún hombre con fuerza humana normal hubiera podido enfrentarse jamás a lo que Jesús se enfrentó (Lucas 22:41-44).

Aquí es donde está el poder del Calvario en nosotros: no cuando intentamos comprenderlo todo, porque no lo haremos nunca; sino cuando nos humillamos ante El, aceptamos su misterio y poder y cuando recibimos en nosotros mismos su efecto salvador.

El Hijo de Dios el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

(Gálatas 2:20)

e) Nacido de Dios, no de Adán

La verdad del nacimiento virginal es de suma importancia para nuestro entendimiento tanto de la vida como de la muerte de Jesús. Está claro que la vida que Jesús vivió fue vivida en un cuerpo real de carne. No puede haber duda en que experimentó tentaciones reales. El fundamento de su humanidad era igual al fundamento de nuestra humanidad en cuanto a esto se refiere (Hebreos 4:15). Sin embargo, había algo en Jesús que le diferencia de todos los demás hombres. No estaba sujeto al pecado, y tenía el poder para vencer toda tentación que venía a su puerta. Jesús no nació de Adán: nació del Espíritu Santo.

Este no es el caso de los hombres cuando nacen en el mundo. Toman su linaje del viejo Adán; toman sus debilidades del viejo Adán; toman su pecado del viejo Adán. Jesús es el último Adán, el hombre del cielo (1 Corintios 15:45-49). Es como ellos en cuerpo, pero no en espíritu. Los hombres no toman la semejanza del hombre del cielo hasta que ellos también nazcan de Dios por medio del Espíritu Santo (Romanos 8:3; Juan 1:12-13).

f) Jesús venció el pecado

Jesús tuvo que vencer el pecado a dos niveles. Primero, al nivel de la vida cotidiana, donde venció el dominio del pecado en la carne por su perfecta obediencia al Padre en el poder del Espíritu Santo. Segundo, en términos del juicio de Dios sobre el pecado, por medio del cual recibió en sí mismo el castigo del pecado y de ese modo expió totalmente por ello, y derrotó el poder de la muerte por Su propia muerte en la cruz. Jesús nació del Espíritu y vivió en el poder del Espíritu. Nunca supo lo que era pecar. En efecto, Jesús vivió al nivel de la verdadera humanidad para la cual Adán fue creado y en la cual vivió hasta que cayó por la desobediencia. Jesús tenía un cuerpo real de carne. Era como el nuestro, ya que era susceptible a la tentación, como era la carne de Adán antes de caer. Pero era diferente al nuestro en que era gobernado por el Espíritu de Dios, y nunca conoció la realidad del pecado hasta el fin. Aquí es donde vemos la inmensidad de su ofrenda en la cruz. En este momento hizo algo que nunca había experimentado antes, se abrió a la realidad y efectos del pecado dentro de su propio cuerpo. No a su pecado, sino al pecado de todos los demás hombres, y en Sí mismo recogió todos sus horribles efectos y juicio (2 Corintios 5:21). A.W. Tozer escribió: “La vieja cruz es un símbolo de muerte. Representa el repentino fin violento de un ser humano. En tiempos romanos el hombre que llevaba su cruz y empezaba el camino no volvía. No salía para que redimieran su vida, sino para que la acabaran”.

g) Preguntas y puntos de discusión

1. Lee Lucas 22:39-46 y Mateo 26:36-46. ¿Por qué crees que Jesús pasó por este momento y por quién lo hizo?

2. ¿Cómo se ocupó de nuestro pecado? (Hebreos 4:15; 9:26).

3. ¿Por qué era el sacrificio de Jesús en la cruz aceptable a Dios para nuestra salvación? (2 Corintios 5:21; Romanos 8:3-4).

4. ¿Por qué tenemos vida eterna como resultado de la obra de Jesús en la cruz? (Romanos 6:5-14, 23).

5. ¿Por qué se llama Jesús el último o segundo Adán? (1 Corintios 15:22, 45-49).

h) Resumen y aplicación

1. Nuestro Padre celestial ofreció a su Hijo puro y sin pecado en la cruz para ser pecado por todos los hombres.

2. El hombre produjo su propia caída debido a su propia desobediencia, pero Dios alzó a Jesucristo, el último o segundo Adán para romper el poder de ésta y librarnos.

3. Jesús es nuestro sustituto. El castigo que merecemos, El lo llevó en su Yo sin pecado en la cruz del Calvario.

4. Cuando nos damos cuenta de cuánto Jesús tuvo que sufrir por nosotros, ¿podemos hacer menos que tomar nuestra propia cruz, como nos

lo pide, y seguirle a El?

3. Comprender la cruz: (Tercera Parte)

La virtud de la cruz

a) Escrituras clave

1 Juan 2:1-2 1 Juan 4:4

2 Pedro 1 3 1 Pedro 2:24

b) Introducción

Satanás quiere que vivamos en incredulidad y desesperación y que dejemos de creer que el Padre puede cubrir nuestras necesidades. Pero Dios ha establecido sus promesas y principios en la cruz del Calvario. Si Dios faltara en sostener a su pueblo y cubrirle en todo punto su necesidad espiritual, física y material, estaría negando la obra que ha llevado a cabo por medio de su Hijo Jesús (2 Corintios 8:9). Hay cuatro áreas en que necesitamos ver la obra acabada de Cristo: perdón, provisión, victoria y sanidad.

c) La virtud del perdón

La autocondenación es una característica común de nuestra experiencia humana. Muchos creyentes cristianos sufren de condenación de espíritu. La realidad de los fracasos diarios en nuestro caminar con Dios, y la presión de nuestra interacción diaria con otra gente a menudo llevan a sentimientos de indignidad e insuficiencia. El perdón es un hecho desde el punto de vista de Dios. En Cristo, ha cubierto todos nuestros pecados y cuando venimos a El en arrepentimiento y confesión nunca deja de limpiarnos y darnos ese sentido de libertad y frescura que es nuestro derecho por la muerte de nuestro Salvador. Pero al diablo nunca le gusta dejarlo allí. Le encanta aprovecharse de nuestros sentimientos de debilidad e intenta llevarnos de nuevo a la condenación y esclavitud en nuestro corazón. Aquí es donde necesitamos recibir nuestro perdón. Satanás intenta convencernos de que, de algún modo, necesitamos pagar por nuestros pecados. Pero esta es una contradicción total a la enseñanza de las Escrituras y a la obra del Calvario. Jesús ha cubierto toda nuestra deuda y necesitamos recibir nuestro perdón en El (1 Juan 1:7-9). Tenemos un Salvador que está en estos momentos hablando con el Padre en nombre nuestro. Al abrir la boca y pedir perdón El está nombrando nuestro nombre ante nuestro Padre celestial.

d) La virtud de la provisión

Al diablo no le importa que creamos en Dios, mientras sea un Dios que no hace nada. El propósito de Satanás es romper la relación de confianza en Dios que el Espíritu Santo trae a la vida cuando nacemos de nuevo por su poder. Es por el Espíritu que conocemos a Dios como nuestro Padre, y es por El que venimos a Dios nuestro Padre en sencilla confianza y fe (Romanos 8:15-16). “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con El todas las cosas?” (Romanos 8:32). Cada vez que luchamos con un sentimiento de necesidad deberíamos volver al Calvario. Después de Jesús cualquier otra provisión ¡es una nota al pie de una página! Todo lo que podarnos necesitar está incluido en El, y por fe en El conocemos esa liberación que nos da su provisión en nuestra vida día a día.

e) La virtud de la victoria

En su muerte, Jesús consiguió victoria para nosotros sobre el pecado, la muerte, el mundo y el poder de Satanás: los grandes enemigos que persiguen los pasos de todo ser humano. Satanás continuamente trata de llevarnos a la derrota y debilidad por estos medios. Necesitamos tener clara nuestra victoria en Jesús, para que podamos vencer a Satanás en sus ataques a nuestra vida. Jesús ha ganado por nosotros la victoria sobre el pecado y la muerte (Romanos 5:12,15).

Las dos grandes armas de Satanás: la culpabilidad y el miedo, son, por consiguiente, inefectivas en la vida de cristiano que se mantiene firme en la obra acabada de la cruz. Jesús ha ganado por nosotros la victoria sobre e mundo. El mundo es aquel sistema satánico de maldad que ha impregnado el orden de Dios y la sociedad humana; el cual lleva a los hombres y mujeres a la oscuridad y lejos de Dios. Pero por la obra acabada de Cristo en la cruz que venció los principados y potestades de este mundo oscuro, podemos compartir su victoria en el poder presente del Espíritu Santo (1 Juan 5:4-5). Ha ganado por nosotros victoria sobre Satanás. La cruz fue, en efecto, la batalla císmica entre el poder de Dios y el poder de Satanás. Todo lo que fluye a nosotros desde la cruz, es posible porque Jesús ganó la victoria. Aquella victoria no fue ganada en algún rincón oscuro y secreto, sino en la arena pública para que todos la vieran. Cuando Jesús clamó “consumado es”, no clamaba en debilidad o desesperación sino que proclamaba públicamente la poderosa victoria de Dios. En Jesús, Dios ha vencido todos los poderes de la tinieblas, así que ya no constituyen una amenaza a los que se mantienen en fe en Cristo Jesús (Colosenses 2:13-16)..

f) La virtud de la sanidad

El don universal que viene a la humanidad desde la cruz es el don de salvación en el sentido de perdón de pecados Sin embargo, la cruz del Calvario también es la base de cada otra provisión que el Padre nos puede dar y nos dará según su voluntad. Esto incluye sanidad. Hay factores que controlan si estas provisiones serán dadas en cada caso, por ejemplo, cuando necesitamos ejercitar más fe, o cuando nuestra vida impide que el Padre sea tan generoso como quiere ser. Hay también otros factores escondidos. Sin embargo, esto no nos debería frenar la oración en fe o pedir al Padre ayuda en todo momento de necesidad. Podemos confiar en el Señor, pero no le podemos manipular (Deuteronomio 29:29). Tres hechos principales muestran que la sanidad del cuerpo es una parte íntegra del propósito del Padre en la obra del Calvario.

