Sección G Discipular a un discípulo


SECCION G

 

Discipular a un discípulo

1.

La gran comisión:

 
 

El mandamiento de Dios de hacer discípulos

 

2.

Los comienzos del discipulado:

 
 

Llevar a otros al Señor

 

3.

Discipular discípulos

 

1. La gran comisión:

El mandamiento de Dios

de hacer discípulos

a) Escritura clave

Mateo 28:18-20 Hechos 1:8

Marcos 16:15-18 Juan 20:21

Romanos 10:14-152 Corintios 5:20

Filipenses 2:2

b) ¿Qué es la gran comisión?

Jesús dijo:

Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del inundo.

(Mateo 28:18-20)

c) La importancia de testificar

Dios siempre ha querido que su pueblo en la tierra sea bendecido (Génesis 22:16-18; Salmos 67:1-7; 1 Timoteo 2:3-4; Apocalipsis 7:9-11). Cuando el hombre se rebeló contra Dios, ya Dios había planeado enviar a su Hijo Jesús para ser el último testigo a la humanidad (Juan 3:16; Juan 20:21). Después que Jesús terminó su trabajo, Dios envió su Espíritu Santo en poder para que todos los que sigan a Jesús sean equipados para ser sus testigos, incluso hasta los confines de la tierra (Hechos 1:8). Dios ha establecido la iglesia con el propósito principal de mostrar la luz de Dios a las gentes del mundo que están atrapados en la oscuridad (2 Corintios 4:3-4).

d) ¿Qué deberíamos hacer?

Jesucristo ha comisionado a todos los que le siguen como verdaderos discípulos, a predicar el evangelio y hacer discípulos entre todas las gentes (es decir, naciones) del mundo (Marcos 16:15; Mateo 28:18-19). Nosotros hemos sido enviados como embajadores de Cristo (2 Corintios 5:20). Dios ha prometido que seremos sus testigos en el poder del Espíritu Santo (Hechos 1:8) Recuerda, nuestra comisión es la de hacer discípulos, no convertidos. ¡Un discípulo es una persona que cambia su vida, mientras que un convertido sólo cambia de opinión!

e) ¿Dónde empezamos?

Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén (el área local), en toda Judea (el país en el que vives), en Samaria (países vecinos), y hasta lo último de la tierra. (Hechos 1:8)

La gran comisión nos envía a todo el mundo, pero ese mundo empieza en la situación de nuestra casa. Entonces:

– Deberíamos ser testigos para nuestros parientes, amigos y vecinos.

– Deberíamos testificar en nuestro lugar de trabajo (escuela, colegio, etcétera), y en nuestras actividades sociales (por ejemplo, fútbol, tenis, club de madres, etcétera).

– Si Dios nos llama a otro pueblo, ciudad o país para compartir las buenas nuevas de Jesús en ese lugar, necesitamos ser obedientes a su llamado.

f) ¿Cuáles son algunos pasos prácticos para llevar a cabo la gran comisión?

1. Oración

Por ejemplo, orando por oportunidades para que el evangelio sea predicado (Colosenses 4:3); por protección para los que trabajan para el Señor testificando (Romanos 15:30-31); por audacia y poder en hablar la Palabra de Dios (Hechos 4:29-31); por que más obreros sean enviados al campo de cosecha (Mateo 9:38).

2. Dar

Podamos dar de nuestras finanzas (2 Corintios 8:1-4), pero principalmente, podemos ofrecernos a nosotros mismos y a nuestros amados para que Dios nos use como quiera.

3. Ir

Jesús no nos comisionó a quedarnos y esperar a que el mundo viniera a nosotros, sino a ir por todo el mundo para alcanzar a los no alcanzados con el mensaje del amor de Dios en Cristo.

g) El verdadero discipulado lleva consigo llevar a cabo la gran comisión

– Dios ha dicho a todo discípulo de ir y contar al mundo de su amor y lo que El ha hecho por la humanidad por medio de Jesús (Marcos 16:15; Juan 3:16).

– Habrá responsabilidad para los que ignoren la gran comisión (Ezequiel 33:8-9; Proverbios 24:11-12).

– Dios ve el alma de un hombre más importante y valiosa que todas las riquezas del mundo (Mateo 16:26).

– La gente de este mundo está en un estado desesperado y Jesús es su única esperanza. El es el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6). El es la respuesta que necesitan.

– Nadie en el mundo tiene excusa. Todo el mundo que no responda al evangelio será perdido eternamente (Romanos 1:18-20; Juan 3:18; Mateo 25:31-46).

– Más de la mitad de la población nunca ha oído el evangelio. Como verdaderos discípulos de Jesús, debemos comprometernos de todo corazón al deseo de Dios de ver alcanzado a todo el mundo (Juan 3:16-17).

¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿ Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

Romanos 10:14-15)

Dios quiere ver su Reino establecido en la tierra como en el cielo (Mateo 6:10). Esto se puede ver, vez tras vez, en el ministerio de Jesús (por ejemplo, Mateo 4:17,23; Mateo 6:33; Mateo 9:35; Hechos 1:3). En efecto, esta fue la razón por la cual vino Jesús a la tierra (Colosenses 1:12-14). El Reino de Dios no es una cuestión de comer, beber o hablar, sino de justicia, paz, gozo y poder en el Espíritu Santo (Romanos 14:17; 1 Corintios 4:20). Jesús también dijo:

El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí: porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros.

Lucas 17:20-21)

Entonces, vayamos donde vayamos, como discípulos de Jesús, el reino de Dios va también. La justicia, paz, y poder de Dios deberían ser evidentes en nuestra vida, para cuando proclamemos el evangelio de Jesucristo vaya mano a mano con el testimonio y experiencia de nuestra vida. Otras personas necesitan ver que funciona en nosotros. Necesitan ver el reino de Dios en nuestra vida tal como la gente lo veía en la vida de Jesús.

h) ¿Cuándo será establecido por completo el reino de Dios?

Jesús dijo:

Y será predicado este evangelio del reino en todo el inundo, para testimonio de todas las naciones; y entonces vendrá el fin.

(Mateo 24:14)

Al final, Jesús va a volver con poder y en gran gloria y reunirá a todos los que ha escogido para estar con El en la eternidad (Mateo 24:30-31; 1 Tesalonicenses 4:16; Apocalipsis 17:4). Dios entonces va a establecer un nuevo cielo y una nueva tierra, el hogar de justicia (2 Pedro 3:13; Apocalipsis 21:1-27; Apocalipsis 22:1-5), poblado por todos los que tienen sus nombres escritos en el libro de vida del Cordero (Apocalipsis 20:15; Apocalipsis 21:27; Lucas 10:20). Como discípulos de Jesús, necesitamos estar listos y preparados para aquel día (Mateo 24:37-44; 2 Pedro 3:10-14).

i) ¿Necesitamos hoy tener urgencia para el reino de Dios?

Dios tiene un corazón de amor para el mundo. Reveló la extensión de su amor enviando a su hijo Jesús al mundo para morir por la humanidad (Juan 3:16; 1 Timoteo 2:3-6; Isaías 53:10-12). Dios valora muy alto las almas de los hombres (Marcos 8:38) y no quiere que nadie se pierda (1 Pedro 5:8; Juan 10:27-30). Sin embargo, aquellos que no aceptar el evangelio de Jesucristo no verán la vida, porque la ira de Dios permanecerá sobre ellos (Juan 3:36). Toda la gente se enfrentará al juicio divino (Hebreos 9:27) y toda la gente cosechará lo que siembre (Gálatas 6:7). Si alguien rechaza a Jesús como su Señor y Salvador, entonces en la tierra permanecerá en la oscuridad y tendrá falta de paz, esperanza, gozo, perdón y realización; por la eternidad sufrirá castigo y estará separado de Dios.

Como discípulos de Jesús, necesitamos el mismo corazón de compasión para los perdidos que tiene Dios. Entendemos el destino de los que morirán sin Cristo. Entonces, el mandamiento de la gran comisión es algo que tenemos que tomar muy en serio. La gran comisión debería ser central en la vida de todo cristiano.

j) Testificar en el poder del Espíritu Santo

El “punto de venta” del Espíritu Santo es el testimonio de nuestra vida. Esto es lo más importante en lo que a los hombres y mujeres se refiere. La mayoría de la gente ha sido desanimada por la pompa y, en cuanto a ellos, la irrealidad de la religión organizada. Tristemente, muchas veces afirman haber sido desanimados por la vida que han conocido de los que se declaran cristianos. Este es el gran desafío de nuestros días: ¿se puede ver la fe cristiana creíble en la vida de hombres y mujeres ordinarios? En un mundo que vive bajo el temor y está amenazado por la enfermedad y la violencia, ¿creer en Jesús hace alguna diferencia?

