¡Lea por favor este mensaje, aquí se le explica como usted puede pasar la eternidad con Dios en el cielo!

EL GOZO DE ENCONTRAR A JESÚS. Por Bill Bright.
Jesús sufrió y murió por usted, después resucitó para su eterno beneficio. Pero no es suficiente que usted sepa y crea estas verdades. Debemos actuar de acuerdo a ellas
Debe tomar una decisión para toda la vida
«Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios».
En el corazón de cada persona, hay un vacío con la forma de Dios, y que únicamente Dios puede llenado por medio de su Hijo, Jesucristo.
¿Le gustaría conocer a Jesucristo personalmente? Usted puede hacerlo. Por increíble que suene, Jesús está tan anhelante de establecer una relación de amor con usted, que ya ha hecho todos los preparativos. La principal barrera que evita que una persona pueda disfrutar de ésta relación, es el desconocimiento de quién es Jesús y qué ha hecho por nosotros.
Oro para que usted pueda descubrir la feliz realidad de cómo conocer a Jesús realmente. Nada es más importante, nada es más glorioso y nada es más real.
Cómo conocer a Dios personalmente
Usted puede aceptar este maravilloso regalo. En Apocalipsis 3:20 Jesús le implora: «Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré ‘con él, y él conmigo».
¿Puede imaginar ese cuadro: Jesús a la puerta de su vida, pidiéndole entrar? Es tan poderoso y tan motivador que el artista Holman Hunt lo pintó en lienzo. La pintura es un apreciado clásico llamado La Luz del Mundo. El rostro de Jesús luce compasivo y anhelante. La puerta está cubierta con hiedra, lo que indica que no ha sido abierta durante algún tiempo. Al mirar más de cerca, notamos que la puerta no tiene aldaba ni manija por la cual alguien pueda entrar desde el exterior.
Nuestro Señor nunca entra por la fuerza en el territorio del corazón humano. En cambio, toca la puerta suavemente. Debemos abrir esa puerta y permitirle entrar. ¿Por qué estamos tan reacios a abrirle la puerta a nuestro amante Señor, el Dios del universo, e invitado a «cenar como amigos»?
Un niño pequeño tuvo la respuesta. Cuando su padre le enseñó la pintura, y le explicó su significado, le preguntó a su padre porqué no había indicio alguno de algún residente que invitara a Jesús a entrar. El padre no pudo responderle. El niño pensó por un momento y luego dijo: «Quizás nunca escucharon que Jesús tocaba a la puerta. Quizás pasaban el tiempo en el sótano».
Aquel niñito tuvo una intuición valiosa. Que tragedia que alguien pueda encerrarse tanto en el sótano de su vida: entre el polvo y los desechos de este mundo, que desaprovecha el amable llamado del Señor, quien anhela conocerlo mejor.
Oro para que usted escuche su voz y sienta el suave ritmo de su mano que da golpecitos en la puerta de su alma. La puerta sólo puede abrirse en un sentido: usted debe ser quien la abra. Deseo ofrecerle cuatro principios que pueden ayudarle a hacerla y a disfrutar del maravilloso compañerismo que Jesús nos ofrece.
Dios nos ama profundamente y hace que lo amemos
La Biblia declara en Juan 3:16: «Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna».
Debido a que Dios nos ama, desea que vivamos nuestras vidas con él, tanto ahora como en la eternidad. Este es su plan. Tal como Jesús lo expresa en Juan 17:3: «Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado».
Usted ha venido a este mundo para amar y servir a su Padre. Jesús vino a este mundo para llevarlo a su morada después de que usted (con el resto de la humanidad), se han descarriado. Cada uno de nosotros somos como el hijo pródigo de Lucas 15:11-32. Vagamos lejos de nuestra verdadera, casa, que es su reino, y malgastamos todo lo que nos ha dado. Al igual que el padre de la historia, Dios espera pacientemente nuestro regreso con amor y compasión en vez de ira, pero hizo algo más que esperar. Envió a su hijo al mundo, tal como lo dice Juan 3:16.
Nuestro Padre no nos dejará rendimos, porque sus planes son más maravillosos. El quiere que vivamos para siempre. Él desea que ahora vivamos más abundantemente. Él ansía que seamos herederos de todo el gozo Y todos los deleites de su reino. ¡Cuánto nos ama el Señor! ¡Qué vida podemos tener cuando lo amamos también!
Pero, existe un problema: un obstáculo terrible que nos separa de nuestro amoroso Padre.