(I) Dios ha establecido el principio de sanidad en la muerte y resurrección de Jesús. Jesús murió contusionado y roto. Pero fue resucitado sano e ileso.

(II) Las Escrituras testifican claramente de la inclusión de la sanidad física como parte de la obra del Calvario (Romanos 8:11). Jesús murió, no solamente para llevar nuestros pecados, sino para llevar nuestras penas y nuestras enfermedades (Isaías 53:4-5; 1 Pedro 2:24). Jesús murió no solamente para salvar nuestra alma; sino todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo.

(III) El testimonio directo de sanidad está hoy en el poder del Espíritu Santo: el propósito de Dioses que vivamos
ahora en lo bueno y con el poder de la vida eterna. ¡No existe tal cosa como un creyente sin sanar!

La realidad es que la cruz fue el encuentro decisivo en la batalla entre el bien y el mal. Allí Satanás fue por fin desnudado de su poder y su destino fue sellado definitivamente. ¡Pero todavía existe una guerra! Asimismo la obra decisiva ha sido conseguida para nuestra sanidad, pero todavía no estamos plenamente sanados. Cada milagro de la gracia de Dios es un milagro de promesa. Es un tipo o indicador de lo que nos pertenecerá cuando Jesús venga en su Reino de gloria. El hecho de que la batalla está ganada, pero no acabada, no nos impide ocuparnos en la guerra espiritual a todos los niveles en el día de hoy. Al contrario, nos debería estimular. Así es con la cuestión de sanidad, ¡porque ciertamente esta es parte de la batalla! No deberíamos inhibirnos de orar sólo porque nos damos cuenta de que todavía, no todo es perfecto.

g) Seis razones por las cuales fallamos en recibir-nuestra sanidad

(1) Alguna gente no tiene fe en Dios para su sanidad (Santiago 5:15).

(II) El pecado personal sin confesar crea una barrera a la gracia de Dios (Santiago 5:16).

(III) La desunión persistente y extensa, el pecado e incredulidad en cuerpos de creyentes y familias impiden sanidad en los miembros individuales del cuerpo (1 Corintios 11:30).

(IV) Por diagnóstico incompleto o incorrecto de lo que causa sus problemas, ]agente no sabe orar correctamente.

(V) Alguna gente supone que Dios siempre sana instantáneamente, y cuando no es sanada inmediatamente, deja de orar.

(VI) Alguna gente busca en la dirección equivocada su sanidad. Es importante oír la Palabra de Dios con respecto al proceso de sanidad. Algunos tendrán un toque sobrenatural directamente de Dios para su sanidad, pero otros recibirán alivio y sanidad por ayuda médica o quirúrgica. Recuerda, no toda sanidad viene de Dios, por consiguiente, es importante para nosotros ejercitar el don de discernimiento cuando viene a estas áreas profundas de la vida.

h) Conclusión

E ningún sitio es el amor incondicional más plenamente expresado que en la cruz (1 Juan 4:10). Necesitamos ser animados para venir como niños a nuestro Padre celestial. El sabe lo que es mejor para nosotros. Necesitamos venir al trono de gracia con confianza, para que podamos recibir misericordia y hallar gracia para ayudarnos en nuestra hora de necesidad (Hebreos 4:16). Dios ha asegurado nuestro porvenir en cada área por medio de la vida, muerte y resurrección de Jesús (Romanos 8:32).

i) Preguntas y puntos de discusión

1. ¿Por qué tantos cristianos se sienten condenados, indignos e insuficientes? Discútelo.

2. ¿Qué provisión ha asegurado Dios para nosotros para liberamos de condenación, y qué necesitamos hacer? (1 Juan 1:7-9)

3. ¿Es el sacrificio que hizo Jesús suficiente para cubrir todas nuestras necesidades?

4. ¿Dónde está Satanás con relación a nosotros y cuánto poder tenemos disponible para nosotros cuando estamos en Cristo? (Efesios 1:17-23).

5. Lee y discute las seis razones por las cuales fallamos en recibir nuestra sanidad, y compáralas con los tres hechos principales demostrando que nuestra sanidad es una parte íntegra de la obra de Jesús en la cruz.

j) Resumen y aplicación

1. Dios ha prometido cubrir toda necesidad espiritual, física y material para todo su pueblo por la obra de Jesús en la cruz.

2. Los hijos de Dios deberían ser libres de condenación, porque tienen disponible para sí el perdón de Dios. 3. Dios ha prometido cubrir todas nuestras necesidades según sus riquezas en gloria (Filipenses 4:19).

4. Jesús ha ganado para nosotros la victoria sobre el pecado, la muerte, el mundo y el poder de Satanás por su obra en la cruz.

5. La sanidad del cuerpo es una parte íntegra del propósito de nuestro Padre celestial en la obra de Jesús en la cruz del Calvario.

4. ¿Qué es el amor?

a) Escrituras clave

1 Corintios 13:1-13

1 Juan 4:7-21

1 Juan 3:1-24

1 Pedro 4:8

Mateo 22:36-40

Romanos 13:8-10

Efesios 3:17-19

b) ¿Qué es el amor?

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser.

(1 Corintios 13:4-8)

La palabra usada más frecuentemente por “amor” en el Nuevo Testamento es “ágape”. Esta es una palabra característica del cristianismo porque expresa una idea poco conocida hasta que surgió el cristianismo. Es una palabra que expresa un amor que es de sacrificio, incondicional y desinteresado. Dios nos demostró lo que esta palabra significaba al mandar a su Hijo Jesús al mundo para sufrir y morir por nosotros que somos totalmente indignos.

En esto hemos conocido el amor, en que El puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.

(1 Juan 3:16)

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:8)

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó a nosotros, y envió a Su Hijo.

(1 Juan 4:10)

(Véase también Efesios 2:4-5; Juan 3:16)

Además, Dios nos ayuda a amarle. “Ágape expresa el profundo y constante amor e interés de un ser perfecto hacia objetos totalmente indignos, produciendo y promoviendo en ellos un amor reverente hacia el Dador, y un amor práctico hacia aquellos que participan del mismo y un deseo de ayudar a otros a que busquen al Dador”. (A.E. Vine: Diccionario Expositivo). En otras palabras, Dios nos ama profundamente pese a nuestros sentimientos y también nos ayuda a amarle, a amar a otros cristianos y a amar a la gente del mundo para traerlos a El. El amar a Dios de esta manera significa vivir para agradarle poniéndole a El y sus deseos primero en nuestra vida. El amar a Dios verdaderamente con todo nuestro ser es el mayor de todos los mandamientos (Mateo 22:36-40; Deuteronomio 6:4-7).

c) ¿Cómo deberíamos demostrar nuestro amor a Dios?

1. Deberíamos estar agradecidos por quién es Dios. Dios el Padre es un Dios de amor, perdón, misericordia, fidelidad y justicia, etcétera.

2. Podemos dar gracias y gozarnos por todo lo que Dios ha hecho por nosotros. Ha hecho grandes cosas por nosotros que no necesitaba hacer, en especial al mandar a su Hijo Jesús y revelarse a nosotros. Ha hecho una manera para que nosotros viniéramos a ser parte de su Reino y de convertirnos de hecho en sus hijos (1 Juan 3:1).

3. Deberíamos desear conocer a Dios mejor, en especial mientras leemos y meditamos su Palabra y tenemos comunión con El en oración.

4. Podemos vivir una vida que agrade a Dios. Esta se muestra realmente cuando:

– Hacemos importante para nosotros lo que es importante para El (por ejemplo, crecer espiritualmente p ser como Jesús, demostrar amor el uno al otro y ayudar a llevar a cabo la comisión de Jesús, de hacer discípulos para El, de todas las naciones).

-Vivimos un estilo de vida que agrade a Dios antes que a nosotros o al mundo (1 Juan 2:15-17).

-Voluntariamente tomamos las cargas de Dios por el mundo, en especial en oración (Mateo 6:9-10).

-Voluntariamente hacemos sacrificios por Dios e incluso estamos dispuestos a entregarlo todo si nos pide (Marcos 12:41-44).

5. Deberíamos ser obedientes a la Palabra de Dios y sus mandamientos (Juan 14:15; Mateo 7:21-23; 1 Juan 5:2-3).

6. Podemos decirle a Dios que le amamos cuando oramos, hablamos, alabamos y cantamos.

7. Pode8. Deberíamos amara nuestros hermanos e incluso a nuestros enemigos. El amor ágape está resuelto a buscar lo mejor de los demás.

Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte.

(1 Juan 3:14)

Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón.

¿ Cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en

verdad.