En la historia reciente de la raza humana jamás ha habido un momento más urgente para que el poder del Espíritu Santo sea demostrado en términos reales de la vida. Como cristianos no deberíamos ser monstruos, pero sí diferenciarnos en cuanto a bondad, cuidado, amor, valores éticos y vida. Jesús no era un monstruo religioso. Era un hombre real. Su diferencia hizo que los hombres y mujeres le siguieran: a la vez, su diferencia repelía a aquellos que odiaban la bondad y el amor de Dios. Al final les forzó a escoger. Algunos le siguieron, otros le crucificaron, pero ni siquiera los que le crucificaron pudieron negar el testimonio de su vida. Todo creyente es llamado a ser un testigo vivo de la vida y poder de Jesús en el día en que vive. Mucha gente jamás entrará en una iglesia ni abrirá una Biblia, pero ven el reflejo de la Palabra en nuestra vida cada día que nos encontramos con ellos.

El propósito primordial de la venida del Espíritu de Dios sobre los discípulos fue de equiparles para testificar. El Consolador no viene para permitir que los hombres estén cómodos, sino para hacerles testigos para Jesús (Hechos 1:8). Esta es una palabra no sólo para los “peces gordos” del evangelismo con su estructura y organización. Es la promesa a todo creyente que abra su vida a la operación del Espíritu Santo en plenitud. Hemos sido llamados a ser testigos del Reino de Dios. El secreto del testimonio personal no está en la intensidad, ni, muchas veces en la irrealidad de salir resueltamente armados con un manojo de tratados, preparados para perseguir y cazar a toda alma confiada; sino que, el verdadero poder del testimonio personal se siente donde la realidad del amor y poder de Jesús, a través de alguien, plantea la clase de preguntas en otros que exigen una respuesta. Los cristianos, en su mayor parte, han perdido el arte de ser “sobrenaturalmente naturales” en sus relaciones diarias y su trato cotidiano con otra gente.

Como testigos de Jesús, nuestra vida ha de ser diferente y no contradecir lo que decimos que Dios es capaz de hacer. Pero más que esto, necesitamos recibir el poder del Espíritu Santo en nosotros. El pudor de la clase inedia no sustituye el poder del Espíritu Santo. También necesitamos perder nuestra reserva acerca de testificar a Jesús públicamente, aunque nos tachen de extremistas o locos.

k) Ahora nos toca a nosotros

Es verdad decir que Dios nunca ha estado sin testimonio a lo largo de toda la historia, ¡pero ahora nos toca a nosotros! (Esther 4:14; 1 Pedro 2:9). Debemos recordar que si fallamos en nuestro testimonio entonces es posible que nuestra generación quede sin testimonio. El testimonio pasado es bueno, pero necesitamos continuar esto hoy. Si nuestra vida no testifica a Jesús en el poder del Espíritu Santo, entonces quizás aquellas personas que están cerca de nosotros cada día no reciban ningún otro testimonio directo de la bondad de Dios. Somos responsables de ser la voz de Cristo en nuestra generación. No vale mirar hacia otros. Hemos nacido para esto: atestiguar el poder de Cristo en nuestra vida.

I) El Espíritu que nos ayuda

El testimonio personal no depende, en primer lugar, de nuestra pericia sino de nuestra amplitud. El testimonio personal no es predicar, ni tampoco dar testimonio público; es vivir nuestra vida abierta a Dios en una base diaria, y permitir que la realidad del amor de Dios fluya desde nuestro interior a la vida de otras personas con las que tenemos que vivir cada día. Jesús dijo que el poder del Espíritu Santo es como “agua viva” que fluye desde lo más profundo del ser de toda persona que cree en El (Juan 7:37-39). Necesitamos estar disponibles a todo lo que Dios quiera hacer a través de nosotros por su Espíritu, y estar dispuestos a considerar toda nuestra vida el área en la cual Dios puede hacer su obra.

m) Siete áreas fundamentales en que podemos estar seguros de la ayuda del Espíritu Santo

1. Experiencia

Nuestro testimonio crece de nuestra experiencia con Cristo. No existe ninguna verdad real y vital aparte de la verdad experimentada, porque la verdad no es efectiva en nosotros a menos que la experimentemos. Entonces se hace real y poderosa en nuestra vida. Esto es que lo que quería decir Jesús cuando dijo que conoceríamos la verdad y la verdad nos haría libres (Juan 8:32). Este es el corazón del discipulado.

Un discípulo es uno que sigue la verdad, no como una mera filosofía o ideología, sino como una realidad que cambia la vida. Un discípulo tiene una relación personal de fe y compromiso con El que se describió como el “camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). Esta es la diferencia entre una persona que puede repetir la historia de Jesús y la persona que dice: “Yo sé”. (2 Timoteo 1:12).

El Espíritu Santo nos trae la experiencia de Dios. El hace real en nuestra vida el perdón y la libertad que vienen de la obra de Cristo para nosotros. El liberta el poder de Dios, por el cual somos capaces de vivir y actuar en la realidad del reino de Dios, en nuestra vida. Este es el porqué el proceso de conversión y compromiso es tan importante. Entonces llegamos a estar verdaderamente conscientes de que hemos sido apartados de un viejo modo de vivir y hemos entrado en la realidad de una nueva vida en Cristo.

Para muchos que nunca entran en una iglesia o nunca leen una Biblia, nuestra vida será el primer y más importante testimonio del poder de Dios que es posible jamás conozcan. Como dijo alguien: “Nuestras vidas probablemente sean las primeras Biblias que mucha gente lea”. El material para el testimonio personal es edificado por el Espíritu Santo en la misma fibra de nuestra propia experiencia de vida en Cristo.

2. Certeza

El Espíritu Santo es El mismo, ante todo, un testigo del mismo Jesús. Es el Espíritu Santo quien nos señala hacia Jesús y nos revela el significado de la vida, muerte y resurrección de Jesús (Juan 16:13-14). Pero también es un testigo dentro de nosotros. Esto es el fundamento de nuestra certeza y confianza como creyentes (Romanos 8:16).

Habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

(Efesios 1:13-14)

La palabra “arras” aquí también significa “anillo de compromiso” del griego original. Por tanto, el Espíritu Santo es dado como anillo de compromiso entre dos personas que se aman: Dios y nosotros. Aquí se encuentra el secreto del testimonio personal eficaz. No es algo hipertensivo y lleno de ansiedad, sino que es algo que atestigua esta relación de confianza y seguridad que existe entre el Padre celestial y su niño recién nacido.

3. Denuedo

Y ahora, Señor mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra. (Hechos 4:29)

Los primeros cristianos hablaron y actuaron con un denuedo que no provenía de sí mismos, sino que era el resultado de la obra del Espíritu Santo en su corazón. Jesús había prometido a sus discípulos que no tendrían que tener miedo cuando se les dijera que rindiesen cuentas de sí mismos por El, porque les sería dado en aquel mismo momento qué decir. El libro de los Hechos demuestra claramente que el Espíritu Santo da las palabras y el poder a los que testifican fielmente acerca de lo que Jesús significa para ellos.

4. Entendimiento

Algunas personas tienen miedo de compartir su fe y experiencia de la obra de Dios en sus vidas porque les falta confianza. Este temor surge de la ignorancia, es decir, no sienten que saben lo suficiente como para contestar preguntas o dificultades que puedan resultar de su testimonio. Hay tres pasos sencillos que puedes tomar para vencer este miedo.

Primero, empieza donde te encuentras. Un testimonio es un testimonio de lo que has llegado a conocer de Dios en tu propia vida. La gente no quiere un tratado teológico ¡y de todas formas es probable que Satanás intente paralizarte con temor, acerca de preguntas que no te harían nunca! Tú sabes algo que nadie más en el mundo sabe: lo que Dios ha hecho por ti en Cristo y por el poder del Espíritu Santo.

Segundo, resuélvete a seguir hacia adelante desde donde estás. El mismo Espíritu Santo es tu maestro. Estarás asombrado de cuánto puedes crecer en tu entendimiento si tomas el tiempo y el esfuerzo con las Escrituras (1 Corintios 2:12-13).