Somos pecadores y estamos separados de Dios
En Romanos 3:23, la Biblia explica: «Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios». Los seres humanos hemos sido creados para tener amistad con Dios. Pero debido a nuestra terca voluntad personal, escogemos ir por nuestro propio camino. Como resultado, el compañerismo con Dios se rompió.
Esta terquedad, caracterizada por una actitud de rebelión o de indiferencia pasiva es evidencia de lo que la Biblia llama pecado. Estamos, además, separados de Dios. Romanos 6:23, declara: «La paga del pecado es muerte». Esta muerte significa más que un corazón que deja de latir o la pérdida de actividad cerebral. La Biblia aquí se refiere a la muerte de una relación: a la separación espiritual de nuestro creador Dios.
2 Tesalonicenses 1:8-9, nos ofrece estas serias palabras: «Para castigar a los que no conocen a Dios ni obedecen el evangelio de nuestro Señor Jesús. Ellos sufrirán el castigo de la destrucción eterna, lejos de la presencia del Señor y de la majestad de su poder». Verá, Dios es un Dios santo, y la gente es pecaminosa, un gran abismo los separa a los dos. En la lucha por vivir una buena vida, al estudiar filosofía o adherirnos a alguna religión, tratamos continuamente de alcanzar a Dios y de establecer una relación personal con él mediante nuestros esfuerzos. Sin embargo, inevitablemente fracasamos.
El abismo es más grande que cualquier puente nuestro, Trate de imaginar un día sin pecado. Si usted tiene un concepto correcto del pecado, sabrá que difícilmente podrá imaginarlo, ni mucho menos vivir de esa manera. La palabra bíblica para pecado, en su connotación original, significa: «pérdida del objetivo», Es más que simplemente quebrantar leyes obvias. Todo lo que hacemos o pensamos que no alcance los estándares perfectos de Dios, es pecado.
Dentro suyo, mi amigo, hay una rebelión activa y una resistencia pasiva. Ambas actitudes controladoras son fruto del pecado. No hay nada que pueda hacer para limpiar la mancha de pecado en su vida. Sería como usar una taza de té para achicar agua de un barco que se hunde. El pecado se da prisa como un mar violento, para agobiar nuestro débil estado moral.
y recuerde, el menor rastro de pecado nos descalifica de entrar ante la presencia del Santo Dios. Nuestro Dios es luz, y en él no hay tinieblas (vea 1 Juan 1:5). Por lo tanto, al final, toda oscuridad es sacada naturalmente por el poder y el resplandor de la luz.
¿Cómo, entonces, podemos contender con el problema de estas tinieblas dentro de nosotros? Viéndolo de otra manera, ¿cómo podremos levantar un puente sobre el abismo que nos separa de nuestro amoroso Padre?
Jesús es el puente de Dios para reunirnos con él
Jesucristo es la única previsión de Dios para el pecado de la gente. Solo por medio suyo podemos conocer a Dios personalmente y experimentar su amor. ¿Por qué? Primero, él murió en su lugar. Romanos 5:8 nos dice: «Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros».
Segundo, se levantó de la muerte. La Biblia explica en 1 Corintios 15:3-6: «Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado, que resucitó tercer día según las Escrituras, que se apareció a Pedro, y luego a los doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez».
Que maravillosa verdad que Jesucristo, por ser Dios, venció a la muerte y (a la separación de Dios), al resucitar. Verdaderamente, él es el único camino a Dios. Jesús declaró lo que está escrito en Juan 14:6: «Yo soy el camino, la verdad la vida. Nadie llega al Padre sino por mí». Dios mismo ha unido el abismo que nos separaba de él al enviar a su hijo, Jesucristo, a morir en la cruz en nuestro lugar, y pagar el castigo de nuestros pecados.
De nuevo, esto es lo que Pablo explica: «El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley. ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo, 1 Corintios 15:56-57.
Jesús sufrió y murió por usted., después resucitó para su eterno beneficio. Pero no es suficiente que usted sepa y crea estas verdades. Debemos actuar de acuerdo a ellas.
Debemos recibir a Cristo como Señor y Salvador individualmente
Juan 1:12 dice: «Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios». Que increíble que (no solamente podemos conocer a Dios personalmente), ¡podemos convertirnos en sus hijos por medio de la fe en Jesucristo!
Verá, esto es por fe, no por nuestro propio esfuerzo en ser buenos. La fe, únicamente, es la llave. Es exclusivamente por medio de la fe que recibimos a Jesús como nuestro Salvador y Señor, y que se nos adopta dentro de la familia de Dios. La Biblia explica en Efesios 2:8-9: «Por que por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es regalo de Dios, no por obras para que nadie se jacte.