(1 Juan 3:17-18)

Amad a vuestros enemigos, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.

(Mateo 5:44)

(Véase también Juan 13:34-35; Romanos 12:9-10; Gálatas 5:14; 1 Pedro 4:8)

d) El amor es importante

El amor es la cualidad más importante del Reino de Dios. El saberlo todo, mover montañas, dar todo lo que tenemos a los pobres, e incluso morir por nuestra fe no significa nada si no tenemos amor (1 Corintios 13:1-3). El conocimiento y los dones del Espíritu son importantes, pero al final todo será revelado y estas cosas no serán tan importantes. Entonces, si basamos toda nuestra vida y ministerio en estas cosas, acabaremos sin nada porque estas cosas perecerán y serán perdidas. Serán como los juguetes de los niños que son divertidos y necesarios cuando somos niños, pero inútiles cuando somos adultos. Necesitamos crecer en cosas más importantes, productivas y fructíferas, tales como la fe, la esperanza y el amor (con mayor importancia el amor). El amor es la gran arma del cristianismo, no la sanidad ni la profecía. El amor nunca deja de ser, pero todo lo demás perecerá. Puede que los dones del Espíritu sean el medio de expresar el amor de Dios, pero con mucha frecuencia nos fijamos en el don y olvidamos por qué fue dado. Los dones están allí para señalar a la gente hacia Jesús, y demostrarle el amor de Dios (1 Corintios 13:8-13). Los pasajes en la Biblia acerca de los dones del Espíritu Santo siempre están equilibrados con pasajes acerca del amor. Van mano a mano, porque el poder sin amor es peligroso. El poder sólo debería ser una manera de capacitar y expresar el amor. El amor es lo que cuenta. El amor para Dios y los demás debería ser la fuerza motivadora detrás de todo nuestro obrar para Dios.

e) El amor mantiene al cuerpo de Cristo unido

El amor de Dios es el cemento que mantiene unida a la iglesia, la cual es el cuerpo de Cristo. Necesitamos trabajar en esto por actos de consideración, ánimo y desinterés. No sólo necesitamos ir con cuidado con nuestras acciones sino también con nuestras reacciones a lo que otros hagan o digan. Este es el amor puesto a prueba. Recuerda que Dios es paciente con tus fallos y quiere que tengamos paciencia con los fallos de los demás. Puede que veas tus fallos insignificantes comparados con otros, ¡pero puede que ellos y Dios no lo vean de esa forma! (Mateo 7:1-5).

¿Dónde estaríamos sin un Dios perdonador? (Hebreos 9:27-28). Un espíritu perdonador es lo que debes tener en el corazón aun antes que la persona que te haya agraviado haya pedido disculpas. Nadie es perfecto excepto Jesús. Todos fallamos, en especial en el área de las relaciones. Busca lo bueno en la gente y no mires sus fallos: ten paciencia con aquellos que tienen debilidades (1 Timoteo 1:15-17). Cuando la comunión se rompe entre creyentes, tú eres responsable de actuar, incluso cuando la otra persona esté totalmente equivocada. Dios quiere que aquella gente sea restaurada a un lugar correcto con El, por lo tanto perdónales y gánales de nuevo (Efesios 4:32). “Soportándoos unos a otros” y “teniendo un espíritu perdonador” son conceptos sinónimos, es decir, iguales (Colosenses 3:13), pero no son reacciones automáticas que siguen a nuestra conversión en discípulos de Jesús. Estas acciones envuelven un acto deliberado de la voluntad. Necesitamos hacer una elección deliberada de mantener la unidad a pesar de lo que nos cueste a nosotros en el cuerpo de Cristo (la iglesia).

f) Los que aman al Señor tienen muchas bendiciones

Incluidas:

– Dios es fiel, guardando su pacto de amor a mil generaciones (Deuteronomio 7:9; Éxodo 20:6). El amor de Dios les seguirá (Salmo 23:6).

– Dios les guarda (Salmo 145:20).

– Dios les ama (Proverbios 8:17).

– En todas las cosas Dios obra para su bien cuando son llamados y están conformes a su propósito para sus vidas (Romanos 8:28).

-“Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman”. (1 Corintios 2:9).

– Dios vive en ellos (1 Juan 4:16).

g) Cinco maneras en que recibimos el amor de Dios

1. Directamente de Dios, es decir, dejamos que Dios abra su amor en nuestra vida (1 Tesalonicenses 3:12; 2 Pedro 1:3).

2. Por conocer a Dios cada vez en mayor medida. Hacemos esto al pasar tiempo con El; orar, escuchar, buscar y adorar etcétera. (Juan 17:26; 1 Juan 4:8).

3. Por entender los mandamientos de Dios y luego obedecerlos (Juan 14:21). El poner a Dios en primer lugar, a otros en segundo, y a nosotros mismos por último, crea una armazón para que Dios obre su amor en nuestra vida.

4. Por entregar nuestra vida al Espíritu Santo para que pueda producir su fruto de amor en nosotros (Romanos 5:5; Gálatas 5:22).

5. Por hacer una elección consciente, de vestirse con amor y desechar todas las cosas que Dios no quiere. El amor está disponible para nosotros, podemos vestirnos con él o rechazarlo, obrar hacia él o ignorarlo (Colosenses 3:12-14; 2 Pedro 1:5-9). Persigue el amor junto a aquellos que claman al Señor con un corazón puro (2 Timoteo 2:22).

h) El amor es la meta

El apóstol Pablo tenía el amor como meta para su ministerio. En 1 Timoteo 1:3-7 Pablo nos muestra que necesitamos tres cosas para obrar el amor de Dios en nuestra vida. La razón de esto es que si estas tres cosas no están de acuerdo con lo que Dios quiere, lo que hacen es esbozar el amor de Dios y por consiguiente no podemos recibir el amor de de la manera que El pretende para nosotros, y la manera que necesitamos. Estas tres cosas son:

1. Un corazón puro: nuestro corazón necesita estar limpio y puro antes que Dios nos pueda dar de sí mí Para estar limpios necesitamos valernos de la obra de Jesús cuando derramó su sangre en la cruz. Esta sangre derramada nos capacita para recibir el perdón de Dios y su limpieza, si sencillamente confesamos nuestro pecado. También necesitamos perdonar a los demás, porque Dios quiere que nosotros a quien se nos perdonado mucho no tengamos rencor o deudas contra los demás. La pureza también habla de constan Necesitamos ser los mismos y reaccionar de la misma manera, no importa con quién estemos o cuál sea situación (1 Pedro 1:22; 2 Timoteo 2:22; Mateo 5:8).

2 Una buena conciencia: necesitamos estar en paz con nuestra conciencia, porque si está turbada, he cruzado una frontera incorporada en nosotros y hemos entrado en una situación de pecado. Nuestra conciencia es el timbre de alarma de Dios y cuando está perturbada nos sentimos incómodos con nosotros mismos y Dios. Necesitamos tener una conciencia limpia y esto nos habilita para entrar con audacia una vez más en presencia de Dios y libremente recibir el amor de Dios en nuestra vida (1 Timoteo 1:19; Hechos 24:16). Cuan pedimos a Dios que nos perdone por el pecado que ha hecho estallar nuestra conciencia, entonces la sangre Cristo limpiará nuestra conciencia y la hará limpia de nuevo (Hebreos 9:14).

3. Una fe sincera: hemos de vivir por fe. “Sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). Tendríamos q tener la fe por la cual mantenernos firmes y la fe para ir más allá de nuestros límites. Para hacer esto no podemos sencillamente confiar en nuestros propios recursos humanos. Necesitamos entrar en Dios y salir fuera de nosotros. Esto significa dar el control a Dios. ¡Es como darle a Dios no sólo el volante sino todo el coche! El, entonces, está libre para ir donde quiera y nosotros sólo le acompañamos. Así Dios puede obrar en nuestra vida el amor que es tan importante (Gálatas 5:6).

Preguntas y puntos de discusión

1. ¿Aprecia Dios señales de nuestro amor por El? (Marcos 14:3-9).

2. Lee Lucas 10:25-37. ¿Qué deberíamos hacer para heredar la vida eterna?

¿Quién es nuestro prójimo?

¿Cómo deberíamos tratar a nuestro prójimo?

3. Lee 1 Juan 4:7-21. ¿De dónde viene el amor?

¿Cómo es el amor consumado en nosotros?

¿Podemos confiar en el amor que Dios tiene por nosotros?

¿Por qué es el amor consumado en nosotros?

¿Hay miedo en el amor y por qué?

¿Podemos amar a Dios y odiar a nuestro hermano?

4. Discute maneras en las que podrías mejorar tus relaciones en la iglesia y en el mundo.

5. Dios sacrificó a su Hijo por nosotros. ¿Qué podemos darle y entregarle de buena gana?

6. ¿Por qué sigue el amor de Dios a los que son sus discípulos? (Salmo 23:6).

7. ¿Por qué debería ser el amor nuestra meta fundamental?

j) Resumen y aplicación

1. El amor ágape es el amor que Dios tiene por nosotros y que quiere que tengamos por El y los demás. Este es el amor desinteresado, de sacrificio e incondicional.

2. Si no tenemos amor, no somos nada, y si hacemos cosas sin amor, no ganamos nada (1 Corintios 13:1-3).

3. “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”. (1 Juan 4:8).

4. “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor. Como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante”. (Efesios 5:1-2).