Tercero, consigue ayuda donde puedas para desarrollar tu entendimiento. Hoy día, existen a nuestra disposición un gran número de ayudas para nuestro entendimiento espiritual, por ejemplo, libros, concordancias, etcétera.

Necesitamos estar dispuestos a dar nuestro tiempo y nuestra mente al Señor, y dejar a un lado algunas de las trivialidades con que muchos de nosotros llenamos nuestra vida.

5. Capacidad

Los dones del Espíritu Santo en ninguna parte son más relevantes en nuestra vida que en el área de testimonio. El Espíritu Santo no sólo nos da el poder para hablar, sino que por medio de sus dones de sabiduría y discernimiento nos demuestra cuándo y cómo hablar en toda situación dada. Todos vivimos bajo la sombra de la gran comisión de ir y hacer discípulos a todas las naciones, pero no estamos solos en esta tarea. Jesús prometió a sus primeros discípulos que El estaría siempre con ellos y El está siempre con nosotros, dándonos poder y guía por el Espíritu que El ha enviado, para capacitarnos cada día en nuestro testimonio para El.

6. Oportunidad

El Espíritu Santo lleva a hombres y mujeres en áreas de testimonio efectivo. El siempre está tomando la iniciativa, abriendo las puertas correctas donde El ha preparado el terreno para la acogida del evangelio (por ejemplo, Hechos 8:26-39). La vida toma una dimensión totalmente nueva cuando estamos preparados a seguir, cada día, la guía del Espíritu en toda ocasión. El Espíritu Santo preparará el corazón y vida de las personas con las que nos tenemos que ver, para que puedan recibir el testimonio que les damos del poder de Jesús.

Toda nuestra vida es una oportunidad y si nos abrimos a las posibilidades del Espíritu Santo, nos sorprenderá cuántas oportunidades nos serán dadas para compartir lo que significa para nosotros nuestra fe en Jesús. Esto no quiere decir que siempre tengamos que estar esforzándonos por irrumpir en la vida de la gente, quiere decir que necesitamos seguir al Señor cuando El abre la puerta por su Espíritu.

Testificar significa muchas cosas. En alguna ocasión significará hacer una declaración clara de lo que creemos y por qué lo creemos; en otras ocasiones, significará que somos la salida de Dios en cualquier situación, demostrando su amor y poder por medio de nuestras actitudes e interés por los demás. En todo caso, no es un testimonio de nosotros mismos, sino del poder amoroso del Señor Jesucristo (2 Corintios 4:5).

7. Amor

Es el amor de Cristo lo que nos obliga a ser testigos suyos. No somos llevados por temor, culpabilidad o condenación. Todos estos han sido quitados por el poder perdonador del amor de Dios. Porque hemos llegado a conocer la realidad del amor de Dios en nuestro corazón y vida, queremos que tanta gente como sea posible comparta este mismo regalo (2 Corintios 5:14). La gente siente una realidad así. No es algo que surge de nuestra naturaleza humana sino que esta es, otra vez, un producto de la obra del Espíritu Santo en nuestro corazón (Romanos 5:5). Es el poder de este amor obrando en nosotros lo que transforma nuestro testimonio en algo más que en palabras (1 Juan 3:16,18).

n) Preguntas y puntos de discusión

1. ¿Estás llevando a cabo la gran comisión?

2. ¿Debería ser la gran comisión el principio central de la vida de todo discípulo de Jesús, así como el principio central de toda iglesia?

3. ¿Debería ser la tarea de Pablo la nuestra? (Hechos 20:24) ¿Deberíamos tener la misma actitud que Pablo? (Filipenses 3:12-14). Cuál fue la actitud de Jesús? (Lucas 4:43; Juan 9:4).

4. ¿Cómo deberíamos vivir como discípulos de Jesús? (Lucas 9:62; Efesios 5:15-16).

5. ¿Has empezado a testificar a tus amigos, vecinos y parientes; a aquellas personas que conoces en el trabajo o la escuela; a otros que conoces en tus actividades sociales? Si no es así, ¿deberíamos empezar?

6. ¿Por qué no ha vuelto Jesús antes de ahora? (2 Pedro 3:9,15).

7. ¿Señala tu vida a la gente hacia Jesús o lejos de él?

8. ¿Has dado oportunidad en tu vida para ser testigo de Jesús y así empezar a llevar a cabo la gran comisión?

o) Resumen y aplicación

1. Todo discípulo de Jesús ha sido comisionado a ir y hacer discípulos para Jesús.

2. Dios ama tanto a la humanidad que envió a su único hijo Jesús a morir por nosotros. Si la humanidad no acepta la provisión de Dios, será perdida eternamente. Nosotros, como discípulos de Jesús, necesitamos alcanzar a los demás en el poder del Espíritu Santo para impedir que esto suceda.

3. Jesús volverá y vendrá el fin cuando el evangelio del reino de Dios sea predicado a toda nación (Mateo 24:14).

4. Nuestra vida debería ser un testimonio en sí, de Jesús.

5. La principal razón de la venida del Espíritu Santo es la de proveer a los discípulos de Jesús para testificar.

6. ¡Si nosotros no alcanzamos a nuestra generación, no lo hará nadie más!

7. La verdad de Dios experimentada es lo que cambiará nuestra vida y lo que parecerá real a otros cuando miren nuestra vida.

8. Como discípulos de Jesús que conocemos el amor y el poder de Dios, deberíamos querer que toda la gente en la tierra disfrute de lo mismo.

2. Los comienzos del discipulado:

Llevar a otros al Señor

a) Escrituras clave

Juan 15:16 Hechos 4:29-31

Isaías 55:11 Efesios 2:10

Filipenses 2: 10-11 Romanos 10:14-15

Juan 14:12 2 Corintios 6:1

b) Introducción

La palabra griega para “salvación” es “soteria”. Esta palabra también se podría traducir como “seguridad y robustez”. Cuando nacemos de nuevo y nos convertimos en hijos de Dios, ilesos y seguros. Entonces, cuando hablamos a otros acerca de la salvación disponible en Jesús, necesitamos darnos cuenta de que estamos revelando a la gente cómo ellos también puedan llegar a estar sanos y seguros. Esto tiene tres aspectos:

1. Reconciliación: con Dios, la cual se ha hecho posible por la muerte de Jesús.

2. Regeneración: porque Jesús resucitó de nuevo y El nos da nueva vida y es responsable ante Dios por nosotros.

3. Reorientación: por la sumisión a Jesús, porque El ahora es nuestro Señor y por tanto está en el trono de nuestra vida.

No necesitamos esperar hasta que seamos perfectos en toda área espiritual antes de poder hacer discípulos para Jesús. Necesitamos seguir con el trabajo de llevar a cabo la gran comisión, y permitir que ocurran todos los ajustes que sean necesarios en nuestra vida cuando obramos para Dios. No debemos permitir que la ociosidad, la satisfacción de sí mismo, la incredulidad o la falta de amor nos detenga de hacer lo que Jesús ha pedido a todos sus discípulos. Tres fuerzas poderosas y motivadoras obrando en nosotros que nos capacitan para hacer discípulos son:

1. El amor de Jesucristo: (2 Corintios 5:14). Esto debería arder en nuestro corazón para que queramos que todos conozcan este mismo amor.

2. El poder de Dios: por el Espíritu Santo (Hechos 1:8).

3. El temor de Dios: (2 Corintios 5:11; Salmos 103:13). Esto es un profundo respeto por un Padre amoroso y un deseo de vivir y actuar como El quiere que hagamos.

Recuerda, no somos llamados a obrar para Dios, sino a ser obreros junto con Dios. (2 Corintios 6:1)

c) Preparación personal para testificar

1. Asegúrate de que estés adecuadamente preparado (es decir, un conocimiento de la Escritura, técnicas de acercamiento, etcétera.).

2. Pasa un tiempo de oración sin prisa con el Señor y examina la siguiente lista de control:

Sé limpio: entrégate y sométete a Dios. Confiesa todo pecado conocido en tu vida y pide a Dios que te limpie por la sangre de Jesús. Perdona a todos los que te han agraviado. Entonces estarás limpio ante Dios, y Satanás no tendrá asidero en ti. También necesitas resistir a Satanás y él huirá de ti (Santiago 4:7).

Humíllate para recibir autoridad: humíllate bajo la mano poderosa de Dios (1 Pedro 5:6) y dile a Dios que no es tu voluntad sino la suya la que quieres hacer, cueste lo que cueste. Cuando tú mengües y El crezca, entonces estarás entrando en conformidad con la autoridad de Dios. El poder y autoridad de Dios, entonces, puede desarrollarse en ti dándote la capacidad de sobreponerte a cualquier situación.