Cuando recibimos a Jesús experimentamos el nuevo nacimiento. Jesús declara: «De veras te aseguro que quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios» (Juan 3:3). Gracias a Jesús, podemos ser perdonados, limpiados, y empezamos de nuevo como hijos de Dios, pero debemos recibir a Cristo por nuestra invitación personal. ¿Recuerda la pintura de Cristo a la puerta? Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré. Apocalipsis 3:20.
, Jesús está a la puerta de nuestro intelecto, de nuestras emociones y de nuestra voluntad. El abrir la puerta y recibirlo involucra arrepentimiento, lo que simplemente significa desviar la mirada de nosotros mismos y de nuestro egoísmo, volverse a Dios totalmente, y pedirle a Jesucristo que entre en nuestras vidas, perdone nuestros pecados y haga de nosotros lo que él quiera que seamos.
Solamente estar de acuerdo, intelectualmente, en que Jesucristo es el Hijo de Dios, y que él murió en la cruz por nuestros pecados, no es suficiente: Tampoco es bastante tener una experiencia emocional. Recibimos a Cristo por fe, como un acto de nuestra voluntad.
¿Quién está en el trono?
M e gustaría que visualice un círculo, el cual va a representar su vida. Dentro del círculo, dibuje un trono: un lugar de control. Describiré esa vida como una vida autodirigida, o sea, en la cual uno mismo tiene el control. Cristo está afuera, y todos los intereses personales los dirige el yo, lo cual resulta en disconformidad y frustración.
Ahora dibuje un círculo similar. Este lo describiré como una vida dirigida por Cristo. En esta vida, Cristo está en el trono, y el yo. está rendido a él. Como resultado, los intereses de la persona los dirige a Cristo, lo cual resulta en armonía con el plan de Dios.
Ahora quiero hacerle una pregunta muy importante: ¿Cuál de estos dos círculos representa mejor su vida? ¿Cuál círculo le gustaría que represente su vida? Usted puede, literalmente, entrar en una relación personal con Dios, su Padre celestial al recibir a Cristo ahora mismo, por fe y a través de la oración. ¡Así es de simple! La Biblia lo deja en claro. La oración en sencillamente hablar con Dios, y él conoce su corazón. A él no le interesan tanto las palabras como la actitud de su corazón. Si usted desea sinceramente que Jesús entre en su vida ahora mismo, le invito a que haga la siguiente oración:
Señor Jesús, quiero conocerte personalmente. Gracias por morir en la cruz por mis pecados. Te rindo el trono de mi vida a ti, y te recibo como mi Señor y Salvador. Gracias por perdonar mis pecados y darme vida eterna. Toma el control del trono de mi vida, Hazme el tipo de persona que quieres que sea. Amen.

¿Hizo usted esta oración? Si es así, estoy seguro que lo hizo en serio. De acuerdo con la promesa de Dios en Apocalipsis 3:20 ¿dónde está Cristo en este momento en relación con usted? Jesús dijo que el entraría en su vida y sería su amigo, su Salvador, su Maestro, para que usted pueda conocerlo personalmente. ¿Lo engañaría el Señor?
¿Con qué autoridad cree que Dios ha contestado su oración? Con la fidelidad de Dios mismo y con su Santa Palabra. La Biblia promete vida eterna para todo aquel que le reciba. En 1 Juan 5:11-13 leemos: «y el testimonio es éste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esa vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida. Les escribo estas cosas a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna».
Las Escrituras consignan que Dios nunca le dejará; él declara en Hebreos 13:5: «Nunca te dejaré; jamás te abandonaré».
Si usted hizo aquella oración, y la hizo en serio, agradezca a Dios, en este mismo momento, que Cristo está en su vida. Dele las gracias por que, basado en su promesa, usted tiene vida eterna a partir del momento en que usted lo invita. El no lo defraudará.
Finalmente, debo instarle: No dependa de sus sentimientos. La promesa de la Palabra de Dios, no nuestros sentimientos, es nuestra autoridad. El cristiano vive por la fe en la fidelidad de Dios mismo y su Santa Palabra.
Nada en el mundo entero puede ser más maravilloso que; Cristo quien lo invita a vivir una aventura eterna con el: nada excepto que usted acepte su invitación. Pero hay mas. Cuando llegamos a Jesús, las buenas noticias siguen llegando. Por Bill Bright.

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