5. El amor es demostrado por las acciones que incita.

6. El amor es el cemento que mantiene al cuerpo de Cristo unido. 7. El amor a Dios trae muchas bendiciones.

8. “Todas vuestras cosas sean hechas con amor”. (1 Corintios 16:14).

5. Quebrantamiento

y tener un corazón servicial

A. QUEBRANTAMIENTO

a) Escrituras Clave

1 Corintios 1:27-29 Santiago 4:10

Gálatas 2:20 2 Corintios 12:9-10

b) Dios no puede usar “algos”

Muchas veces estamos conscientes de cuánto se necesita cambiar si hemos de conocer el poder de Dios obrando dentro de nosotros hasta llegar al punto que El quiere. Satanás siempre está haciendo un llamamiento a aquel deseo intrínseco que todos tenemos de ser “algo”. Incluso en términos de nuestra vida cristiana ese impulso básico es una fuerza tan fuerte que muchas veces motiva nuestro mismo servicio para Dios. Queremos ser “algo” para Dios. Sin embargo, frecuentemente hay tanto de la carne mezclado con aquel deseo que el diablo puede explotar ese impulso íntimo. Incluso están tan mezclados y el equilibrio está tan cargado en favor de la carne, que la obra del Espíritu está casi anulada o disipada.

Esta es la tragedia de nuestra vida. Hay mucho potencial para Dios, pero le damos poco sitio para obrar. Mucha de nuestra vida cristiana realmente es la vida antigua vivida bajo el disfraz religioso o espiritual. ¡Qué cerrados somos a la realidad de Dios y su gloria y qué manchada está nuestra vida, por el autointerés y orgullo que dominan nuestra experiencia!

Esto no es lo que Dios desea que seamos. El problema es que Dios realmente no puede usar “algos”. Es en la vida de los que son descritos en la Escritura como ser “nada” que Dios ha escogido manifestar su poder y su gloria. La verdad es que necesitamos morir a nosotros mismos de una manera muy radical (1 Corintios 1:28). Necesitamos, no una muerte del espíritu, sino un profundo conocimiento interior de que si queremos ver y conocer el poder de Dios, entonces mucho de lo que previamente contábamos como valioso en nuestra vida necesitará desaparecer. Todos necesitamos llegar al punto de quebrantamiento y muerte donde sentimos que ya no nos queda nada. Sólo entonces podemos empezar a ser abiertos a la criatura nueva que Dios quiere hacer dentro, y a través, de nosotros. Hasta ese punto todavía hay demasiado de la vida antigua que impide a Dios obrar.

No es solamente de nuestras debilidades que Dios necesita ocuparse, sino de aquellas facetas de nuestra personalidad y experiencia que muchas veces consideramos nuestros puntos fuertes. Frecuentemente, son los lugares donde no sentimos la necesidad de una fuerte dependencia en Dios, y en que nos sentimos fuertes y seguros de nosotros mismos.

Los caminos de Dios son profundos y misteriosos y empiezan con la demolición y muerte de todo en nuestra vida y ambiciones que provienen de la carne. No hay duda de que el Nuevo Testamento tiene razón cuando identifica la carne como nuestro mayor enemigo y el problema más grande de Dios. Continuamente se tiene que ocupar de ella y vencerla. Aunque hemos de contarla muerta (Romanos 6:11), no hay duda de que en términos reales sigue activa, y si queremos conocer el poder de Dios dentro de nuestra vida, algo radical necesita cambiar dentro de nuestro yo carnal.

c) Sencillez de Espíritu

Necesita haber, en el corazón de las cosas, una sencillez nacida de Dios en términos de confianza de corazón y resolución. Nosotros tenemos la impresión de que Dios es mucho más complicado de lo que es. Con El lo negro es negro y lo blanco, blanco. Lo correcto es correcto y lo incorrecto, incorrecto. Porque El obra en honestidad e integridad completa dentro de su propia naturaleza, nunca se mezcla. Nosotros lo hacemos, porque somos exactamente lo opuesto. En vez de vivir en una claridad de espíritu, dejamos que las cosas y circunstancias dominen nuestro espíritu y destruyan aquella claridad y paz íntima, y que se transmiten a otra gente en maneras destructivas y carnales. Con mucha frecuencia, el diablo puede tomar nuestras mejores intenciones y deseos y pervertirlos para su propio fin. Lo que empieza como interés o amor honesto en Cristo, muchas veces trae como resultado un torcido nudo de emociones y dolor que arruina nuestra vida y ministerio, todo porque no dejamos que Dios tenga su voluntad continuamente en nuestra vida.

El oír con profundidad que no somos nada, y que Dios quiere que no seamos nada antes de poder hacer algo con nosotros o a través de nosotros podría parecer una cosa terriblemente negativa. En efecto, aplastaría nuestro espíritu y nos llevaría a un tremendo sentido de condenación. Eso es justamente lo que al diablo le encantaría hacer en nuestro corazón. Sin embargo, esto no es lo que el Padre quiere. Nuestro Padre celestial quiere que seamos fructíferos, pero para que esto ocurra necesitamos darnos cuenta de que no somos nada por nosotros mismos. Esto necesita llegar a ser la realidad de nuestra experiencia. Necesita ser sentido en el corazón y comprendido en la mente. En efecto, necesitamos ver que era la misma manera en que Jesús vivió y manifestó el poder de Dios. ¡El se hizo nada! (Filipenses 2:5-11).

d) Espíritu sin medida

Para Jesús el ser nada por sí mismo era un modo de vida. El quebrantamiento llegó a ser un modo de vida para El mucho antes de ver la cruz. Realmente era alguien, pero se hizo nada. Aquí estaba Jesús, el hombre sobre todo hombre, que conocía los caminos del poder de Dios en un sentido inmediato y personal. Trajo a vida los muertos más de una vez en su ministerio terrenal. Cuando tocaba a los hombres se ponían bien. Cuando hablaba, los demonios temblaban y huían. Podemos ver el secreto del poder de Dios en la experiencia de Jesús (Juan 3:34). Recibimos el Espíritu de Dios solamente por medida: el Padre tiene mucha voluntad de damos el Espíritu, pero las limitaciones de nuestro propio corazón determina la medida de la obra del Espíritu Santo en nosotros. Estamos tan llenos de basura y autointerés que no hay sitio para que el Espíritu obre en gran medida. Dolores, orgullo, egoísmo y rebelión impiden recibir el Espíritu Santo en nuestros corazones y que éste tenga un sitio para obrar en nosotros. La verdad es que no había elementos oscuros en el corazón de Jesús. Había sitio para que Dios el Padre derramara el Espíritu sin medida. En nuestra vida el espacio está muy a menudo lleno de desorden emocional, intelectual y espiritual.

e) Ungüento derramado

Necesitamos ser quebrantados. Sólo entonces puede Dios derramar sanidad en nuestra vida. Cuando María ungió los pies de Jesús (Juan 12:1-8) tuvo que quebrar la jarra antes que el ungüento pudiera salir. De modo similar, nosotros necesitamos ser quebrantados antes que el ungüento del Espíritu Santo pueda fluir de nosotros. A menos que lleguemos a ser nada, Dios no nos hará nunca algo.

f) Ningún asidero para Satanás

La razón por la cual Satanás nunca pudo derrotar a Jesús fue porque no había “nada” en El, es decir, no había ningún asidero para Satanás. El diablo quiere que vivamos con nuestros viejos “algos” para poder introducirse en nuestra vida y agarrarse de estas cosas.

La marca de Dios

Lee Génesis 32:22-32. Esta lucha costó a Jacob todo lo que era y tenía en términos mundanos, es decir, su nombre y su fuerza; pero a los ojos de Dios fue la causa de su éxito. Se encontró con Dios cara a cara pero vivió para contar la historia. Pero no era el mismo, porque llevaba la marca de Dios en el cuerpo. Había cojera en el nuevo Jacob (o Israel), pero su cojera era su fuerza. También necesitamos encontrarnos con Dios, ser tocados por su poder y cargados por la santidad de Dios. El saber que Dios ha mirado en nuestra vida y que su amor nos ha perdonado ese es el verdadero quebrantamiento. El quebrantamiento así no es debilidad. Es la mismísima fuente de fuerza en el espíritu. Después de tal encuentro las cosas nunca parecen otra vez iguales. Esto, en efecto, es la mayor fuente de poder en todo el mundo. No hay nada más fuerte que un hombre que ha sido tocado por Dios. No le falta nada por probar y nada más que temer. La vieja lucha ha desaparecido, el viejo fuego ha sido apagado, y la vieja agresividad ha sido macada. Dentro hay un vacío que sólo Dios puede llenar. No es el vacío de nada o de sin sentido, es el vacío de Dios. Externamente hay una debilidad que sólo Dios puede hacer fuerte, y lo hace si le entregamos nuestra vida totalmente. “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. (Gálatas 2:20). Todo discípulo necesita vivir así si realmente ha de tener efecto para Dios.