Sé lleno con el Espíritu Santo: pide al Espíritu Santo que te llene y te unja para ensalzar a Jesucristo, y que te dé poder para su servicio.

Entrégate al Espíritu Santo: entrégate al control del Espíritu Santo. Dile que le estás dando tu cuerpo, mente, voluntad y emociones para que El pueda usarte como su canal obediente. Esto significará que tú aún tomas las decisiones, pero también estarás guiado e influenciado en cuanto a qué hacer y decir. Esto es la esencia de la vida llena del Espíritu.

Sé un canal: pide al Espíritu Santo que fluya de ti para tocar la vida de otra gente y para ministrar por medio de ti a otra gente (Juan 7:37-39).

Habla su palabra: pide al Espíritu Santo que te ponga sus palabras en la boca, es decir, traer a la memoria alguna cosa de la Escritura, o alguna palabra o visión que sea necesaria para hacer disponible la situación para Dios. Pídele que unja tus labios para hablar en la forma que El desea: con palabras de poder, autoridad, desafío, convicción, vida, libertad, amor y compasión.

Sé agradecido: agradece al Señor por haber contestado estas oraciones.

Entonces puedes salir en la autoridad del nombre de Jesús y en el poder del Espíritu Santo para ser el embajador de Cristo en toda situación de la vida.

3. Ora que Dios te guíe a la persona misma cuyo corazón El ya ha preparado (Efesios 2:10; Juan 16:7-11).

4. Gana la confianza y seguridad de esa persona edificando una relación con ella hasta donde sea posible (evangelismo de amistad).

5; Cuenta con el Espíritu Santo para guía y sabiduría.

d) Consejos vitales para ser un ganador de almas efectivo

1. Llegara conocer mejora Jesús (Filipenses 3:10)

Mientras más le conocemos, más podremos comprometernos con El, y más podremos compartir confiadamente con otros. Las mejores maneras para llegar a conocer a Jesús son: diariamente por la Palabra de Dios, en oración y en comunión con otros cristianos.

2. Seguir a Jesús más de cerca (Mateo 4:19)

La única manera de seguir a Jesús es seguir su ejemplo y hacer lo que Dios pide que hagamos día a día por su Palabra. Jesús llamó a sus primeros discípulos a seguirle y que El les haría pescadores de hombres. El quiere hacer lo mismo por nosotros.

Cinco claves para ser pescadores eficaces:

– Su propósito es claro (saben lo que hacen y no son distraídos).

– Su preparación es cuidadosa (están adecuadamente equipados para el trabajo).

– Su lugar es escogido (van donde están los peces y donde pican: ¡raramente saltan los peces de la barca!).

– Su persona es escondida (no proyectan su propia imagen sino la imagen de Jesucristo, porque El es la respuesta y no ellos. Hacen discípulos siendo discípulos ellos mismos. Los demás deberían poder mirarles y ver a Jesús).

– Su paciencia es constante (no se rinden la primera vez si los peces no pican).

3. Ensalza a Jesús con tu vida, acción y palabra (Juan 12:32)

No son ni tus palabras finas ni tu persuasión lo que atrae a la gente a Jesús, sino ensalzar al Señor Jesús ante los demás.

Tu vida es tu herramienta más poderosa para influenciar a amigos, parientes y otra gente, en general, y para llevarlas a Jesús. Tu vida pueda ser la única Biblia que algunas personas leerán. ¿Cómo puede la gente darse cuenta de que tenemos a Cristo en nosotros y que estamos llenos del Espíritu Santo? Piensa en ti como si fueses un tubo sin marcar. Para averiguar lo que hay en el tubo lo estrujas y ves lo que sale. Cuando eres estrujado por las presiones de la vida, ¿qué es lo que sale? ¿Es la impaciencia, las tensiones, ira, frustración, etcétera, o es el amor, gozo, paz, paciencia, etcétera? Los demás mirarán a ver lo que sale, porque querrán saber si lo que dices funciona de verdad.

Recuerda ser real cuando testificas a otros para Jesús, en especial en la esfera de tu testimonio. La causa de Dios no es fomentada por la exageración y falta de honestidad. Nuestro testimonio ha de ser mezclado con una medida de disciplina, discernimiento, amor y cuidado. También necesitamos mantenernos sintonizados con Dios y El nos guiará, dirigirá y nos dará el poder.

e) Cómo llevar a alguien a Jesús

Cada situación será diferente, entonces debemos mantenernos dispuestos a ser guiados por el Espíritu Santo. Recuerda, nosotros no salvamos a las personas: Jesús lo hace, por medio del Espíritu Santo. Nosotros sólo somos canales que Dios usa para traer su provisión en Jesús a otra persona. Los siguientes pasos son algunas líneas de guía que pueden ayudar:

1. Cuando el Espíritu Santo te lleva a una persona, aborda una conversación casual con ella y así establece un contacto social, orando que el Espíritu Santo dirija la conversación a asuntos espirituales. Busca oportunidades para empezar a hablar acerca de Jesús y usa tu propio testimonio como introducción donde sea posible. Una vez que tengas su atención, averigua dónde está la persona con Jesús, por ejemplo, pregunta si ha aceptado a Jesús en su propia vida o si tiene una relación o amistad con Jesús. Asegúrate de que la persona no te lleve lejos del asunto principal con argumentos y excusas para despistar. También asegúrate de que no uses palabras religiosas que no puede entender, porque esto puede confundir o desanimarle.

2. Compártele las buenas nuevas (es decir el evangelio):

– Dios ama a toda la gente del mundo (Juan 3:16).

– Pero todos los hombres han pecado (es decir, desagradado a Dios, Romanos 3:23).

– El pecado separa a los hombres de Dios (Isaías 59:2).

– Si el pecado no es quitado, la vida de los hombres será estéril (Efe si os)

– La paga del pecado es muerte (Romanos 6:23).

– Dios envió a Jesús y El murió en la cruz y pagó la pena por los pecados de todas las personas (1 Corintios 15:3).

– Dios resucitó a Jesús de la muerte y Jesús puede salvar (1 Corintios 15:20-22; 2 Corintios 4:14; Hebreos 7:25).

– Sólo la sangre de Jesús derramada cuando murió puede limpiar y quitar el pecado, permitiendo vida eterna con Dios para la humanidad (Hebreos 9:12,22).

– Para ser perdonado por Dios, un pecador debe dar dos pasos:

(1) Arrepentirse: volverse de todos los caminos egoístas y pecaminosos (Hechos 3:19).

(II) Aceptar: debe hacer a Jesús su Señor y Salvador (Romanos 10: 9-10).

3. Déjale contar el costo. Jesús dijo:

Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame.

(Lucas 9:23)

– Recalca que recibir a Jesús significa hacerle totalmente Señor de su vida (Hechos 2:36).

– Explica que debe estar dispuesto a confesar a Jesús como su Señor públicamente (Romanos 10:9-10).

– Enséñale que debe estar dispuesto a renunciar a sus ídolos como la televisión, el auto, el dinero, etcétera. Puede seguir teniendo estas cosas, pero ya no como lo más importante en su vida.

– Debe estar dispuesto a hacer un compromiso a Jesús, y no volver atrás (Lucas 9:57-62; Lucas 14:25-33).

4. Enséñale que necesita que Cristo Jesús sea su Señor y Salvador porque El es el Camino, la Verdad y la Vida y El es el único que nos puede dar una relación con Dios (Juan 3:18,36; Juan 14:6; Hechos 4:12).

5. Asegúrate de que el Espíritu Santo haya realizado una genuina convicción de pecado (Juan 16:8).

6. Desafíale a arrepentirse y dejar su viejo modo de vivir que deshonraba a Dios. Anímale a pedir a Dios que perdone sus pecados. Esto le hará limpio a los ojos de Dios. Luego, debe aceptar a Jesús como su Señor y Salvador (Romanos 10:9-10). Inmediatamente recibirá el Espíritu Santo como depósito, garantizando su nueva herencia en Dios (Efesios 1:13-14) y se convertirá en un hijo de Dios (Juan 1:12) . [Ver Sección A: Capítulos 3,4,5y6].