B. TENER UN CORAZON SERVICIAL

a) Escrituras clave

Marcos 9:33-35 Juan 13:1-17

Marcos 10:35-45 Filipenses 2:5-11

Juan 12:24-26

b) ¿Qué es un siervo

Un siervo es uno que no es su propio amo sino que tiene a otro por amo. Una persona sirve a aquello que ocupa la mayoría de su tiempo, o a aquello que tiene prioridad en su corazón, o a aquello en que gasta la mayoría de su dinero. Sea a quien sea o lo que sea que sirves, a ellos o a aquello eres un esclavo o siervo. Un siervo de Dios es uno que se ha destronado a sí mismo y todo lo demás en su vida o experiencia y ha entronado a Jesús y le ha hecho Señor de toda su vida. Esto significa que pone a Jesús primero en todo. Entonces se espera de nosotros, como discípulos de Jesús, que sirvamos sólo a Dios (1 Corintios 4:1). Esto significa que pondremos el Reino de Dios primero en nuestra vida (Mateo 6:33), y no serviremos las riquezas, el poder, las posesiones o cualquier otra cosa (Mateo 6:24).

c) Las marcas de un siervo de Dios

– Busca primero el Reino de Dios (Mateo 6:33).

– Es un siervo de todos (Mateo 20:26-28).

– Mira hacia su amo para recompensa (Mateo 25:21).

– Sirve a los demás y al hacerlo sirve al Señor Jesús (Mateo 25:31-40).

6. Pruebas, tentaciones

y sufrir por Cristo

A PRUEBAS Y TENTACIONES

a) Escrituras clave

1 Pedro 1:6-7 1 Corintios 10:13

Hebreos 4:15 Santiago 1:2-15 Hebreos 2:18

b) Introducción

Nacemos con una predisposición a desviarnos como una bocha. La Biblia dice que nuestra vieja naturaleza es responsable de esto (Romanos 7:25). Como resultado siempre nos desviamos del camino recto puesto por la Palabra de Dios. Cuando nacemos de nuevo y venimos a ser hijos de Dios todavía podemos pecar, pero ya no tenemos que hacerlo. Somos libres para aprender a alcanzar lo que Dios quiere y para no ser capaces de pecar como hacíamos en el pasado.

c) ¿Qué son las tentaciones?

“En los últimos 2000 años la palabra `tentación’ ha sufrido un cambio de significado. Antes significaba tanto `prueba’ como `seducir para mal’ y por lo tanto tenía un significado positivo y negativo. El lado positivo es que la tentación es una prueba de nuestra vida permitida por Dios, con la intención de producir el crecimiento espiritual. El lado negativo es que la tentación es la atracción seductora de Satanás al creyente para vivir de un modo contrario al plan de Dios para su vida”.

(Arthur Wallis: Living God’s Way)

d) Los orígenes de la tentación

Dios nunca tienta a nadie (Santiago 1:13). La tentación viene del maligno (Satanás) mientras juega con nuestros propios malos deseos (Santiago 1:14), o por otros pecadores seduciéndonos (Proverbios 1:10). Las tentaciones

vienen en tres formas básicas: 1. Lascivia de la carne; 2. Lascivia de los ojos; 3. El orgullo de la vida (1 Juan 2:15-17). Satanás nos tienta en muchas maneras, incluidas:

– Animar a la desobediencia (Génesis 3:1-7).

– Seducir a inmoralidad sexual (Génesis 39:7-10).

– Animarnos a amar cosas o a personas antes que a Dios (Malaquías 4:9).

– Animar el amor al dinero (Juan 12:6).

– Hinchar nuestro orgullo (Hechos 12:21-23).

– Animar el gruñir, murmurar y cotillear (1 Corintios 10:10; Colosenses 3:8-9).

Satanás nos tienta porque quiere destruimos. Quiere que deseemos pecar y, por consiguiente, irnos lejos de Dios. Esto significa que perderíamos lo mejor de Dios para nosotros. Estaríamos cargados con culpabilidad y, por tanto, no tendríamos confianza ante nuestro Padre celestial. Si pecamos y no confesamos este pecado ni pedimos el perdón de Dios, puede llegar a ser un asidero para Satanás en nuestra vida. Entonces servimos a Satanás en esa área e intentará llevarnos a una mayor esclavitud, no tan sólo en esa área, sino también en otras áreas de nuestra vida. Es como si Satanás metiera un gancho en nuestra vida que usará para manipulamos.

e) El propósito de las pruebas y tentaciones

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas (tentaciones), sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.

(Santiago 1:2-3)

En Job 1:12 y Job 2:6 vemos que Dios, en efecto, dio a Satanás dentro de ciertos límites, permiso de tentar a Job, que era un hombre recto e inocente. Al final, Job venció las pruebas y tentaciones con la ayuda de Dios, por tanto, como resultado, vino a ser un siervo-de Dios fructífero y más maduro (Job 42:1-17).

Las razones por las que Dios permite que los cristianos sufran pruebas y tentaciones incluyen:

1. Nos demuestran cómo somos realmente. Las tentaciones nos demuestran lo que haremos llegada la ocasión.

2. Establecen el patrón de nuestras futuras decisiones. La función de las pruebas y tentaciones siempre es la de desencadenar una elección y provocar una resistencia o acción definitiva. Cuanto más nos rendimos a la tentación, tanto más fácil es psicológicamente rendimos otra vez. Esto también debilita nuestra resolución de no pecar en otras áreas de nuestra vida. Cuanto más resistimos la tentación, más maduros llegamos a ser y más probable será que tomemos decisiones maduras en el futuro.

3. Son diseñadas para ayudar en la preparación de nuestra vida para recibir las cosas buenas que Dios desea darnos. La cuestión es si tenemos la capacidad de recibir lo que Dios ha prometido. El acero sin templar, al darle demasiada presión, se romperá. Las pruebas y tentaciones son diseñadas para prepararnos para recibir lo que añoramos tener en Dios. El hecho de que somos enfrentados con una cierta tentación es prueba en sí misma de que somos capaces de vencerla en Dios. Dios nunca permite que seamos tentados o probados más allá de nuestro “límite”. Para que una tentación venga a ti, debe tener el pleno permiso de Dios. Tú debes jugar tu parte, sin embargo, y vivir en obediencia a Dios, y por tanto no ponerte donde estés tentado a pecar.

4. Exponen nuestras debilidades para que podamos descubrir dónde necesitamos la fuerza y gracia de Dios (2 Crónicas 32:31; Deuteronomio 8:2).

5. Dios permite que vengan sobre nosotros para:

– Humillar, enseñar y disciplinarnos (Deuteronomio 8:2-5).

– Refinarnos (Salmo 66:10).

– Comprobar nuestros fundamentos (1 Corintios 3:10-15).

– Quitar lo que puede hacerte temblar. (Hebreos 12:25-29).

– Desarrollar perseverancia que, cuando acabe su trabajo, da madurez, completa y ninguna carencia de nada (Santiago 1:2-4).

– Fortalecer nuestra fe (1 Pedro 1:6-7).

– Habilitarnos para ser vencedores (Apocalipsis 2 y 3).

f) Cómo ocuparse de la tentación

1. Por el uso de la Palabra de Dios como lo hizo Jesús (Mateo 4:1-11).

2. Velar (mantener los ojos abiertos, ser consciente de las tácticas del enemigo) y orar (estar continuamente

desarrollando una relación cercana a Dios) para que no entres en tentación (Mateo 6:41; Marcos 14:38)

3. Por una decisión y acto de la voluntad intencionados (2 Timoteo 2:22; Proverbios 4:14-15; 1 Pedro 2:11).

4. Por cultivar en mayor medida fe, virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor (2 Pedro 1:5-9).

5. Por no dar a Satanás oportunidad o abertura en tu vida (Efesios 4:27). 6. Por someterte a Dios y resistir al diablo (Santiago 4:7).

7. Por ponerte tu armadura espiritual para capacitarte a mantenerte firme contra las asechanzas del diablo (Efesios 6:10-18).

8. Por mirar a Jesús. Fue tentado en todo aspecto tal como nosotros lo estamos siendo (Hebreos 4:15), por tanto, El puede ayudarnos a vencer la tentación como El lo hizo (Hebreos 2:18).

g) Restauración inmediata

Es fácil pecar cuando somos tentados. ¡En efecto, todo cristiano ha experimentado esto! Sólo confiésalo a Dios y pídele que te perdone y lo hará (1 Juan 1:9 -este versículo fue escrito principalmente a cristianos).

h) Los resultados de la tentación

(I) Si sucumbes: es decir, si tomas la decisión equivocada, se convierte en pecado.

La tentación puede conducir al pecado, pero en nosotros está si tomamos la decisión de tomar esa dirección. La tentación no es la causa para hacer el mal: se nos presenta como una opción. La acción de ceder continuamente a la tentación resultará en destrucción porque nosotros somos responsables por nuestras propias acciones (Santiago 1:15).

(II) Si la resistes: es decir, si tomas la decisión correcta:

– El Señor es glorificado.

– El cristiano crece más fuerte en esa área particular de la vida.

– El amor y obediencia al Señor del cristiano son confirmados. La capacidad del cristiano de recibir de Dios es aumentada.

– El cristiano se convierte en vencedor. (La victoria no significa nada a menos que haya una batalla involucrada).

– El cristiano crece en fe y en madurez.

– El cristiano es refinado y es menos probable que se le haga temblar.

i) Conclusión

Todo cristiano, tanto joven como mayor, sabe lo que es ser tentado a pecar. Es una de las experiencias más familiares del hijo de Dios. Sin embargo, no es necesario que un cristiano peque, porque Dios le ha dado el poder para resistir la tentación.