7. Pídele que ore en voz alta la oración del pecador. Puede repetirla después de ti, leer una copia o inventar su propia oración una vez que conozca el evangelio de Jesús. Una oración de muestra es la siguiente:

“Señor Jesús, reconozco que soy un pecador y me siento muy triste por ello. Gracias porque tú moriste por mí en la cruz. Por favor, perdona mis pecados. Yo me arrepiento de ellos y abandono todos mis caminos pecaminosos. Te pido que entres en vida como Señor y Salvador. Gracias por la nueva vida que me das. Amén”.

8. Explícale que puede estar confiado y seguro de su salvación. El Espíritu Santo dará testimonio en él de que es salvo (1 Juan 3:24, Romanos 8:14-16) y la Palabra de Dios ha prometido que cuando ha hecho todo lo anterior, entonces es salvo (Juan 6:37; Juan 1:12; Juan 5:24; Juan 6:47; 1 Juan 5:11-13; Hebreos 13:5).

La Palabra de Dios dice que es limpio de todo pecado y que tiene el don de vida eterna. Puede que no esté tocado emocionalmente, pero sabrá que es diferente de alguna manera. Esto puede tardar tiempo para hacerse evidente.

f) Ayúdale a tener un buen principio en su nuevo caminar como cristiano

1. Haz todo el trabajo complementario posible en el momento en que lleves a una persona a Cristo, porque puede que no le vuelvas a ver. Déjale con literatura adecuada, por ejemplo, un buen tratado o folleto complementario explicando lo que la persona ha hecho y enseñando los pasos básicos necesarios para seguir a Cristo; y también asegúrate de que tenga una traducción amena de la Biblia (o parte de ella). Asegúrate de explicar a la persona la necesidad que tiene de ser bautizada o llena del Espíritu Santo [Ver Sección A: Capítulos 11 y 12]. Si da su permiso, toma su nombre, dirección, edad y número de teléfono, para que tú o alguien más pueda contactarle por teléfono o por una visita personal.

2. Cuando contactes con una persona la primera vez (asegúrate de no dejarlo demasiado tiempo), sé alegre y anímale a continuar con Cristo. Dile que estás orando por él, y asegúrate de hacerlo, diariamente. Pregúntale cómo va con la literatura que le diste y contesta toda pregunta que te haga. Anímale hacia el crecimiento personal en Cristo a través de:

– La oración diaria (hablar con Dios) (Lucas 18:1).

– La lectura diaria de la Palabra de Dios (la Biblia) (Hechos 17:1).

– La confianza en Jesús (Juan 6:28-29).

– La obedeciencia a Dios y su Palabra (Hechos 5:32).

– La comunión regular con otros creyentes nacidos de nuevo (Hechos 2:42).

El testimonio, diciendo a otros lo que has encontrado en Jesús (Lucas 8:39).

– Obrar para Dios (Juan 9:4).

– Ser bautizado y luego continuamente lleno con el Espíritu Santo para habilitarle a servir a Dios en su fuerza y poder. (Hechos 1:5, 8; Romanos 8:11; Efesios 5:18).

Pregúntale si tiene algún problema y aconséjalo como mejor sepas. Sé un amigo suyo en Cristo. Pregúntale si asiste a alguna iglesia, o al menos si ha pedido informes. Si quiere asistir a la misma iglesia que tú, ofrece recogerle o ir con él para que no se sienta solo. Si decide ir a una iglesia que no conoces, entonces anímale a encontrar una iglesia dinámica y basada en la Biblia. Algunas características de tal iglesia incluyen: . – Un compromiso total al Señorío de Cristo.

– Amor y unidad entre los miembros.

– Un fuerte énfasis en la oración.

– Alabanza y adoración conducido en el Espíritu y en verdad.

– Miembros moviéndose en los dones y el poder del Espíritu Santo.

– La iglesia anima a vivir en santidad.

– Llaman a pecadores al arrepentimiento.

– Predican el evangelio de salvación por fe.

– Ayudan a los pobres y necesitados.

– Dan abnegadamente.

– Están involucrados en la misión universal.

También se debe recordar que puede que la iglesia aún no haya alcanzado estos ideales, pero al menos, deberían ser su meta.

Si es de alguna manera posible, pregúntale si le gustaría ser discipulado regularmente por ti o por otra persona, y organízalo. Finalmente, ora por él, concentrándote especialmente en sus problemas y en su relación continua con Jesús.

g) Vive como un verdadero hijo de Dios

Sé genuino y sincero: no seas un fanático desconsiderado e insensible. Sé natural acerca de tu cristianismo El gozo y el amor de Cristo son la mayor publicidad que tienes para alcanzar a los que deseas que conozcan al Señor Te-cristo. Sé sal donde sea que estés. Jesús dijo que hemos de ser la sal de la tierra (Mateo 5:13-16). La sal purifica, sana, preserva, desinfecta y fertiliza. Entonces, sin darte cuenta, tienes un efecto tremendo estés donde estés porque Cristo está en ti. Otra cosa vital que hace la sal es provocar que la gente sienta sed. Tu vida debería hacer que la gente tenga sed de la vida de Cristo porque El se irradia de ti. Mientras vives tu vida genuinamente como discípulo de Jesús ante los demás, les atraerás a Cristo.

Recuerda que un testigo no es llamado a ser ni juez, ni abogado defensor, ni fiscal. Un testigo sencillamente es llamado a dar los hechos como los conoce. Deja que Dios haga la defensa, convicción y juicio, tú sólo comparte lo que sabes que es cierto en tu vida.

h) Preguntas y puntos de discusión

1. ¿Qué sucede en el cielo cada vez que alguien es salvo? (Lucas 15: 5-7,22-24,32).

2. Los nuevos cristianos pueden traer gran gozo a la iglesia, pero además, pueden traer gran inconveniencia a los programas que funcionan fluidamente. Discútelo.

3. Discute los inconvenientes más comunes para comenzar a traer a otra gente al Señor y ayudarle a crecer en El.

4. Discute cómo nos motiva Diosa hacer que sanemos espiritualmente a otros, poniendo su amor, temor y poder en nosotros.

5. Ser real, disciplinado, amoroso y discernidor son vitales al ministerio de hacer a hombres completos. Discútelo.

6. Pide a Dios que te enseñe los obstáculos que te han impedido convertirte en pescador de hombres antes de ahora. Orad los unos por los otros para el alejamiento de estos estorbos.

7. El temor es el factor más común que estorba nuestro testimonio. ¿Qué dice la Palabra de Dios acerca del temor al hombre? (2 Timoteo 1:7; 1 Juan 4: 8; 1 Pedro 3:13-16).

8. ¿Qué dirías a alguien que quisiera hacer a Jesús su Señor?

9. Escribe tu propio testimonio en menos de 250 palabras, evitando toda jerga religiosa, para que estés preparado para compartirlo.

10. Empieza a orar y buscar en fe por aquellos que puedes traer al Señor y los que puedes discipular.

i) Resumen y aplicación

1. La salvación en Jesús es plenitud para los que la encuentran.

2. Antes de testificar debemos asegurarnos de que estemos bien ante Dios y ante el hombre.

3. Necesitamos saber lo que compartiremos con los demás para traerles a Jesús para salvación.

4. Debemos estar abiertos a la guía, dirección y poder del Espíritu Santo para ser un testigo efectivo para Jesús.

5. Nuestra vida es el mejor testimonio y publicidad que tenemos para enseñar a Jesús a otros, y para enseñar lo que El puede hacer en la vida de la gente. Entonces, necesitamos llegar a conocer mejor a Jesús, seguirle más de cerca y ensalzarle con nuestra vida, acción y palabra.

6. Cuando llevamos a otra persona al Señor tenemos la responsabilidad de asegurarnos de que reciban más información y que sigan adelante con Cristo. Esto lo podemos hacer nosotros personalmente, u otra persona a la que podemos confiar esta importante responsabilidad.

7. Recuerda, no somos llamados a hacer convertidos que posiblemente cambien de opinión. Somos llamados a hacer discípulos que han cambiado su vida.

3. Discipular discípulos

a) Escrituras clave

Mateo 28:18-20 Hebreos 6:12 2

Timoteo 2:2 Hebreos 13:7

Lucas 6:40 1 Pedro 2:21

Colosenses 1:24-29′

b) Introducción

Nuestro propósito, como discípulos de Jesús, debería ser el hacer otros discípulos nuevos para Jesús. El dijo: Por tanto, id, y haced discípulo a todas las naciones. (Mateo 28:19)

Este llamamiento implica no sólo conducir a alguien a conocer al Señor Jesús por sí mismo, sino también llevarle al grado de madurez adecuado para que él también pueda conducir a otro a Cristo, el cual a su debido tiempo, también llegará a la madurez en el Señor. No hace falta esperar hasta que seamos perfectos y expertos en toda el área espiritual antes de poder hacer discípulos. Necesitamos estar haciendo como nos lo ha pedido Dios, y después entregarle nuestra vida y dejarle que nos ajuste y desarrolle mientras hacemos el trabajo.