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios que no os dejará ser tentados más’ de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportara

(1 Corintios 10:13)

No tenemos que sucumbir a la tentación, porque Dios nos dará la fuerza para resistir y vencer si miramos a El. La tentación no es pecado. Incluso Jesús fue tentado (Mateo 4:1-11). El sucumbir a la tentación es lo que es pecado. Aun si fallamos, tenemos el perdón en Jesús, disponible a nosotros. Jesús fue juzgado, condenado y castigado por todos nuestros pecados, por tanto, si pedimos a Dios perdón podemos olvidar aquel pecado y seguir con la vida, limpios y rectos ante Dios (1 Juan 1:9).

Porque no tenemos un sumo sacerdote (Jesús) que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.

(Hebreos 4:15)

Jesús experimentó las mismas tentaciones que nosotros, pero las resistió a todas y no pecó ni una vez. Puede ayudarnos, como cristianos, para hacer lo mismo si le entregamos nuestra vida. Dios nos prueba para nuestro bien pero Satanás nos tienta para mal (Santiago 1:12-16). Sin embargo, como discípulos de Jesús, si estamos enfrentados bien con pruebas o bien con tentaciones, Dios está en control.

B. SUFRIR POR CRISTO

a) Escrituras clave

Filipenses 1:29 Hebreos 2:10

1 Pedro 2:21 Colosenses 1:24 1

Pedro 4:1,2,12-19

b) ¿Por qué sufrimos?

El sufrimiento es un hecho de la vida. Para los que están fuera de Cristo es un enigma, para los que están en Cristo ¡es una necesidad! No puede haber una vista entera del discipulado que no tenga el sufrimiento en su perspectiva. Estamos rodeados por él por todas partes y lo experimentamos diariamente en nuestro caminar con Dios.

El sufrimiento no es igual para el creyente que para el incrédulo. Para la persona que no ha experimentado el amor de Cristo en sí mismo, el hecho de todo sufrimiento en el mundo puede ser la misma cosa que le impide encontrar a Dios. Mientras necesitamos simpatizar totalmente con hombres y mujeres en su dolor, debemos recordar el horrible hecho de la propia responsabilidad del hombre por los muchos líos en que se encuentra. El hombre fue creado por Dios como agente responsable y le fue dado el gobierno de toda cosa creada. El fallo del hombre al llevar a cabo esa responsabilidad se refleja en la distorsión y tragedia que vemos a nuestro alrededor. El pecado corrompe y distorsiona, destruye y se opone a cualquier cosa que sea intrínsecamente buena. El pecado es lo fundamental de todo sufrimiento en nuestro mundo hoy día, porque es un mundo que ya no manifiesta la armonía, equilibrio y hermosura en que Dios lo creó. El mundo está bajo el control de Satanás. El ha llegado a ser el “dios de este siglo” (2 Corintios 4:4) desde que el hombre abandonó su administración de la creación. El pecado del hombre dio a Satanás la oportunidad que había estado esperando éste para tomar posesión y pervertir la buena calidad de la propia creación de Dios.

Dios no es indiferente al sufrimiento. Dios llevó el sufrimiento en Su propio corazón cuando permitió que Su Hijo inocente muriera en la cruz en nuestro nombre (Isaías 53:4). La cruz fue la inversión del poder de Satanás y del pecado. Cristo ahora es Rey y Su Reino rige sobre todo y somos parte de El como discípulos de Jesús.

c) La realidad del sufrimiento

El Nuevo Testamento nunca resta importancia al sufrimiento. ¡Lo acepta como un hecho de la vida! El cristiano camina en el camino de la cruz y esto significa no sólo hablar acerca de ello sino experimentarlo (Filipenses 1:29; 1 Pedro 2:21). El sufrir por Cristo es un hecho de la vida para todo aquel que toma su discipulado en serio (Hebreos 11:35-38).

1 Pedro 4:12-19 nos anima a regocijarnos en nuestras pruebas, porque a través de ellas participamos en los padecimientos de Cristo (v. 13), y exhorta a los que sufren según la voluntad de Dios (v.19) que se sometan a su Creador fiel y que continúen haciendo el bien. “Pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello”. (v.16). Está claro, entonces, que existe el sufrimiento conforme a la voluntad de Dios. Está igualmente claro que, en ocasiones, sufrimos cosas que no son la voluntad de Dios (1 Corintios 11:27-32). Esto nos lleva a recordarnos que Dios permitirá la enfermedad y el sufrimiento, si fuera necesario, como medio de disciplina en nuestra vida. Esto no significa que toda la enfermedad sea disciplina o debida al pecado, pero sí que nos hace reconocer el derecho de nuestro Padre celestial de tratar con nuestra voluntariedad en la manera que le parezca mejor para conseguir Sus mejores propósitos en nuestra vida (Hebreos 12:5-6).

d) Las circunstancias y las razones del sufrimiento cristiano

(I) El costo y los rigores de servir al Señor

Dios ha prometido darnos todo lo que necesitamos para llevar a cabo Su voluntad, pero existe un costo que se necesita llevar para hacer que este servicio sea efectivo.

(III) Como prueba de nuestra fe

(1 Pedro 1:6-7) Es muchas veces por las dificultades más molestas que llegamos a ser más conscientes de Dios. Es cuando somos golpeados por las mayores pruebas que nuestra fe es más fortalecida y edificada.

(IV) Para perfeccionarnos en servicio

Jesús sufrió para venir a ser perfectamente equipado para ser el Salvador de los hombres. Entró en el sufrimiento del hombre. Conoció el corazón de él y compartió sus penas. Por lo tanto, fue hecho perfecto como el autor de la salvación (Hebreos 2:10). Dios usa el sufrimiento como una manera de traemos a ese punto de victoria moral y espiritual donde podemos mantenernos firmes en la fuerza de Cristo y lejos de dependencia en las cosas de la carne. Somos perfeccionados para nuestra obra de ministerio y servicio a los demás (1 Pedro 4:1-2).

(V) Para habilitarnos para ministrar profundamente a otros

No es el sufrimiento por sí mismo lo que es efectivo sino el sufrimiento acoplado con la ayuda y consuelo recibido de Dios. Cuando esto es sentido por otra gente, reciben la profundidad y realidad que ha traído el proceso del sufrimiento, y también reciben el consuelo rebosante que Dios ha dado (2 Corintios 1:4-5).

e) Las aflicciones de Cristo

Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falte de las aflicciones de Cristo por Su cuerpo, que es la iglesia.

(Colosenses 1:24)

Esto significa dos cosas:

(I) Cada vez que un cristiano experimente la persecución, es como si Jesús fuera perseguido en él.

(II) El amor de Dios necesita ser encarnado en la vida de Sus siervos para que otros tengan una lección objetiva y viva del amor de Dios por ellos (2 Corintios 4:10).

La gente necesita no sólo ver el fruto de nuestro ministerio, necesita poder discernir el proceso. Es este proceso de sufrimiento y su efecto en nuestra vida lo que es tan valioso para otros. Nos guarda del orgullo y les habilita para ver lo profundo que Dios necesita obrar en la vida de una persona antes que la fructificación sea posible en cualquier medida (1 Pedro 5:10). Nuestra reacción al sufrimiento demuestra a los demás nuestro amor por Dios y nuestra madurez en Dios.

f) Preguntas y puntos de discusión

1. Crees que un cristiano cesa de pecar y empieza a vivir recto sin tener que hacer nada por sí mismo acerca de ello? (Colosenses 3:5-14; Filipenses 2:12-13; 1 Juan 1:8,10).

2. ¿Nos tienta Dios alguna vez? (Santiago 1:13-15).

3. Cuando Dios nos permite experimentar una prueba o tentación, ¿le pedimos a Dios que la quite porque no nos gusta y por tanto fallamos en crecer en mayor madurez en Dios, o la vencemos y crecemos en Dios? Discútelo.

4. ¿Hay alguna área de tu vida en la que Satanás tenga asidero y no puedas resistir sus tentaciones al pecado? ¿Qué vas a hacer acerca de ello?

5. Una vez que te hayas rendido a la tentación una vez, ¿es más fácil rendirte la próxima vez que venga la tentación? ¿Por qué?

6. ¿Por qué permite Dios que suframos y cómo perfecciona nuestro servicio para El?

7. Si Dios es un Dios de amor todopoderoso, ¿por qué tenemos tanto dolor, sufrimiento e injusticia en el mundo?

8. ¿Cómo podemos cumplir en nuestra carne lo que falta de las aflicciones de Cristo? (Colosenses 1:24).

g) Resumen y aplicación

1. Tentación” significa tanto “prueba” como “seducir a mal”.

2. Dios nunca tienta a nadie, pero sí nos permite pasar por ciertas pruebas y tentaciones para que crezcamos en madurez en Cristo.

3. Satanás nos tienta en muchas maneras para que demos la espalda a Dios y luego finalmente destruirnos.

4. Dios sólo permite que las tentaciones vengan a nosotros dentro de ciertos límites con los que sabe que podemos.

5. El pecado es la raíz de todo sufrimiento en el mundo hoy día, porque ha permitido que Satanás sea el “dios de este siglo” y él ha pervertido y distorsionado la perfecta creación de Dios.

6. El sufrimiento por amor a Cristo es una parte necesaria del discipulado porque desarrolla nuestra perseverancia y nos perfecciona en nuestro servicio.