La pereza, incredulidad, falta de amor o cualquier otra cosa más, no debería detenernos de hacer lo que Jesús ha pedido que hagan todos sus discípulos. Dios espera que pasemos a los demás algo de la vida de Cristo y la madurez que hemos alcanzado en esta vida.

Cuando discipulamos a otros necesitamos concentrar nuestros esfuerzos en gente fiel, que sucesivamente, podrán enseñar a otros. (2 Timoteo 2:2). Sabemos que el apóstol Pablo hizo esto él mismo con Timoteo, Tito y Silas. Jesús pasó la mayoría de su tiempo de ministerio de tres años continuamente con doce hombres y dedicó particular atención a tres de estos hombres. Los hombres que Jesús entrenó entonces entrenaron a otros, y ellos, sucesiva­mente, entrenaron a otros hasta que al final el mundo conocido de aquella época fue cambiado. Este discipular discípulos es una clase de reproducción espiritual. Funciona porque los discípulos pasan la calidad de vida que tienen en Cristo a otros (Lucas 6:40).

c) Los tres niveles del discipulado

1. Una reunión de iglesia (por ejemplo, Lucas 13:10; Mateo 5:1-2) o una gran reunión de cristianos.

Es importante que los discípulos de Jesús se reúnan para adorar al Señor y participar en la plena expresión del cuerpo local de Cristo (Hebreos 10:25). No obstante, esta clase de reunión no fomenta ni las amistades profundas y confiadas, ni tampoco que se vean las necesidades y las preguntas individuales. Estas reuniones también suelen estar restringidas a horas y lugares fijos, y esto puede que no sea cuando las personas que estás discipulando necesitan ayuda.

2. Un grupo casero o grupo de edificación

Jesús muchas veces enseñó a un pequeño grupo de sus discípulos (por ejemplo, Mateo 13:36; Lucas 9:18). El tamaño de este grupo permite la enseñanza, la discusión y que la gente comparta. Se puede establecer una mayor profundidad de amistad entre los miembros de un grupo pequeño que con un gran grupo de personas, y pueden ser más flexibles en la planificación y organización de las reuniones.

3. El discipulado de uno a uno (por ejemplo, Juan 3:1-21; Juan 21:15-22)

Este método es muy bueno en términos de desarrollo de relaciones, el compartir en forma íntima e individual el ministerio personal y para dar respuestas a dudas. Por consiguiente, esta clase de discipulado es especial­mente importante para nuevos cristianos, para ayudarles a estar firmemente establecidos en el reino de Dios y en la iglesia local. Todo discipulador debería estar disponible para ayudar uno a uno cuando la persona a quien está discipulando necesite esta clase de contacto personal. Sin embargo, este método es costoso en términos de tiempo y mano de obra y no estimula a una comunión más amplia.

El mejor método es una combinación de los tres.

d) Aquellos que discipulan a otros deberían ser personas que los demás puedan imitar

Deberían:

– Tener hambre de la Palabra de Dios.

– Tener sed del vivir en santidad.

– Desear un mayor conocimiento de Dios.

– Estar comprometido al Señorío de Jesús en su vida, queriendo su voluntad en todo asunto, cueste lo que cueste.

– Tener el deseo de ser usado por Dios.

– Sentir amor por Dios y por todo su pueblo.

– Estar llenos y fiarse de su Espíritu Santo.

Puede que estas características no estén plenamente desarrolladas, pero debería haber al menos una indicación de que estas cosas están en desarrollo en su vida (1 Tesalonicenses 2:7-8; 1 Corintios 4:15, 16; 1 Tesalonicenses 1:6).

e) Los discípulos no sólo son llamados a alcanzar a otros para el Señor y enseñarles, sino que deberían hacerlo

– Comunicar gozo y entusiasmo en Cristo a sus discípulos.

– Enseñar a sus discípulos el amor incondicional y abnegado.

– Estar fácilmente disponibles para sus discípulos, ayudándoles, dando de su tiempo, energía, un día libre e incluso ayuda económica (finanzas).

– Compartir su vida como un verdadero amigo en Cristo con sus discípulos. – Orar por sus discípulos siempre que piense en ellos

– Facilitar la liberación de sus discípulos a través de la oración por ellos. – Desafiar a sus discípulos a una fe aun mayor.

– Animar el potencial que se ve en los discípulos.

– Expresar aprobación y alimentar las mejores cualidades vistas en sus discípulos.

– Dar un buen ejemplo a los discípulos, siendo siempre puntuales; frenando los malos hábitos; no haciendo nunca nada que pudiese causar tropiezo a otro; dando tiempo, recursos y talentos para extender el reino de Dios.

f) Cómo seleccionar a aquellos a los que deberías discipular

1. Si aquellos en autoridad espiritual sobre ti deciden por ti

Esto puede ser porque te han escogido para llevar un grupo casero o un nuevo grupo de edificación de cristianos. En este caso, sigue las directrices dadas por el liderato.

2. Si tú tienes una opción

Jesús oró a Dios antes de escoger a aquellos en los que concentraría su programa de discipulado (Lucas 6:12-13). El necesitó sabiduría de Dios para hacer la selección correcta. Tenemos disponible esta misma fuente de sabiduría si la necesitamos y si la pedimos en fe (Santiago 1:5-8). Es más probable que Dios seleccione a alguien entre la gente que ya conocemos para que le discipulemos. Entonces, necesitamos mantener los ojos abiertos y mirar. También puede ser que Dios te haya escogido para discipular a alguien (o un grupo de personas) que tú (u otros) hayan traído (o tengan que traer) al Señor.

Cuando buscas a alguien para discipular, deberías buscar a aquellas personas que estén dispuestas a escuchar, aprender, perdonar, confiar, servir, sacrificar, amar a Dios, crecer espiritualmente, ser fieles, reconocer sus necesidades, mantenerse abiertas a Dios y comprometerse a la sabiduría de la Palabra de Dios y a su Espíritu. Puede ser que estas cualidades no sean evidentes en las personas al principio de tu programa de discipulado. Las personas pueden parecer bastante incultas, aunque estimables al principio, pero deberías percibir o sentir en Dios, que potencialmente estas personas manifestarán estas cualidades.

Recuerda que Dios sólo promete ayudarnos cuando estemos haciendo su voluntad. Entonces, no te compro­metas con nadie del que no estés seguro en Dios. También se recomienda que no asumas bajo tu cargo ningún miembro del sexo opuesto si discipulas en proporción de uno a uno, porque ciertos aspectos de la vida que se han de compartir son demasiado íntimos.

No compitas con los líderes que están sobre ti, como tu pastor o vicario. Si aún no saben lo que te propones hacer, entonces explícales el programa y sométete a toda decisión que tomen. Tampoco asumas a tu cargo demasiados discípulos. Estas personas necesitarán tu ayuda, y si te extiendes demasiado entre un número de personas, disminuirás tu eficacia. Es mejor discipular a una persona bien, que a muchas personas deficientemente.

g) Empezar un grupo de discipulado

Si tú eres el que escoge a las personas que discipularás, se recomienda que te acerques a ellos para explicar lo que tienes en mente. Dales una idea de lo que se trata el discipulado, y si propones usar este manual como ayuda, enséñaselo y explícales su utilidad. También necesitarán que les digas lo que esperas de ellos (por ejemplo, reunirse como mínimo una vez a la semana durante aproximadamente dos horas; repasar la unidad de enseñanza durante la semana anterior a la reunión contigo y someterse a tu autoridad espiritual como discipulador (Hebreos 13:17). Es importante que las personas involucradas se comprometan de buena gana al concepto del discipulado. Pídeles que oren acerca de ello.

Si te han pedido llevar un grupo de personas entonces los mismos principios se aplican. Estos principios se deberían compartir o bien con las personas individualmente o con el grupo en la primera reunión que celebren juntos.

h) Organizar la reunión semanal [véase la sección al principio titulada: Cómo usar este manual”].

i) Metas para tus discípulos

1. Amar a Dios ante todo (Mateo 22:37).

2. Amar a su prójimo como a sí mismo (Mateo 22:39).

3. Ser transformados para que sean más como Jesús (2 Corintios 3:18).

4. Deleitarse obedeciendo a Dios, cueste lo que cueste (Juan 14:21).

5. Crecer en conocimiento de la Palabra de Dios por medio de la enseñanza y discusión en grupo y también por el estudio bíblico personal (Lucas 24:25).