7. El sufrimiento por amor a Cristo deja una marca en nosotros que otras personas verán, y les demuestra la profundidad de nuestro compromiso con Dios y la profundidad de compromiso y amor de Dios hacia nosotros.

7. Santidad y ser tocados

por el fuego de Dios

Escrituras clave

1 Pedro 1:15-16 2 Tesalonicenses 2:13

Levítico 11:44-45 Mateo 3:11- 12

Efesios 1:4 2 Corintios 3:7-18

1 Tesalonicenses 4:3-8 2 Corintios 7:18

Hebreos 12:28-29 Lucas 12:49

b) Dios es santo

Esto nos es revelado, en principio, por la parte de la divinidad llamada el Espíritu Santo que vive dentro de nosotros (Juan 14:15-17), y segundo, por las Escrituras (Éxodo 3:5; Levítico 20:26; Isaías 6:3; 1 Pedro 1:16; Apocalipsis 4.8). E n efecto, la Biblia menciona la santidad de Dios mucho más a menudo que cualquier otra característica de Dios, incluida el amor.

“Santidad” significa “ser otro”. Es una separación de todo lo imperfecto, impuro o inmundo. Dios es santo. De hecho, es perfecto, puro, inocente, excelente y digno de toda alabanza y honor. Necesitamos encontramos con Dios en reverencia y temor reverente. Cuando el Santísimo se revela a sí mismo, lo que vemos es gloria (Éxodo 24:16-17; Juan 1:14).

c) Dios quiere que vivamos una vida santa

Como discípulos de Jesús deberíamos vivir de tal manera que la gente reconozca que hemos sido apartados del mundo y estamos dedicados a Dios (Efesios 1:4; 1 Pedro 1:15-16). Somos hijos de Dios (Romanos 8:15), entonces somos parte de la familia de Dios, y como tales necesitamos exhibir las características familiares como, por ejemplo, la santidad (Hebreos 12:10; 1 Pedro 2:9).

Dios se ha comprometido a nuestra santidad por el sacrificio de Jesús (Colosenses 1:22; Efesios 1:4). Nosotros, sin embargo, tenemos una responsabilidad de caminar como Jesús caminó (1Juan 2:6), de obedecer los manda­mientos de Dios (Deuteronomio 26:16-19) y de vestimos con el nuevo yo creado para ser como Dios en verdadera justicia y santidad (Efesios 4:24). Dios entonces podrá hacernos vasos santos que estarán preparados para vivir con Dios por la eternidad (Hebreos 12:14; Apocalipsis 21:27).


d) ¿Qué es santificación?

Esto significa “hacer santo”. Es el ser separado para Dios y separado de las cosas y caminos malos. Es esa relación con Dios en la cual’ los hombres entran por fe en Cristo (Hechos 26:18; 1 Corintios 6:11). También es el proceso por el cual venimos a ser más parecidos a Jesús en carácter (1 Pedro 1:15-16), es decir, es el crecer en Cristo Jesús (Efesios 4:15) para ser transformado en su semejanza (2 Corintios 3:18), y por lo tanto, progresivamente, llegar a ser más como Dios en nuestro carácter (Efesios 5:1)

e) Las tres personas de la Trinidad están obrando

en nuestra santificación

– Dios el Padre (1 Tesalonicenses 5:23-24; Juan 17:17).

– Dios el Hijo (1 Corintios 1:30; Efesios 5:26).

– Dios el Espíritu Santo (2 Tesalonicenses 2:13; Romanos 15-16; 1 Corintios 6:11; 1 Pedro 1:2).

f) Cómo tiene lugar nuestra santificación

– En Cristo Jesús (1 Corintios 1:2).

– Por la obra santificadora de Jesús (Juan 17:19).

– Por la sangre de Jesús (Hebreos 13:12).

– Por la fe en Jesús (Hechos 26:18).

– Por el fortalecimiento de nuestro corazón por el Señor Jesús (1 Tesalonicenses 3:13).

– Mediante el sacrificio del cuerpo de Jesús (Hebreos 10:10).

– En la verdad (la Palabra de Dios es verdad) (Juan 17:17).

– Por llegar a ser esclavos de Dios y de la justicia (Romanos 6:19,22).

– Por el bautismo con fuego por el Espíritu Santo (Mateo 3:11-12).

– Por hacer todo esfuerzo por vivir en santidad (Hebreos 12:14).

– Por la disciplina de Dios (Hebreos 12:10).

– Por la contemplación de la gloria del Señor por el Espíritu del Señor (2 Corintios 3:18).

NOTA: Cuando contemplamos la gloria de Dios estamos viendo un Dios santo manifestando su naturaleza. El contemplar la gloria de Dios nos transformará progresivamente para que podamos de modo creciente reflejar la gloria de Dios. La razón de ello es que empezamos a ver quién somos realmente en comparación con nuestro Dios santo y por tanto deseamos cambios en nosotros mismos. Dios entonces viene y hace esto posible en la medida en que le entregamos las áreas de nuestra vida que necesitan cambiar. Somos transformados progresivamente a Su imagen. El proceso de llegar a ser santo comienza con la contemplación de la gloria de Dios (2 Corintios 3:7-18; Isaías 6:1-8).

g) Encuentro con Dios

No existe ningún testimonio más poderoso que el de Isaías respecto a la revelación de la santidad de Dios, y el impacto que puede tener en la experiencia y vida de una persona (Isaías 6:1-8). Estas palabras del profeta retratan una experiencia de Dios que pocos de nosotros hemos conocido jamás. Así es de profundo, rico y poderoso, absolutamente desafiante a toda la vida. Es el ser tocado por el fuego de Dios, el saber que has escapado de la muerte bajo la gloria ardiente del Dios Todopoderoso. Hay una profundidad acerca de esta experiencia que necesitamos percibir en nuestro propio corazón hoy.

El deseo de Dios es que nosotros, los hombres y mujeres, entremos en una experiencia profunda y entendimiento de El mismo, que pocos de nosotros realmente alcanzamos nunca. Esta experiencia de la santidad, profundidad y poder de Dios está esperando a todo creyente que abra su corazón y que le busque. Necesitamos ser llevados al corazón de Dios. Necesitamos ver la pureza de su corazón, conocer el amor de su corazón, llegar a ser conscientes del celo de su corazón: no el celo mezquino de la experiencia humana sino el celo divino, el celo con que Dios se ocupa apasionadamente con la santidad, rectitud, justicia y amor, las mismas piedras angulares de su naturaleza. Necesitamos sentir el latido de su corazón, para que nuestro propio corazón lata al compás del suyo. Necesitamos sentir el tamaño de su corazón, su gran dimensión y extensión, para que seamos liberados de ser hombres y mujeres de un corazón pequeño. Necesitamos comprender como Dios comprende, y sentir su pasión por los exiliados y perdidos.

h) Fuego consumidor

Necesitamos conocer el fuego de Dios (Hebreos 12:29). Isaías conoció el fuego de Dios y casi le mató. Fue quemado en su visión de Dios. Fue una experiencia interior y profunda, de la realidad de Dios en todo su imponente poder que dejó al profeta casi muerto. Quemó la escoria y los desperdicios de él. Sólo el toque purgador del ángel en la misericordia de Dios le salvó. A no ser por ese toque hubiera sido acabado. Esto es lo que necesitamos en nuestro discipulado. Necesitamos saber que hemos llegado al fin absoluto. Necesitamos venir a la comprensión de que si no fuera por la gracia y misericordia de Dios hubiéramos muerto. Demasiado de la experiencia moderna es de nuestra propia fabricación. Lleva a la trivialidad y egocentricidad. La razón por la que tantos de nosotros necesitamos seguir recibiendo ministerio tras ministerio por nuestras supuestas necesidades y esclavitudes es porque nunca hemos tocado el fuego de Dios. Aquellos que han tocado el fuego de Dios encuentran que sus cadenas son consumidas.

Esto es lo que está envuelto en una verdadera conversión. No sólo algún ritual superficial por el cual damos nuestro corazón a Jesús pero conocemos poco de su poder o santidad. Es ver la santidad de Dios que desafía todo lo de la vida antigua y lo consume en el fuego ardiente de la presencia de Dios. Nada menos bastará para liberarnos de la religión centrada en el hombre y de los problemas religiosos orientados en lo cual hemos caído hoy día. El Espíritu Santo viene para llevarnos al corazón de Dios. ¡Allí es donde el nacimiento tiene lugar! Necesitamos lograr tal visión de Dios en Jesús a través del Espíritu para de esta manera cambiar radicalmente la antigua vida que ya no tiene el encanto o poder que antes tenía.

i) Bautismo de fuego

Necesitamos un bautismo con fuego por el Espíritu Santo (Mateo 3:11-12). Esto es un encuentro cara a cara con la realidad, santidad y poder de Dios. No está en nosotros el volver a Dios y buscarle con todo nuestro corazón (Romanos 3:11). El despertar dentro de nosotros es hecho por el Espíritu Santo. Cuando somos bautizados con fuego por el Espíritu Santo deberíamos tener un fuego encendido en nuestro corazón. En vez de ser consumidos por él deberíamos contagiarlo. Este es el fuego del Espíritu Santo. Este fuego nos purga y limpia, eliminando toda la impiedad y desperdicios en nuestra vida y nos deja como Dios quiere que seamos. Este bautismo con fuego debería ocurrir cuando somos bautizados primero con el Espíritu Santo. Sin embargo, muchos de nosotros no hemos permitido que Dios haga esta obra de purgar en nuestra vida cuando fuimos llenos con el Espíritu. Esto es por lo que tantas vidas siguen sin cambiar y son todavía tan inefectivas cuando deberían ser poderosas y fructíferas después del bautismo con el Espíritu Santo. Necesitamos entregar nuestra vida de nuevo a Dios, encontrarnos con El otra vez y dejarle mandar su Espíritu Santo en nuestra vida para limpiarnos y prender fuego en nuestros corazones.

j) Llamas de fuego

Fue en llamas de fuego que el Espíritu Santo apareció en Pentecostés. Esto fue una poderosa oleada de un Dios santo que puso a los discípulos de pie y los envió fuera a un mundo perdido. Vinieron a comprender por sí mismos en ese momento todo lo que había sido revelado en la vida y obra de Jesús, pero que nunca habían comprendido enteramente antes. El Espíritu de verdad, poder y santidad había venido para morar en sus corazones. Les había purgado de su temor e incendiado para Dios (Lucas 12:49). Dios quiere prender ese fuego en el corazón y vida de todos nosotros.

k) Cinco pasos sencillos para encontrar a Dios en esta manera

– Tener sed de Dios (Jeremías 29:13).

– Estar disponible para Dios en toda manera que El quiera en tu vida. No guardar nada. Darle todo de ti.

– Dejar que el Espíritu Santo de Dios fluya a través de ti como un fuego, purgándote de todo lo que Dios no quiere en tu vida.

– Permitir que Dios te llene de nuevo o por primera vez con su Espíritu Santo (Lucas 11:13; Juan 7:37-39).

– Permanecer obediente y abierto a Dios. Cuando te has encontrado con Dios en esta manera y ha con su Espíritu Santo, tienes una responsabilidad como la de los primeros discípulos de Jesús. FI testigo de Dios hasta los confines del mundo. No retrocedas de esto sino sigue hacia adelante en Dio lo que te pida.

l) Conclusión

No buscamos a Dios sólo por tener frío. No está en nosotros el volver hacia Dios y buscarle con todo’ corazón. Lo que Dios hace es empezar a despertarnos dentro de nosotros por el Espíritu Santo. Muy a menudo lo reconocemos como la mano de Dios, pero Dios no obstante está obrando en nosotros. El hace que te insatisfacción divina en nuestro corazón. Necesitamos reconocer que necesitamos más de Dios ,y necesitamos cambiar en nosotros mismos para llegar a ser más como Dios. El usará muchas maneras distintas para des de nuestro contentamiento y suficiencia. Es imposible decir cómo Dios se moverá. Te conoce y conoce e para llevarte. Quiere que sigas hacia adelante y hará todo lo que pueda para lograrlo. Dios, sin embargo forzará, necesitamos rendimos a sus dictados.

Muchos cristianos llenos del Espíritu han sido bautizados con fuego por el Espíritu Santo, como mínimo cierta medida. Esta gente sabe que ha sido tocada por el fuego de Dios y sabe que tiene un fuego en su ,,c Sin embargo, para muchos este fuego se ha apagado. Necesitamos permitir que Dios remueva el rescóldo algunos casos vuelva a encender el fuego. Luego necesitamos alimentar este fuego y ventilarlo hasta que Dios entonces puede empezar de nuevo a consumir los desperdicios de nuestra vida y refinarnos, para que lleguemos a ser más como Jesús y más capaces de servirle efectivamente.

Otros cristianos no han conocido nunca el fuego de Dios en su vida. Necesitan pedir a Dios que les bautice el Espíritu Santo y con fuego. Necesitan dejar que el Espíritu Santo les refine y limpie y que encienda u’ para Dios en su vida. Si tenemos un fuego rabioso de Dios en nosotros, entonces encenderemos fuegos para Dios donde sea que vayamos. Jesús era así y también muchos de los primeros discípulos. Necesitamos ser iguales en nuestros días. Este fuego de Dios en nosotros no es una cosa destructiva como los incendios forestales o las lo que conocemos. Después que el fuego de Dios ha pasado por algún sitio, no deja sólo un montón de cenizas. nos ha creado para ser algo por El. Nos conoció antes de la creación del mundo. Sabía cómo seríamos proyectado un plan para todos nuestros días (Salmo 139:13-16). Cuando su fuego viene sobre nosotros, actúa purgar y purificarnos como el calor aplicado a un crisol de oro. Lo que sucede es que la inmundicia, la impiedad y todas las cosas en general en nuestra vida que impiden nuestro crecimiento y madurez en Dios, vienen superficie y sólo necesitamos entregar estas cosas a Dios y las quitará de nuestra vida. Este proceso tarda tiempo pero finalmente llegamos a ser santos e inocentes, sin mancha o arruga (Efesios 5:27). Llegaremos a ser lo Dios quiere y necesita que seamos.

Este fuego empieza en nuestro espíritu cuando somos bautizados con fuego por el Espíritu Santo. L necesitamos ventilarlo hasta flamear por la lectura de la Palabra de Dios, la obediencia a Dios y la construcción de una relación con El. Dios usará esa llama para calentar áreas de nuestra alma (mente, emociones y voluntad que El sabe necesitan purificación. Después que haya refinado esa área, la llama de Dios permanece para mántener esa área pura. Necesitamos alentar esta llama y no apagarla o sofocarla por la vuelta a los viejos hábitos mal por la alimentación de cosas impías en nuestra vida otra vez (Gálatas 5:16-26; Colosenses 3:1-10; Filipenses 4, Cuando entregamos nuestra vida a Dios, El nos refina progresivamente hasta que seamos enteramente lo que quiere. Usa las circunstancias, personas, presiones, pruebas y sufrimiento; etc.; para hacerlo. Nuestra vida esto tendrá el Espíritu Santo y su fuego en todas partes.

Si el fuego de Dios está en nuestra vida, entonces, cuando conocemos a otra gente, algo de ese fuego de D’ tocará la vida de otros. Así es como vivió Jesús durante el período de su ministerio. La gente podía ver la m de Dios en El y cuando le tocaban sabían que habían sido tocados por Dios.

Necesitamos permitir que el fuego del Espíritu Santo de Dios permanezca en nosotros y que nos refine

Necesitamos alentarlo y ventilarlo hasta flamear y luego al entrar en contacto con otros, ellos también se tocados por el fuego de Dios y cambiados (1 Tesalonicenses 5:19).

m) Preguntas y puntos de discusión

1. ¿Conoces a un Dios santo? Discútelo.

2. ¿Qué clase de persona deberías ser? (2 Pedro 3:11)

3. ¿Cuál es nuestro llamamiento en Cristo según 2 Timoteo 1:8-10?

4. ¿Puedes decir como lo hizo Pablo en 2 Corintios 1:12, que tu conciencia da testimonio cómo te has portado en el mundo, y en especial en tus relaciones con la comunidad de creyentes, en la santidad y sinceridad que son de Dios? ¿Cómo lo hizo?

5. ¿Por qué tanta gente que ha sido bautizada con el Espíritu Santo parece tener la vida totalmente inefectiva y estéril, lo cual está en completo contraste con Jesús y los primeros discípulos que, por Dios, pusieron de cabeza al mundo conocido? Discútelo.

6. ¿Cuál es el resultado final de ser bautizado con fuego por el Espíritu Santo?

7. ¿Necesitas ventilar hasta flamear algo en tu vida como necesitaba Timoteo? (2 Timoteo 1:6) 8. ¿Tienes el fuego del Espíritu Santo de Dios en tu vida y lo sabes?

9. ¿El Espíritu Santo tiene libre acceso a toda área de tu vida para que las puedas refinar y hacerlas como Dios necesita que sean?

10. ¿Necesitas un encuentro con Dios similar al de Isaías? (Isaías 6:1-8).

n) Resumen y aplicación

1. Nuestro Dios es un Dios santo.

2. Tal como es la majestad de Dios, así es Su misericordia.

3. Dios quiere que vivamos una vida santa dedicada a El y quiere que seamos embajadores de El en este mundo impío.

4. Dios se ha comprometido a nuestra santidad.

5. Como discípulos de Jesús necesitamos purificar o limpiamos de toda inmundicia (suciedad o impiedad) de la carne (es decir el cuerpo y alma juntos) y espíritu, perfeccionando la santidad en el temor del Señor (2 Corintios 7:1).

6. Nuestra santificación tiene lugar porque Dios el Padre mandó a su Hijo Jesús a la tierra y Jesús acabó su obra en la tierra. Jesús entonces pudo pedir al Padre que mandara al Espíritu Santo para capacitar el proceso de santificación (hacemos santos) al venir como fuego en nuestra vida.

7. Nuestro Dios es fuego consumidor (Hebreos 12:29). Será tal Dios para nosotros incluso en la tierra, si se lo permitimos, y empezará a purificamos por el fuego del Espíritu Santo para que lleguemos a ser más como Jesús.

8. Necesitamos ser bautizados con fuego por el Espíritu Santo y luego necesitamos ventilar este fuego hasta flamear haciendo lo que Dios pide y entregando toda nuestra vida en Sus manos. Esto nos permitirá ser efectivos y fructíferos para Dios y nos transformará en la novia sin mancha o arruga que Cristo Jesús quiere encontrar cuando vuelva (Apocalipsis 19:7-9; Efesios 5:22-32; Colosenses 1:21-23).

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