6. Cambiar su estilo de vida para que no les guste hacer cosas que deshonren a Dios. Hacer tiempo y desear realizar lo que Dios quiere que hagan, por ejemplo, establecer un tiempo con el Señor diariamente, asistir a la iglesia con regularidad, confiar en el Espíritu Santo en vez de en sus propios sentimientos naturales, etcétera. (Lucas 9:23; Gálatas 5:13-25; Romanos 12:1-2; Tito 3:14).

7. Aprender y volverse más competentes en las habilidades esenciales en las que un discípulo de Jesús debería estar seguro, por ejemplo, dando su testimonio, cómo llevar a una persona interesada al Señor, cómo enseñar a otros y orar para que reciban el Espíritu Santo, etcétera (2 Timoteo 4:2; 2 Timoteo 2:15).

j) Conclusión

La calidad suele producir cantidad, pero la cantidad en sí no necesariamente produce calidad. Necesitamos pasar a otros la calidad de vida que tenemos en Cristo. Entonces aquellos pocos que reciben esta calidad de vida en Cristo necesitan ser animados a pasarla otra vez. Con el tiempo, si este proceso continúa, los pocos se multiplicarán en muchos.

k) Preguntas y puntos de discusión

1. ¿Son válidos los principios del discipulado expuestos en este manual para los cristianos del siglo veinte?

2. ¿Crees que la iglesia, en general, ha tenido éxito en edificar los fundamentos adecuados de la verdad bíblica en los cristianos para ayudarles a vivir una vida victoriosa y fructífera, trayendo gloria a Dios y extensión a su Reino como deberían hacer? ¿Podría ayudar un programa de discipulado?

3. ¿Hace falta un método sistemático de discipulado, o es suficiente sólo reunirse y progresar, según las -necesidades del grupo, o cómo se siente guiado el discipulador?

4. ¡Discute la diferencia entre “informar” la mente y “formar” la vida de los discípulos!

5. Si quieres discipular a otros, ¿cuál es tu motivación, curiosidad, culpabilidad, inseguridad, coacción, reconocimiento -o amor, visión y el llamado de Dios?

6. ¿Podrías decir a otra persona: ‘limítame” y saber que si lo hiciera viviría una vida como Jesús pretende que viva?

7. Montaigne dijo: “Ningún viento sopla a favor del barco que no tiene puerto de destino”. Necesitamos ir con un rumbo fijo a algún lugar antes que Dios nos pueda ayudar. ¿Te diriges hacia algún lugar en términos del discipulado? Si no es así, ¿qué vas a hacer al respecto?

i) Resumen y aplicación

1. Todo cristiano debería estar involucrado en el proceso de discipulado, es decir, o bien deberían estar siendo discipulados o bien estar discipulando a otros.

2. Dios nos conduce a un grado de madurez para que podamos pasar a otros la calidad de vida en Cristo que hemos alcanzado.

3. Todos los niveles de actividad en la iglesia deberían tener como meta el discipulado.

4. Deberíamos concentrar nuestros esfuerzos de discipulado en hombres fieles, que sucesivamente serán capaces de enseñar a otros (2 Timoteo 2:2).

5. Aquellos que discipulan a otros deberían ser personas que otros puedan imitar y que den un buen ejemplo.

6. No te comprometas a discipular a nadie si no estás seguro que Dios está con él.

7. Asegúrate de que la enseñanza que reciben tus discípulos sea un equilibrio entre lo que ellos son en Cristo y a lo que deberían aspirar en Cristo.

8. Nunca compitas con tu liderazgo cuando estés discipulando a otros, y no asumas la carga de más discípulos de los que puedes manejar con eficacia.

GLOSARIO

Abogado: Uno que se pone a nuestro lado para ayudarnos en un tiempo de necesidad; uno que habla en nuestra defensa.

Adopción: Un lugar y una condición de hijo dado a uno que no le pertenece por naturaleza.

Adoración: Tributar homenaje; hacer reverencia; inclinarse o agacharse y besar; reverenciar; demostrar ­devoción; servir.

Adversario: Un contrario en un pleito o un enemigo; estar en el lado opuesto a otra persona; estar en contra de otra persona.

Aleluya: Alabanza al Señor

Alma: Es la mente, las emociones y la voluntad de una persona.

Amonestar: Hacer presente alguna cosa para que se considere; entrenar por una palabra o bien por estímulo, o si es necesario por reprensión o reconvención.

Antepasado: Uno que nació antes.

Anticristo: Puede significar o contra Cristo o en vez de Cristo, o quizás una combinación de las dos, es decir, uno que se asume la forma de Cristo y se opone a Cristo.

Apóstol: Uno que es enviado; la iglesia primitiva tenía a los apóstoles como guías espirituales de los líderes.

Arrepentimiento: Tener otra opinión; cambiar el sentido de nuestra experiencia.

Ayuno: Una abstinencia voluntaria de la comida o de cualquier otra cosa como sacrificio a Dios.

Bautismo: Mojar o sumergir (por ej. sumergir una tela en tinte para cambiar su color).

Bendecir: Hablar bien de; celebrar con alabanza; consagrar una cosa a Dios; pedir a Dios que toque; hacer que prospere; hacer feliz.

Blasfemar: Hablar difamatoriamente de Dios; hablar con desprecio de Dios o de cosas sagradas; hablar palabras malas y abusivas.

Carne: El cuerpo y alma de una persona.

Celestial: Celeste; divino; del cielo.

Cielo: La morada de Dios y sus ángeles; un lugar o estado de éxtasis supremo.

Circuncisión: Literalmente “cortar circularmente”; era una señal del pacto antiguo testamentario entre Dios y su pueblo escogido; moralmente significa un apartarse de Dios y su camino.

Comunión: Compartir en común; asociación.

Condenar: Pensar mal de; pronunciar juicio sobre; decidir en contra; pronunciar sentencia.

Consagrar: Apartar como sagrado; dedicar a Dios; ofrecer; santificar.

Conciencia: Un sentido moral del bien y del mal en cuanto a las cosas por las que uno es responsable; el testimonio dado a la conducta de uno.

Convicción: Es darnos cuenta de que somos pecadores y por tanto estamos separados de Dios y condenados; es un estado de culpabilidad, el conocimiento de que estamos errados a los ojos de Dios.

Corazón: Espiritualmente esto es el vínculo entre el espíritu y alma de un hombre; el lugar de las fuentes escondidas de la vida personal.

Corbán: Una ofrenda de cualquier sacrificio; un regalo ofrecido a Dios.

Cristiano: Una palabra formada según el estilo romano que significa un adherido a Jesús. Se usó primera­mente por los incrédulos en relación a los creyentes de Antioquía.

Culpabilidad: Sujetado o atado por; ser propenso a acusación o acción en la ley; llevado ajuicio bajo sentencia. Desamparar: Dejar atrás; abandonar.

Devoto: Literalmente “agarrarse bien”; reverenciar a Dios; tener cuidado de seguir los mandatos de Dios; piadoso; temor reverencial bien dirigido; un temor santo de Dios que da su energía y expresión en acción dedicada.

Diezmo: Una décima parte tomada o dada.

Discípulo: Literalmente “un aprendiz o seguidor”; uno que sigue la enseñanza de otro; un adherido; imitador del Maestro.

Dispensación: Un modo de trato; un arreglo o administración de asuntos, la gestión de una casa o asuntos caseros o la propiedad de otros, una administración, una responsabilidad confiada.

Doctrina: Aquello que es enseñado; la enseñanza recalcando la autoridad de lo enseñado; el acto de enseñar o instruir.

Edificación: Literalmente “las cosas de la fabricación”; la acción de edificar; el edificio o la construcción; bien sea material o figurado; la promoción del crecimiento espiritual.

Elegidos: Entresacados o escogidos.

Enfermedad: “Necesidad de fuerza”; una debilidad que indica la inhabilidad de producir resultados.

Epístola: Un mensaje o carta con un propósito general de dirigirse a todos a los que pueda interesar. Es como un discurso público que se alegra de antemano de su publicación.

Evangelio: Las buenas nuevas o el buen mensaje.

Evangelista: Literalmente “un mensajero del bien”; un comunicador de evangelio; uno que proclama noticias buenas o las buenas nuevas.

Expiación: Enmendar; pagar la pena; reconciliar; expiar; es la ofrenda de Cristo para pagar la pena del pecado y así apaciguar el juicio divino.

Fe: Una persuasión firme; una convicción basada en el oído, es la expresión activa de nuestra confianza amorosa en nuestro Padre Celestial y su Palabra; es creer en Dios y su Palabra en vez de en lo que vemos y sentimos.

Filacteria: Una pequeña tira de pergamino con porciones de la ley escritas en ella, sujetado por una correa de piel o bien a la frente o al brazo izquierdo sobre el corazón, para recordar al que la lleva el deber de guardar los mandamientos de Dios en la mente y en el corazón.

Forma: Es la naturaleza o esencia que subsiste en el individuo y es retenida mientras exista el individuo mismo; la representación, perfil o patrón de una cosa.

Fornicación: Acto sexual fuera del matrimonio.

Fundamento: Una sustancia en la que construyes una estructura; el soporte para un edificio.

Gentiles: Naciones distintas a Israel.

Glorificar: Magnificar, ensalzar, alabar y honrar.

Gracia: Grandes riquezas a costa de Cristo; algo que no merecemos pero que Dios ha hecho disponible en Jesús.

Hades: La región de los espíritus salidos de los perdidos, el intermedio entre estar difunto y la perdición en el infierno.

Heredero: Uno que obtiene una parte o porción de una herencia; uno que recibe algo de otra manera que por mérito.

Herejía: Escoger una opinión que es sustituida por sumisión al poder de la verdad, y que lleva a la división y la formación de sectas; una posición adoptada opuesta y contraria a la Palabra de Dios.

Hipocresía: Fingir o hacer teatro; decir una cosa y querer decir otra. Hosanna: Salva, oramos.

Hospitalidad: Amor por los desconocidos; recepción amigable y liberal de invitados y desconocidos.

Humilde: Bajo; de grado bajo; traído abajo; humildad de opinión.

Idolatría: La adoración de cualquier cosa que no sea el Dios único verdadero.

Incensario: Un vaso para quemar incienso.

Infierno: Un lugar de juicio, caracterizado por el fuego eterno e inextinguible.

Iniquidad: “Desorden”; maldad o perversidad.

Inmortalidad: Sin muerte.

Juicio: Esto principalmente denota una separación y luego una decisión.

Justificación: Hacernos justos; tal como si nunca hubiéramos pecado y desagradado en primer lugar a Dios; es Dios mirándonos y viendo a Jesús.

Levadura: Masa agria en un estado alto de fermentación que se usa, generalmente, para hacer pan; se usa en el Nuevo Testamento, metafóricamente, para significar prácticas corrompidas y doctrina corrompida.

Magnificar: Hacer grande alguna persona o cosa.

Maná: Provisto sobrenaturalmente por Dios para Israel durante su peregrinación por el desierto; se usa metafóricamente para significar el alimento espiritual.

Mandamiento: Significa aquello que es impuesto por decreto o por ley; un interdicto o mandato; una orden autoritaria.

Manifestación: Dejar al descubierto; desnudar; revelar; revelación.

Mansedumbre: Una aceptación del Señorío de Dios sobre nuestra vida y por tanto su trato para con nosotros sin disputa ni resistencia; el fruto del poder de Dios en nosotros: sabemos que no somos nada, mas Dios en nosotros es todo suficiente.

Manso: Denota amabilidad, quietud, disposición tranquilizadora.

Manto: Literalmente “aquello que se sobrepone”.

Maranata: Ven nuestro Señor; o reúnenos a todos en tu Reino que has preparado.

Mediador: Uno que media entre dos partes con vistas a lograr la paz; uno que actúa como aval para asegurar algo que de otra manera no se podría conseguir.

Ministerio: El oficio o trabajo de un siervo o sirviente.

Mortal: Sujeto a la muerte.

Ofensa: Principalmente un paso falso; un error garrafal; una desviación de la rectitud y la verdad.

Oración: Dios comunicándose con nosotros y nosotros con Dios.

Pacto: Determinar o ponerse de acuerdo; una disposición de propiedad por testamento o de otra manera; un acuerdo; la unión entre dos partes o más, cada una comprometiéndose a cumplir sus obligaciones; una promesa o compromiso tanto por parte de los hombres como por Dios.

Parábola: Literalmente denota un poner al lado; significa poner una cosa al lado de la otra con vistas a hacer una comparación; una narración que presenta una lección espiritual.

Pascua: Pasar por encima; perdonar; una fiesta instituida por Dios en memoria de la liberación de Israel de Egipto y en anticipación del sacrificio de Cristo en la cruz.

Pastor: Un pastor de ovejas; uno que lleva y guía el rebaño.

Pecado: Es todo lo que desagrada a Dios; es no dar en el blanco.

Pentecostés: Es un adjetivo que denota el quincuagésimo día; una fiesta que también se llama la Fiesta de las Semanas que es el quincuagésimo día después de la Pascua contando a partir del segundo día de aquella fiesta.

Perder (el derecho a): Dañar o sufrir pérdida; es perder o penalizar al mismo yo con pérdida espiritual y eterna.

Piadoso: Ser dedicado; esto denota piedad que se caracteriza por una actitud hacia Dios; aquello que agrada mucho a Dios; el temor o reverencia a Dios.

Piedad: Reverenciar; demostrar devoción hacia cualquiera que merece el respeto sumiso.

Primicias: La parte mayor o principal; el primer fruto maduro de la cosecha o del árbol.

Principado: Uno que ejerce gobierno o dominio.

Profanar: Hacer lo ordinario; hacer lo no santo o inmundo; contaminar; manchar, matizar o teñir de otro color; embarrar o ensuciar.

Profeta: Uno que habla por Dios; un proclamador de un mensaje divino.

Propiciación: Es un sacrificio que salva al pecador del infierno cuando cree en Dios; es apaciguar o hacer expiación.

Propiciatorio: El tapón o cubrimiento del arca del pacto; el estrado de Dios.

Querubines: Seres angélicos que contribuyen a las manifestación de la gloria de Dios.

Rabí: Mi amo, un título de respeto por el que se dirigía a los maestros.

Reconciliación: Cambiar de enemistad a amistad; cambiar o canjear; la reconciliación sucede cuando la gente en su condición pecaminosa y de alejamiento de Dios cambia su actitud y acepta la provisión que Dios ha hecho, por lo cual, sus pecados son perdonados y ellos mismos son justificados ante sus ojos en Cristo.

Rectitud: El carácter o cualidad de ser recto o justo.

Redención: La liberación por pago de un rescate; comprar (por ejemplo, comprar un esclavo con vistas a su liberación).

Regeneración: Nuevo nacimiento; el comienzo de un nuevo estado de cosas en contraste con el viejo.

Remisión: Una despedida; una liberación; un perdón; el perdón.

Resurrección: Un levantar, una ascensión.

Revelación: Un descubrimiento; quitar un velo de oscuridad; la comunicación del conocimiento de Dios al alma; una expresión de la mente de Dios para instruirnos.

Sabat: Un día para descansar cuando no se hace el trabajo normal, y se le da a Dios el primer lugar.

Salmo: Una canción sagrada cantada con acompañamiento musical.

Salvación: Denota liberación; preservación de un lugar de riesgo o peligro: liberación eterna y espiritual
dada por Dios a los que toman a Jesucristo como su Señor y Salvador.

Salvador: Un liberador; un preservador.

Santidad: Separación hacia Dios; el estado resultante y la conducta conveniente a los que son separados hacia Dios.

Santificación: Estar apartado para Dios; estar separado hacia Dios; es aquella relación con Dios en la que entra el hombre por la fe en Cristo; la separación del creyente de las cosas malas y los caminos incorrectos.

Santuario: Estructuras que son apartadas para Dios y por lo tanto, son santas.

Tentaciones: Pruebas diseñadas para conducir a obrar mal.

Testimonio: Atestiguar.

Transgresión: Literalmente desviarse o ir más allá; propasarse.

Ungir: Literalmente significa aplicar ungüento; espiritualmente es algo que se hace para separar a alguien o algo como santo y sagrado, o es algo que se recibe para capacitar el ministerio para Dios, es decir, el Espíritu Santo.

Vicario: Se puede transferir o imputar; no una posesión individual.

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